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MUNDIAL DE BALONMANO

Bronce puro

España vence en la final de consolación a Suecia en su guarida de Malmoe. Sterbik sostuvo las ilusiones de La Roja.

Los jugadores españoles danzan en el suelo de un mudo Malmoe Arena.
Bronce puro
PONTUS LUNDAHL/EFE

España se colgó ayer la medalla de bronce en el Mundial de Suecia. Bronce puro. Bronce con mucha más riqueza que la convencional aleación de cobre y estaño. Bronce de orfebrería. Nada de bisutería. Nada de abalorios baratos, que esta medalla reúne muchísimo mérito: se la arrancamos de la pechera a los suecos en sus mismos morros (grande, Viran), en su misma casa, en una brava pelea rodeados por 14.000 vikingos en el Malmoe Arena. Un podio para una nueva vida, después de dos años de decepciones. Un bronce insospechado hace sólo dos semanas, cuando comenzaba el Mundial con las expectativas por los suelos, como resultado de la sexta plaza en el Europeo anterior y, sobre todo, del esperpéntico 13 en el Mundial de 2009. Magnífico preámbulo para el Mundial 2013 a jugar en España.

Resistir para vencer. Defender con todo, no entregarse nunca. Frases cacareadas, gastadas, reiteradas hasta la saciedad, que Valero Rivera ha rescatado del baúl de su supuesta soberbia hasta hacerlas verbo común de una selección que por fin habla un idioma común. Y articulando un idioma común, resulta más sencillo alcanzar un objetivo común. Valero ha conseguido por fin subir a un podio con la La Roja, completando su extraordinario currículo. Además, lo ha hecho con humildad, bebiendo del credo que Talant Djushebáev nos enseñó y nos enseña en Ciudad Real: defensa con avanzado, dinamismo, velocidad. Valero rectificó en el partido ante Alemania y apostó por este nuevo ideario. La base de la selección, sobre todo la defensiva, la constituyen jugadores del Ciudad Real (Sterbik, Aguinagalde, Viran, Parrondo...), y como el Ciudad Real defendió. Rectificó y acertó. Y ganamos todos. También él, que nos ha desvelado su nuevo talente. De lo otro, de sus conocimientos, jamás dudamos. Por cierto, habría que ver de nuevo el vídeo contra Dinamarca. España y Valero merecieron disputar la final.

Toda la argumentación anterior probablemente se desvanecería si el portal español no lo cuidara un terrícola llamado Arpad Sterbik. Seguro de vida. Seguro de éxito. Tanto para el Ciudad Real como para España. Así, en un careo repleto de pérdidas, imprecisiones, contraataques de pena, balones ardientes que nadie agarraba, Sterbik siempre mantuvo a España en el marcador. El portero del Barça, el sueco Sjostrand, también le arruinó la velada a los extremos españoles. Parada tras parada, error de lanzamiento tras error de lanzamiento, antes del descanso ninguno consiguió una brecha superior a los dos goles. Suecia encontró en la presión ambiental, en el deseo que llegaba de la grada, el oxígeno para alcanzar el final con opciones (21-21, a seis minutos del cierre). Pero España es mucha España. Puede, incluso, ganarle a Suecia en su guarida después de estar cinco minutos sin anotar. Y eso tiene mucho mérito. Como la medalla ayer extraída del corazon de Escandinavia. Bronce puro. Metal precioso en el deporte.

Ficha técnica

23 Suecia Sjostrand (p); Ekberg (1, p), Carlen (4), Doder (2), Larholm (5), Kallman (6), Arrheinius (-) -siete inicial-, Andersson (ps), Gustafsson (-), Jakobsson (1), Jernemyr (-), Lennartsson (-), Karlsson (1), Larsson (-), Petersen (-) y Ekdahl du Rietz (3).

24 España Arpad Sterbik (p); Jorge Maqueda (1), Iker Romero (3, 1p), Joan Cañellas (2), Julen Aguinagalde (4), Raúl Entrreríos (2), Albert Rocas (-) -siete inicial-, Joseja Hombrados (ps), Juanín García (1p), Chema Rodríguez (-), Alberto Entrerríos (3), Viran Morros (-), Eduardo Gurbindo (4), Cristian Ugalde (1), Rubén Garabaya (-) y Roberto García Parrondo (2).

Parciales cada cinco minutos: 1-2, 3-4, 4-4, 6-5, 8-8, 11-11 (descanso), 14-12, 16-16, 17-19, 20-21, 21-22 y 23-24.

Árbitros: Krstic y Ljubic (Eslovenia). Excluyeron por dos minutos a Karlsson, Kallman, Carlen, Jakobsson y Jernemyr por Suecia, y a Aguinagalde (2), Ugalde y Cañellas por España.

Incidencias: final de consolación del Campeonato del Mundo. Se jugó en el Malmoe Arena. 13.563 espectadores.

 

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