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Los jugadores del Casademont tienen la palabra...

Tras el cese y Ocampo y la llegada de Hernández, la plantilla se expresará hoy ante el Baxi Manresa.

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Sergio Hernández, en su nuevo puesto de trabajo.
Javier Cebollada/Efe

Después de cesar Diego Ocampo como entrenador del Casademont Zaragoza y la llegada de Sergio Hernández al banquillo del conjunto aragonés, pocas medidas le restan por tomar al consejo de administración del Basket Zaragoza 2002. Primero fichó a un base para sentar bases, Después, hace apenas unas horas, ha cambiado al inquilino del banquillo. Pocas medidas, al menos inmediatas, reitero, puede adoptar el órgano rector del club. Quizá, viendo el encuentro ante el Unicaja de Málaga, daban ganas de limpiar a media plantilla; pero siempre resulta más sencillo y económico prescindir de uno que de media docena. Mucho más, cuando la media docena o la docena entera vienen de completar el mejor ejercicio liguero en la historia del club: terceros en la liga regular antes del parón. El bolsillo y la memoria inmediata señalaban a Ocampo, además de su manifiesta ineptitud en la gestión de un equipo profesional. Una cosa es formar y otra entrenar...

Llegados aquí, el club ha apostado por un perfil diametralmente opuesto a Ocampo, firmando al seleccionador nacional de Argentina, todo un subcampeón del mundo. Es decir, no se trata de un formador, sino, como su propio nombre indica, de un seleccionador de lo mejor para obtener un resultado inmediato con lo seleccionado. Eso es lo que persigue Reynaldo Benito y por eso ha contratado a Sergio Hernández. El argentino llegó el jueves a Zaragoza. El viernes fue presentado. Allí, en su primera comparecencia, Hernández midió al milímetro sus palabras. Desde luego, no ha venido a Zaragoza a perder el tiempo. Para poder entrenar al Casademont ha tenido que dejar la dirección de la segunda selección del mundo, esto es, la mejor después de la española de Scariolo y su gomina. Viene a Zaragoza y no para perder. Ni para perder partidos ni para perder prestigio, que es justamente lo que ha venido haciendo el Casademont de Ocampo.

Ahora, después de estos movimientos, la palabra la tienen los jugadores, que, ojo, son los que ganan y los que pierden. Sí, los que hicieron el ridículo ante el Unicaja (eso no fue perder, eso fue hacer el ridículo...) fueron los jugadores. Ahora llega su hora, la hora de hablar en la pista, verdad verdadera de éste y de todos los deportes. Benzing, minutos antes de la presentación de Sergio Hernández en el pabellón Príncipe Felipe, las enchufaba todas de tres. Cabe recordar que en juego solo ha metido uno de los últimos 16 intentos. El dato no merece más glosas. Qué decir de Ennis y su concepto individualista del juego, de Seeley... Jugadores que hemos visto jugar de cine y que este año no se enteran de la película. La última imagen dejada en el pabellón Príncipe Felipe invita a la desolación, con el balón que botaba y botaba sin ningún sentido el base Rodrigo San Miguel mientras sus compañeros no se movían. Menos botes y más pases, eso es baloncesto. El sonido celestial del baloncesto es el de las zapatillas de los jugadores, señal inequívoca de dinamismo. Los equipos en los que suena el bote del balón y no las zapatillas de sus jugadores viven de individualismos, no del juego colectivo. O no saben jugar a baloncesto o carecen de plan. En caso de duda, solo hay que rebobinar el vídeo ante el Unicaja...

Esta tarde tienen ante sí los jugadores la primera oportunidad para enmendar una racha desoladora. Ante sí tendrán también a un equipo. La afirmación anterior merece una precisión. Siempre se tiene ante sí a un rival en una pista; pero, en este caso, además de rival, es un equipo. Esto es, un grupo humano con una estrategia definida. No hay estrellas en el Manresa, pero sí un señor entrenador (Pedro Martínez) con tres décadas de rendimiento en la ACB. Nombres comunes como Dani Pérez o Rafa Martínez en verdad encarnan a un base con un extraordinario sentido colectivo del juego y a un alero curtido en mil batallas. Juampi Vaulet para zurrar por fuera, Eatherton para zurrar por dentro, Eulis Báez para zurrar por todos los lados. Equipo compacto, equilibrado, con rotaciones que conocen el oficio (Mason, Sajus, Sima...). Hasta el excaísta Tabu juega en equipo en Manresa, consideración para nada baladí. Es duda Guillem Jou, otro jugador anónimo que rinde en la cooperativa de Pedro Martínez. No hay ninguna duda de que el Manresa lo pondrá difícil en el día en que tienen que hablar los jugadores del Casademont, ese colectivo que, además de contra el rival, ha venido jugando contra sí mismo.

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