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De Alfonso Martínez a Carlos Alocén: el linaje olímpico del baloncesto aragonés

Carlos Alocén, preseleccionado con España, aspira a unirse en Tokio 2020 a leyendas como Epi o los hermanos Arcega en el árbol de oro del baloncesto aragonés en los Juegos Olímpicos.

Carlos Alocén, base de la selección española sub-20, anota dos puntos en la final de ayer frente al combinado de Israel.
Carlos Alocén, base de la selección española sub-20, anota dos puntos en la final de ayer frente al combinado de Israel.
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El sueño olímpico alumbra a Carlos Alocén, incluido en la preselección española que esta semana inicia las tareas preparatorias para Tokio 2020. Un mes de puesta a punto durante el que el base zaragozano del Real Madrid peleará un boleto en la convocatoria definitiva de Sergio Scariolo. No lo tiene sencillo. Tótems como Ricky Rubio, Sergio Rodríguez o Sergi Llull presenta una amurallada competencia. Pero Alocén tiene preparara su candidatura.

Pocos deportes presentan una hoja de servicios aragonesa tan generosa en la historia de los Juegos Olímpicos como el baloncesto. Un linaje al que aspira a sumarse Carlos Alocén en la cita de despedida del hombre que ha guiado la mejor generación española de siempre: Pau Gasol. Tokio será el broche a un grupo de baloncestistas único, con tres medallas olímpicas en la vitrina: las platas de Pekín 2008 y Londres 2012 y el bronce de Río 2016. Antes de ellos, España se había colgado la mítica plata de Los Ángeles 1984, con un plantel en el que Fernando Arcega y Juan Antonio San Epifanio iniciaron sus respectivos caminos de leyenda. Son los dos únicos medallistas aragoneses del baloncesto aragonés.

Las raíces de este árbol genealógico se hunden en Roma, en 1960, cita a la que España llevó el básket por primera vez a unos Juegos. En esa selección, había dos de los pioneros aragoneses:los pívots Antonio Martínez y Jorge Guillén. Nacido en Zaragoza, Martínez es uno de los grandes nombres del baloncesto nacional. Es el único campeón de liga con tres clubes distintos, los tres históricos: Barcelona, Real Madrid y Juventut. Durante casi 20 temporadas, su corpachón de 1’94 metros -era un portentoso y tenaz reboteador- se impuso en las pinturas y su presencia se hizo constante con la selección durante 146 partidos. Fue olímpico en Roma 1960 y en México 1968. Junto a Emiliano Rodríguez y Nino Buscató, configuró una de las primeras épocas doradas del baloncesto español. En Roma, le acompañaba Jorge Guillén.

 Había nacido en Jeréz de la Frontera, pero su familia se estableció cuando tenía cuatro años en Zaragoza. Jugó en entre 1958 y 1960 en el Iberia de la capital aragonesa, antes de seguir su carrera en el Aismalíbar Montcada y el Águila Bilbao. Luego, se doctoró en medicina en Barcelona y se convirtió en prestigioso traumatólogo del deporte español. La selección española concluyó 14ª en Roma, sin poder superar la primera ronda. Ganó a Japón, pero perdió con México y Francia, partido, este último, en el que Alfonso Martínez fue el máximo anotador con 24 puntos. Pudo haber un tercer aragonés en ese equipo, Lorenzo Alocén, sin parentesco con Carlos, pero una lesión -un pisotón en un tobillo precisamente de Martínez- cuando estaba preseleccionado le impidió acudir a los Juegos

Alocén sí iría ocho años después a los Juegos de México 1968. Le acompañó Martínez. España se había quedado fuera de Tokio 1964 en el preolímpico de Ginebra. Fue el justo reconocimiento para Alocén, quien ya llevaba unos meses retirado del baloncesto. Lorenzo Alocén también era pívot. Había empezado a jugar en el Helios. También, en el Real Zaragoza. De allí, se fue al Real Madrid, donde firmó una de las anécdotas más memorables y revolucionarias de la historia del baloncesto. En 1962, por voluntad de su entrenador Pedro Ferrándiz, se metió una autocanasta contra el Varese, una canasta que rompía la igualdad a 80 y evitaba una prórroga a la que el Madrid llegaba muy desgastado y cargado de faltas personales. La estrategia le salió bien a Ferrándiz y remontó en el partido de vuelta, pero la FIBA prohibió ese tipo de canastas en su reglamento.En los Juegos de México, Martínez y Alocén se clasificaron séptimos con la selección española tras caer en una fase de grupos con Estados Unidos y Yugoslavia.

En Moscú 1980, España rozaría el metal tras caer con la Unión Soviética en el partido por el bronce. La Italia de Meneghin había cerrado las puertas a un equipo en el que iniciaba su leyenda olímpica Juan Antonio San Epifanio ‘Epi’. El alero zaragozano, emblema del FC Barcelona, enlazó cuatro Juegos: Moscú 1980, Los Ángeles 1984, Seúl 1988 y Barcelona 1992, en casa, donde fue el último relevista de la antorcha camino del pebetero de Montjuic. Epi, crecido en una familia de baloncestistas, comenzó a jugar en el colegio Santo Tomás de Zaragoza. El Helios lo rechazó y el fichaje de su hermano Herminio por el Barcelona en 1974, cuando tenía 15 años, definiría su vida. Formó parte de la selección española absoluta en 239 ocasiones, siendo el segundo jugador que más veces ha vestido la camiseta de la selección, por detrás de las 253 de Juan Carlos Navarro. Es también el segundo máximo anotador de la historia de la selección con 3.330 puntos, solo superados por los 3.599 de Pau Gasol.

Epi repetiría en Los Ángeles en lo que durante muchos años fue una de las grandes gestas del deporte español: la medalla plata del baloncesto contra la selección estadounidense en la que despuntaban Michael Jordan y Patrick Ewing. A Epi le escoltó otra leyenda aragonesa, el pívot Fernando Arcega, que repetiría también en Seúl 1988, octava clasificada en esa edición. Otro zaragozano, Paco Zapata, estuvo a punto de acudir también a esos Juegos.

A Epi le acompañaría en Barcelona 92 dos productos genuinos de la cantera aragonesa: José Ángel Arcega y Santi Aldama. Eran los años más florecientes del CAI Zaragoza, y el pequeño de los Arcega representaría al equipo en unos Juegos en los que España defraudó, encallada en la primera ronda, donde se midió al Dream Team original, al mejor equipo de baloncesto de la historia: Michael Jordan, Magic Johnson, Larry Bird… Aldama nació en Quel, en La Rioja, pero creció y se formó en Zaragoza, donde llegó siendo un adolescente. Otro jugador del CAI, el valenciano Quique Andreu, también estuvo en la cita barcelonesa.

El último aragonés en jugar unos Juegos Olímpicos con la selección española de baloncesto fue Alberto Angulo, en Sidney 2000. El escolta zaragozano, un referente de su generación, fue internacional en 98 ocasiones e hizo carrera en el Real Madrid. En Australia, España volvería a atragantarse en la primera ronda, acabando novena en la tabla clasificatoria final. A Angulo, le puede suceder, 21 años más tarde, otra piedra preciosa de la cantera aragonesa como él: Carlos Alocén.

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