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CICLISMO

De Cariñena, al oro de Varese

Bert Grabsch, ganador del Mundial, dijo en meta que la cita le recordó su triunfo de hace un año en la crono de Zaragoza.

Bert Grabsch tiene 33 años, un palmarés anodino en el que el figuran dos campeonatos de Alemania contrarreloj, uno de ellos este año, y una etapa de la Vuelta a España, también contra el crono, que ganó el año pasado entre Cariñena y Zaragoza. El año pasado finalizó cuarto en el mundial de Sttutgart, en su país. Ayer, en Varese, se proclamó campeón del mundo contrarreloj. Ha sido la gran sorpresa de una prueba en la que el gran favorito, Levi Leipheimer, quedó cuarto, mientras el podio lo ocuparon el canadiense Svein Tuft y el americano David Zabriskie.

Grabsch se acordó de Zaragoza cuando tenía el oro mundialista colgado al cuello: "Me gustan este tipo de recorridos, con largas rectas, como la contrarreloj de Zaragoza en la Vuelta el año pasado. Sabía desde hace tiempo que era un buen recorrido para mí. Así como el año pasado no lo era tanto, este sí".

En el podio de una de las grandes citas ciclistas, una de las grandes referencias internacionales del deporte, el campeón se descolgó con una cita impagable hacia Aragón, Cariñena y Zaragoza.

La intervención de Grabsch, inesperada, pone de relieve la repercusión internacional del deporte: el impacto promocional que en medio mundo tiene la organización de una etapa de la Vuelta a España.

Un sufrimiento

La contrarreloj de Zaragoza fue entonces un sufrimiento para los ciclistas. Ganó Bert Grabsch y se puso de líder otro protagonista de la jornada de ayer, el belga Stijn Devolder. Aquel día no pegó viento, pero hizo un calor terrible, que unido a las largas rectas que había entre Cariñena y la capital aragonesa dejó destrozados a muchos ciclistas mentalmente. Para sufrir en el mes de septiembre hay que estar muy preparado, y no sólo físicamente.

Esa fue la preparación a la que quiso someterse el alemán Grabsch. Se centró en el esfuerzo brutal de aquellas rectas de la autovía, asfalto sin fin, que derrota la cabeza, el espíritu, por encima del desgaste físico innato a una gran prueba contrarreloj, de enorme impacto.

Cuando un corredor ve una recta que se pierde en el infinito, en el cielo de Aragón, con un terreno árido a los lados, con golpes de calor que convierten la etapa en un padecimiento sin límites, se viene abajo, se hunde.

Hay que ser muy fuerte, hay que estar jugándose algo importante, la temporada, el contrato, para mover desarrollos que están al alcance de muy poca gente. Al menos para intentarlo.

Doble campeón de Alemania contrarreloj, ha sido la gran sorpresa de una prueba en la que Fabián Cancellara hubiera podido ganar sin estar en forma.

Ha sido una crono extraña que viene a demostrar una cosa: además de ser especialista hay que tener fuerza, llegar entero al mes de octubre y eso es imposible para un buen número de profesionales que están saturados de carreras, de días de competición.

El gran derrotado fue Levi Leipheimer, que se quedó sin medalla. Iván Gutiérrez y Rubén Plaza tuvieron uno de esos días que es mejor olvidar. El corredor cántabro del Caisse d'Epargne finalizó decimosexto, a 1:54, del ganador; y Rubén Plaza fue trigésimo segundo, a 3:29. Grabsch aventajó en 42 segundos al canadiense Svein Tuft y en 52 al norteamericano David Zabriskie.

Su compatriota Levi Leipheimer perdió 1:05. El subcampeón olímpico, Gustav Larsson, quedó detrás de él por cuatro décimas. El australiano Michael Rogers, triple campeón del mundo, terminó perdido, a 1:33.

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