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Deportes

REAL ZARAGOZA

Cambio de atmósfera

La llegada de Javier Irureta ha levantado el ánimo de los jugadores del Real Zaragoza, locuaces y bromistas como nunca este año.

Más allá de en métodos, pizarras o ensayos, la mano de Javier Irureta va reconociéndose en el ánimo del Real Zaragoza. Los primeros efectos del nuevo entrenador comienzan a apreciarse en la distensión del ambiente, en un incesante diálogo y en el trato caluroso hacia el jugador. Los entrenamientos de la Ciudad Deportiva han dejado de cortarse con un cuchillo y las bromas van goteando después de media temporada encerradas en un baúl de nervios.

En este sentido, los futbolistas parecen haber tendido la mano a Irureta. Revelaba Ayala el miércoles la piña fabricada por los jugadores para "meter gente en el barco". Una conversación de reclutamiento y unión que parece haber reactivado el espíritu del grupo. Ya en el primer entrenamiento del técnico irundarra, la plantilla vació un elevado compromiso, mostrándose los futbolistas intensos y locuaces como pocas veces durante el curso.

Ayer, en la sesión matinal, llegó el turno de una camaradería invisible aún este año. Las caras estiradas, las palabras congeladas y las miradas nerviosas han sido la abrasadora secuela de unos resultados tediosos. La temporada podría dibujarse uniendo algunos de los deslices vividos sobre el césped de la Ciudad Deportiva, más territorio comanche que fraternal reunión de amigos. Por ejemplo, la línea arrancaría en la bronca de Aimar con D'Alessandro y circularía hacia el careo entre Víctor Fernández y el Cabezón.

Pero la atmósfera ha perdido acero con la llegada de Jabo Irureta, que en sus primeras horas ha estimulado y despresurizado a los futbolistas. Precisamente, Andrés D'Alessandro, con la implicación renovada, protagonizó varios de los pasajes simpáticos de la mañana mientras lanzaba centros con la zurda. También volvieron las bromas de la pareja Sergio Fernández-Juanfran, los Tip y Coll del Real Zaragoza durante la temporada pasada, el Jabalí Paredes arrancó un kilo de sonrisas y Matuzalem, con la rodilla resucitada y camino de reaparecer en Santander, regaló felicidad...

La guasa de la mañana la firmó Eduardo Basigalup, el entrenador de porteros, cuando David Generelo golpeó tan torcido un balón que hizo un ocho. "¡Cómo no te vas a romper los dedos!", le voceó a Generelo, recién recuperado de su segunda fractura en un metatarsiano del pie.

El Real Zaragoza va recuperando la sonrisa. El primer paso para recuperar un rumbo victorioso está dado.

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