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LA CRÓNICA

Buen punto, mal árbitro

Marcaron un gran Bertolo y Adrián Colunga, de penalti

El colegiado Teixeira Vitienes muestra la tarjeta roja al zaragocista Ponzio.
Buen punto, mal árbitro
E. CIDONCHA

 Respiren, la cosa pudo ser peor. Quizá también mejor, si la conjunción de adversidades, y no hay adversidad más indestructible que un árbitro con un silbato atómico, no emborronan el primer partido del nuevo Real Zaragoza, el Zaragoza del debutante Aguirre, que arrancó un punto que sabe a miel y que defendió hasta la extenuación tras un partido en el que el equipo aragonés tuvo poco fútbol, escaso e interrumpido, pero mucha bravura. Le sacó un punto al Getafe con un hombre menos tras una expulsión de Ponzio fabricada por Teixeira Vitienes, unos apellidos que causan escalofríos en Zaragoza, con la temprana lesión de Obradovic, un penalti sustraído a Lafita y más de media hora sobreviviendo con un hombre menos al interminable bombardeo del Getafe, que al final atacó con todo y con todos: Colunga tuvo un par, Gavilán otra, Miku también amenazó?El alivio del punto es, por lo tanto, evidente. No aclara la situación en la tabla, pero suma fuera de casa, edulcora algo el debut de Aguirre, impide una derrota en pleno renacimiento del equipo y abre ciertas expectativas futuras, un futuro al que Aguirre deberá darle trabajo. En ese océano de obstáculos, el Real Zaragoza fue inferior al Getafe en el fútbol. Los de Aguirre sufrieron sin la pelota pero también con ella. En un partido en el que cada mitad se jugó a diferente velocidad, la primera al paso y la segunda al galope, el Zaragoza casi nunca transmitió una amenaza real, pese a que al final del encuentro, con el Getafe sitiando a Leo Franco, tuvo dos contras con pinta de gol si los pulmones, las piernas y el cerebro hubiesen tenido oxígeno a esa hora.

Pero hasta ese punto pasaron muchas cosas. El primer Zaragoza de Aguirre salió nervioso, obtuso de ideas, con ese sistema 4-1-4-1 anunciado como flexible pero que hasta el gol fue rígido como una estaca. Todo lo contrario que el Getafe, con idéntico esquema, pero diferente funcionamiento. Es un equipo dinámico, osado, una proclamación de aire joven y descaro que recuerda a una manifestación de los 60 en el centro de París. Pero se le resiste la concreción. Le ganaron el terreno al Zaragoza porque los de Aguirre estaban helados, demasiado tensos y metidos atrás. Les escocía la pelota. Avisaron Parejo y Manu del Moral con una media volea, y Colunga atacaba el flanco débil: su velocidad de peso mosca contra el traqueteo de Jarosik, que sufrió dos despejes fallidos que pudieron ser fatales. En esos dos momentos, parecía que jugaba con zuecos de madera.

El Getafe se había inflamado durante la primera hora, dejando al Zaragoza seco de balón y a un centenar de kilómetros de la portería de Codina. Y en esas apareció el guardameta. El Getafe sacó un córner y el despeje cogió altura y velocidad hacia donde corría Gabi. Entre tanto, Codina tuvo la impensada reacción de salir a campo abierto, olvidando la responsabilidad que dejaba a su espalda y descuidando la tropa que venía por delante. Llegó al balón Codina, sí, se lo quitó a Gabi, sí, pero Bertolo, que corría de escudero, siguiendo la estela del capitán, escobó el rechace. Bertolo es un hombre de cabeza bajada y con poca pausa, por eso surgió el interrogante de si había hecho consciencia de la situación. Afortunadamente así fue. Apresada la pelota, corriendo despacio los segundos, miró al frente y vio a Codina volver alocado, sin armas ni guarnición y con el manual del portero suicida cogido en la mano. Y desde unos 35 metros, Bertolo embocó la portería como si fuera un 'green', con suavidad, con altura, con precisión. Hasta que la pelota tocó la red y a Aguirre se la cayó la botella de agua que con tanto ahínco estrujó durante todo el partido en el banquillo. Infelizmente para el Getafe, el Zaragoza le había fabricado un gol de lo más indecoroso, cogiendo a medio equipo desnudo, tras pegarse media hora sin más alarma que un tirito escuálido de Bertolo que se fue alto y una incursión de Lafita que pareció un penalti de los buenos. De todas sancionable. Para entonces, el Zaragoza ya había perdido a Obradovic por lesión. Le sustituyó Paredes, que debutó en la temporada.

El fútbol no sabe de méritos y le concedió un préstamo al Zaragoza, que tenía la novela en el punto caliente: un equipo en acoplamiento en ventaja. Aguirre le había puesto coloretes a su enfermo y la ley de lo conveniente indicaba que, ante todo, había que resistir con el 1-0 en torno al cuarto de hora. Se esperaba oleada ya solo con la entrada de Gavilán en el descanso y la oleada llegó. En dos minutos, el Getafe sopló como una tempestad. Acorraló al Zaragoza, lo atornilló a su portería, estrelló una pelota en el larguero y, en medio del abordaje, tras el rechace de un saque de esquina, Sinama-Pongolle hizo de delantero en el área indebida y le estampó una patada de cinturón negro a Gavilán. El francés cayó en la trampa del atacante que no sabe medir en su área. No era su hábitat y dejó a Colunga la oportunidad de fusilar de penalti a Leo Franco. Colunga es un incordio hasta en los penaltis, y el asturiano, junto a Parejo y Boateng el mejor de los suyos, no falló.

La cosa se había nivelado de nuevo en dos minutos. El Zaragoza reaccionó y dejó en ese rato posterior lo mejor de la noche, desperdiciando Lafita una clara ocasión. Vio la portería tan grande que se la tiró a Codina. Y en ese momento Teixeira Vitienes, que ya había olvidado un penalti a Lafita, se desordenó con la anatomía de Ponzio y debió de ver brazo donde parece que hubo hombro. Le sacó la segunda amarilla (la primera se la había mostrado en las protestas del penalti de Sinama) y golpeó al Zaragoza cuando amagaba con crecer.

Ponzio se marchó hundido de indignación y Míchel aprovechó para meter dinamita. Gabi se puso de lateral y Aguirre metió a Pinter para cerrar filas y ganar altura ante la guerra de balones voladores que se venía. El Getafe comenzó a atacar y lo vio tan claro, tan claro, que el reloj comenzó a correr. El Zaragoza negó todo, empujando con coraje y orden. Ese fue su mayor mérito, enseñar carácter y espíritu de superación. Aún percutió con Bertolo, el mejor ayer del Zaragoza, profundo y habilidoso, pero se trataba de protegerse, de ganarse ese punto. Lo consiguió con sudor. Aguirre ya tiene un punto y un plan. Ahora, le falta la mano de obra.

 

Ficha técnica:

1.- Getafe: Codina; Miguel Torres, Rafa, Marcano, Mané; Boateng, Casquero (Gavilán, min. 45); Pedro Ríos (Miku, min. 71), Parejo, Manu del Moral (Arizmendi, min. 80); Colunga.

1.- Zaragoza: Leo Franco; Ponzio, Jarosik, Contini, Obradovic (Paredes, min. 22); Edmilson, Gabi; Jorge López (Braulio, min. 56), Lafita, Bertolo; Sinama Pongolle (Pinter, min. 70).

Goles: 0-1, min. 32: Bertolo. 1-1: m.49: Colunga, de penalti.

Árbitro: Teixeira Vitienes (Comité Cántabro). Mostró cartulina amarilla a Sinama Pongolle (min. 46) y Edmilson (min. 66) por parte visitante y a Miguel Torres (min. 64), Rafa (min. 90) y Marcano (min. 91) por parte local. Expulsó a Ponzio, del Zaragoza, por doble amonestación (min. 46 y 66).

Incidencias: Partido correspondiente a la décimo segunda jornada del campeonato nacional de Liga disputado en el Coliseum Alfonso Pérez ante cerca de 8.000 espectadores.

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