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Deportes

JORNADA INAUGURAL

Comienza la fiesta

Hoy arranca en Johannesburgo el primer Mundial que se celebra en tierras africanas. Múltiples candidatos aspiran al título, con España y Brasil como principales referentes.

El presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, y el presidente de la FIFA, Josep Blatter, inauguran el concierto de apertura del Mundial.
Comienza la fiesta
EFE

Cierre los ojos: Leo Messi, tras una endiablada carrera a la velocidad de la luz, está por convertir uno de los grandes goles de la historia.

No los abra. Todo un estadio contiene la respiración antes de fundirse en un estallido de admiración: Xavi acaba de anotar, casi de espaldas y con un toque por encima de la cabeza del portero, uno de los tantos más asombrosos que se hayan visto.

¡Siga con los ojos cerrados! El brasileño Kaká controla en medio de la cancha, pero inexplicablemente pierde la pelota, que termina en los pies de Cristiano Ronaldo. Como una locomotora, el portugués avanza hasta su destino evidente: romper redes.

Abra los ojos. No es un sueño, todo es perfectamente posible a partir de hoy, cuando Sudáfrica 2010 se ponga en marcha y el Mundial más contradictorio y ariesgado de la historia sea un hecho.

"El primer Mundial en el continente acercará África a todo el mundo. Es otro ritmo, otro sonido, otro punto de vista", dijo ayer Joseph Blatter, presidente de la FIFA y obsesionado desde siempre con llevar el torneo al continente más pobre del planeta.

Es otra dimensión la que se abre llevando el Mundial a un país que hace sólo 16 años recuperó la democracia. Lo hizo tras sacudirse con asombroso autocontrol las cadenas del apartheid, un sistema de segregación racial por el que entre 1948 y 1994 la minoría blanca, un diez por ciento, sojuzgó a la mayoría negra, un 90 por ciento. Esa mayoría era considerada extranjera en su propia tierra y gozaba de casi nulos derechos.

El apartheid es, oficialmente, pasado, aunque sus consecuencias se sigan viendo en los 'townships' (guetos) y en las tremendas diferencias sociales que siguen existiendo entre negros y blancos.

"Los más pobres entre los pobres están realmente sufriendo. Piense que el 48 por ciento de la población gana menos de 800 rands (unos 115 dólares) al mes, tenga en cuenta que en algunas zonas del país el desempleo es del 70 u 80 por ciento", describió el obispo metodista Paul Verryn, al que algunos ven como el nuevo Desmond Tutu.

Pese a ello, es cierto que Sudáfrica progresó, y mucho. De lo contrario no podría ser sede del Mundial que en buena medida conquistó gracias al carisma del histórico Nelson Mandela.

Dos décadas atrás una de las vías que el mundo encontró para repudiar el régimen del apartheid fue la de marginar a sus ciudadanos de cualquier competencia deportiva. Contraste total, porque si hoy Sudáfrica centra la atención mundial es por una buena razón: durante un mes le ofrecerá al mundo lo mejor del deporte más popular del planeta, siete campeones mundiales en acción y otras 25 selecciones.

Nueve ciudades, desde la atlántica Ciudad del Cabo hasta la selvática Nelspruit, pasando por la frenética Johannesburgo o la cálida Durban, se repartirán en diez estadios los 64 partidos del primer Mundial invernal en 32 años. Hay que remontarse a Argentina 78 para encontrar otras noches de fútbol mundialistas con cero grados en las tribunas. Se trata del Mundial más arriesgado de la historia reciente, pero también de uno que puede ser un hito en la historia del fútbol.

Múltiples candidatos

¿Llegará el hexacampeonato de Brasil? ¿La consagración de la turbulenta Argentina de Maradona gracias a Messi? ¿Una España por fin puntual en su cita con la historia? ¿Inglaterra justificando con su segundo título aquello de que allí se inventó el fútbol?

Todo puede pasar desde hoy y hasta el 11 de julio, aunque dos cosas son seguras: Sudáfrica 2010 estará lejos de la perfección de Alemania 2006, pero desbordará pasión. Será una fiesta. Y eso pese a que el país sigue teniendo dos almas. ¿Hay pasión por el fútbol en Sudáfrica? Sí, muchísima. Y también muy poca, casi inexistente.

El fútbol fue históricamente para los negros, que lo juegan con pasión y lo utilizaron también como arma política para enfrentar a la población blanca obsesionada con el rugby y el cricket. Pero el Mundial está comenzando a cambiar esa historia, y cada vez más blancos juegan al fútbol.

¿Será por fin protagonista un equipo africano? Todo indica que difícilmente juegue ese papel Sudáfrica, que podría convertirse en el primer equipo anfitrión en no superar la fase inicial del torneo. Las apuestas africanas van más por el lado de Ghana, Costa de Marfil, Nigeria o Camerún, aunque esos equipos también se vean afectados por la racha de lesiones que dejó fuera a estrellas como David Beckham, Michael Ballack, Michael Essien, Rio Ferdinand o Nani, mientras otros como Arjen Robben o Didier Drogba llegan entre algodones.

Así es el fútbol, siempre sorprende con lo inesperado. Todos los focos apuntan al duelo paralelo entre Messi y Cristiano Ronaldo, pero los Mundiales suelen alumbrar estrellas nuevas o rescatar alguna apagada. Durante un mes, el Mundial permite soñar. Pero con los ojos bien abiertos. Comienza la acción y el planeta contiene la respiración y posa los ojos en Sudáfrica.

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