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contracrónica

Casademont Zaragoza: 32 razones para perder

Una entrada al partido en la que encajó 32 puntos desnudó al Casademont en su visita a Obradoiro.

Sipahi, a punto de recibir un tapón
Sipahi, a punto de recibir un tapón
ACB Photo/A. Baúlde

El Casademont es un equipo descosido y despersonalizado por tantas razones de naturaleza individual o colectiva que podrían enumerarse una detrás de otra hasta alcanzar, cuanto menos, la misma cifra con la que Obradoiro le dio la entrada al partido: 32 puntos, 32 heridas, 32 lamentos.

No responde el equipo zaragozano, un conjunto, ahora mismo, sin norte, sin recursos, sin temperamento. Su derrota en Santiago hunde sus raíces en un comienzo de partido triste y horrible en el que se encajaron 32 puntos, ni más ni menos (32-19).

Un ejercicio de irresponsabilidad defensiva que condicionó todos los pasos posteriores de Casademont, llenando de piedras un remolque que llegó a vaciar en el segundo cuarto con una remontada que le puso en una increíble ventaja. Una reacción que no tuvo continuidad porque en ningún momento en la escuadra de Ponsarnau se detectó capacidad de ganar el partido. Ni cuando jugó mal, ni cuando jugó algo mejor. Si el Casademont aspiró en algún momento a la victoria fue, en gran medida, porque su rival no presentó un juego mucho mejor construido.

Pero ese Obradoiro menor, en crisis, aun con todo, le sacudió 32 manotazos nada más pisar la pista. Un dato para la reflexión.

Ese primer cuarto, esos 32 latigazos, son la luz de alarma de un equipo desorientado. Una síntesis de sus problemas: debilidad mental, desorganización ofensiva, inconsistencia competitiva, desórdenes individuales traducidos en pérdidas y malas decisiones… Un caos de baloncesto, representado en la pista, como nadie, con turca exactitud, por Kenan Sipahi. Un base que ni dirige ni encesta. Un jugador que se pone por encima de la jugada. Un sospechoso habitual que, en Santiago, volvió a estar en los momentos calientes del partido para que el Casademont los perdiera.

Chema R. Bravo

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