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REAL ZARAGOZA

Agapito pide liderazgo a los jugadores nacionales

El presidente, que bajó al vestuario al término del partido del domingo en Bilbao, pidió a los españoles de la plantilla que se responsabilicen de la unión y progresión del grupo.

Gabi, y detrás de él Jorge López, dos de los capitanes del Real Zaragoza en una imagen de archivo.
Agapito pide liderazgo a los jugadores nacionales
TONI GALáN/APG

Agapito todavía debe de confiar en una reacción última del equipo que le haga abandonar la senda del fracaso antes de obligarle a tomar medidas drásticas. Eso se desprende de las palabras del presidente y máximo accionista el pasado domingo en el vestuario de San Mamés al término del partido.

Iglesias, que bajó del palco a la caseta nada más concluir el duelo ante el Athletic (lo ha hecho siempre así en las siete jornadas que van disputadas de Liga), volvió a reiterar su apoyo al cuadro técnico y su esperanza en que la plantilla sea capaz de revertir por sí sola la negativa tendencia que viene manifestando desde agosto, cuando empezó el campeonato. Y, como guinda a su discurso, pidió a los jugadores nacionales que se esforzaran por tomar las riendas del grupo y lideraran en lo sucesivo la pretendida y soñada remontada.

Agapito, el único dirigente que entró en la caseta, señaló así a Gabi, Jorge López (ambos, capitanes), Doblas, Ander Herrera, Lafita o Braulio. Ellos son los pocos resortes autóctonos que figuran en el reparto de protagonistas que Gay puede alinear este año entre la torre de Babel en la que ha convertido al Real Zaragoza la gestión del empresario soriano, apoyado en Pedro Herrera y Antonio Prieto -los responsables del área deportiva-, que ha derivado en este nuevo desaguisado.

Los catorce extranjeros, la docena de pasaportes distintos que portan los futbolistas en sus carteras, parece ser ahora un inconveniente a solventar cuando las cosas se han torcido de muy mala manera. No debió considerarse así durante el verano por parte del propio Agapito y sus ejecutivos cuando, en un peculiar ejercicio de funambulismo financiero-futbolístico, fueron montando y desmontando (a su más genuino estilo, ya demostrado en años y mercados precedentes) un plantel absolutamente heterogéneo y de complicado gobierno ulterior.

Ahora, cuando la soga aprieta, se solicita a los chicos españoles (hablar de canteranos y de gente con raíces zaragocistas en este equipo es reducirlo todo a la mínima expresión) que enseñen el camino a los foráneos, que les den clases particulares y aceleradas de lo que significa este club, este escudo (el viejo, el de siempre, no el que ahora se luce), esta ciudad y esta comunidad autónoma en la historia del fútbol español y europeo.

La difícil comunicación de Gay

Uno de los principales problemas con los que se ha topado Gay en los albores de la temporada ha sido la de transmitir su mensaje a un grupo tan dispar en sus orígenes, sus idiomas, sus costumbres y sus vinculaciones contractuales con la entidad. Varios no hablan nada de español. Algunos, muy poco, lo justito. Otros han llegado cedidos sabiendo que su paso por Zaragoza es fugaz, suceda lo que suceda. Así es una quimera intentar hacer un bloque ensamblado, tanto en lo deportivo como en lo sentimental. Simplemente, hay gente que se dispersa a mitad de camino porque su 'feeling' con la entidad no les alcanza para más.

Chequia, Colombia, Serbia, Italia, Brasil, Francia, Uruguay, Holanda, Marruecos, Nigeria, Argentina, Hungría... todas esas banderas tienen su mástil en el actual vestuario. 14 de los 20 muchachos han llegado de allende las fronteras. De ellos, solo Ponzio y Diogo pueden esgrimir cierto poso de arraigo por su tiempo de estancia en la ciudad y la SAD. Ahora, precisamente ahora, Agapito ha reparado en los afilados efectos secundarios que genera tal diseño del elenco de trabajadores de una compañía como esta, dedicada al fútbol profesional. Por pura naturaleza de las cosas y sin que los futbolistas extranjeros sean acusados de nada más que de no tener ni un ápice de afinidad previa con el Real Zaragoza, de carecer de canales afectivos, culturales, idiomáticos (en varios casos) y de radicación mental con un club histórico que se debate entre la vida y la muerte como institución tras casi 80 años de vida.

Ahora, Gabi, Jorge López, Doblas, Ander Herrera, Lafita y Braulio, algunos de los cuales no cuentan con la vitola de titulares fijos en los esquemas de Gay (en la mayor parte de los partidos, los equipos iniciales han constando de tres españoles y ocho extranjeros), son instados por el jefe supremo a que abanderen el reflotamiento moral del equipo, si aún es posible.

Duro trabajo van a tener por delante, si es que consideran oportuno emprender la encomienda del presidente. Primero porque, incluso en este reducidísimo grupo de futbolistas españoles, hay gente descontenta con los derroteros que ha tomado el devenir del equipo en lo referente a las decisiones de Gay. Basta analizar las alineaciones del último mes para nombrar los sujetos. Y segundo porque, entre los foráneos, también hay piezas despistadas, desintonizadas por diferentes causas, algunas de hondo calado relativo al ámbito económico (recortes salariales o de anexos contractuales como el pago de la casa o los billetes de avión de ellos y sus familias).

Como es habitual en este tipo de espirales adversas que hunden a los equipos en la tabla, el rozamiento, los chispazos internos, empiezan a surgir en catarata. Imparablemente.

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