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El Casademont Zaragoza pierde ante el Andorra y se jugará la permanencia en la última jornada (80-83)

El equipo aragonés cae en un choque intenso, de máxima igualdad, que necesitó de dos prórrogas para resolverse, y luchará por la salvación el próximo sábado en Murcia. 

Casademont Zaragoza-Morabanc Andorra
Casademont Zaragoza-Morabanc Andorra
Guillermo Mestre

Intento fallido. El Casademont claudicó este martes al Andorra, penúltimo clasificado (80-83), y queda ahora en una situación desesperada, prácticamente definitiva: se jugará la permanencia el próximo sábado, en la pista del UCAM Murcia, en la última jornada de la competición regular. Pese a contar con el respaldo de sus seguidores, el cuadro aragonés no pudo imponerse a un rival directo en un partido áspero, tenso, trabado, emocionante, de una igualdad máxima, que necesitó de dos prórrogas para resolverse y que se decidió, además, con un suspense de película.

Y eso que el Casademont arrolló en el inicio. Impuso un ritmo trepidante, sin apenas tregua, que desarboló por completo a su adversario. A los 90 segundos, el cuadro aragonés ya había edificado una renta de siete puntos (7-0), con las acciones de Mekowulu y Radoncic y un lejano triple de Ferrari. Sin embargo, el Andorra reaccionó con prontitud, impulsado por el carácter de Oriol Paulí, y volteó el marcador justo en el ecuador del primer acto (9-10), tras un 0-6 de parcial. Ferrari, desde el triple; Yusta, desde la línea de personal; y Hlinason y Radoncic, bajo los aros, además de un defensa sólida y tenaz, de permanentes ayudas, modificaron el escenario al cierre del primer cuarto, devolviendo la ventaja a los zaragozanos (18-12).

Por el entonces, el Casademont emitía señales muy positivas por juego, orden, disciplina y actitud. Y amplió la distancia hasta los 10 tantos (23-13), con un triple de Adam Waczynski y un contundente mate de Tryggvi Hlinason. El Andorra, muy vulnerable, evidenciaba importantes lagunas en su juego interior. Los visitantes, además, también se manejaban con muchas dificultades en cada uno de sus ataques, lo que había reducido drásticamente su anotación. Superado el cuarto de hora, los de Óscar Quintana sólo habían facturado 17 puntos (26-17); una circunstancia que solventó momentáneamente Morgan, con dos triples consecutivos y una canasta en la pintura sin apenas oposición. Con esas tres acciones, los andorranos alimentaron su autoestima y volvieron a creer.

Sin embargo, el Casademont se mantuvo firme, sin descomponerse. Y gobernaba el duelo en el intermedio (36-28), sostenido en el último tramo por los buenos minutos de Radoncic y Hlinason en el juego interior, y por el sobresaliente despliegue de Santi Yusta en los dos lados de la pista. Al descanso, el equipo aragonés había acumulado méritos para disponer de una renta mucho mayor.

El Andorra fue mejor en los primeros compases de la reanudación. A ello contribuyó el Casademont Zaragoza, víctima por entonces de un juego lento, plano y previsible que facilitó las tareas defensivas de su rival. Transcurridos tres minutos del cuarto, toda la productividad ofensiva de los locales atendía a un punto de Dino Radoncic desde la línea de personal. Los visitantes, de esta forma, se situaron a sólo tres tantos (37-34) con una facilidad imprevista, lo que conllevó el tiempo muerto de Dragan Sakota.

El conjunto local, desnortado, vivió momentos especialmente comprometidos, pero supo sobreponerse con sacrificio, carácter, orgullo y pundonor (50-42). Ahora fue Quintana quien detuvo el encuentro, tras haber contribuido al desplome de su equipo con unos cambios de difícil justificación. Pese a todo, el Andorra recuperó el pulso con un 2+1 de Morgan y un certero triple de Jelinek, y recortó distancias a la media hora de partido (50-48).

En el tramo definitivo, cuando las reputaciones se apuntalan, cuando las manos tiemblan, cuando los aros se encogen, el Andorra supo manejarse con mayor templanza, soltura, acierto y determinación. Hannah, con dos jugadas individuales, y Morgan, con un triple, situaron a los visitantes con 5 puntos de ventaja (58-63), a tres minutos y medio para la conclusión. Llegaron entonces los nervios, la anarquía, las precipitaciones, el desconcierto… Con la supervivencia en juego, con el Casademont asomado al abismo, aparecieron Yusta y Kilpatrick para volver a creer (62-64). Quedaban 90 segundos para el final. Yusta igualó la contienda, con dos ataques por jugar, y después erraron Hannah y Kilpatric. El partido se encaminó a la prórroga (64-64). 

Y ahí, en el tiempo extra, el Andorra fue más incisivo, con Miller-McIntyre ocupando el centro de la escena. Por momentos, el conjunto de Óscar Quintana se sintió ganador; pero Yusta, de nuevo, volvió salir al rescate para empatar el encuentro prácticamente sobre la bocina (75-75).   

A partir de ahí, el Casademont se precipitó en sus acciones, al margen de fallar canastas fáciles bajo el aro y de continuar exhibiendo un desatino inusual en los tiros libres -finalizó el duelo con 17 aciertos de 30, lo que se traduce en un 56% de efectividad-. Un factor que resultó determinante en el desenlace. Con este resultado, el equipo aragonés se encamina irremediablemente a la Liga LEB Oro. Para evitarlo, hace falta un milagro.  

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