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REAL ZARAGOZA

A corazón abierto

El Real Zaragoza juega hoy un partido crucial para su futuro inmediato. El equipo aragonés está obligado a lograr su primer triunfo liguero si no quiere hundirse en la clasificación.

La plantilla del Real Zaragoza dialoga durante el entrenamiento del viernes.
A corazón abierto
TONI GALáN/APG

Cuando un equipo va último en la clasificación, está descolgado incluso de quien le precede, no conoce la victoria en los nueve partidos jugados del torneo en disputa, lleva en puestos de descenso desde la tercera jornada y su plantilla no acaba de dar con un grado de solvencia mínimo como para agarrarse a alguna esperanza, es normal que cada choque que pone el calendario por delante sea crucial.

Así viene sucediéndole al Real Zaragoza esta temporada desde hace ya dos meses. Prácticamente desde el tercer partido, en Santander. Las constantes vitales del equipo de Gay son tan débiles desde que, en la segunda cita del torneo, el Málaga (el antepenúltimo ahora mismo) le golease en La Romareda y lo dejara desnudo y en evidencia, que no para de jugar finales. Una tras otra. Como los puntos no fluyen, como el primer éxito no se consuma, el estrés mental de todo el zaragocismo está al límite de la resistencia humana y le ha dado la vuelta al marcador tres veces en lo poco que va de Liga.

La cita de esta tarde en el estadio municipal ante el Mallorca de Laudrup es el enésimo giro de tuerca en este cansino y agobiante discurrir del Real Zaragoza actual. O logra sumar los tres puntos ante los baleares o, inexorablemente, el hundimiento en la clasificación experimentará un nuevo empujón hacia el abismo. Tras diez jornadas, sobrepasado ya el primer cuarto del torneo, los efectos de un nuevo fiasco empezarían a sentirse de un modo más asfixiante, por pura cuestión matemática, además de por la anímica de todo el entorno.

Por eso, se palpa hoy un deseo tácito y común entre todos los seguidores del Zaragoza que sugiere que hoy es el día D. Que esta tarde, por fin, va a sobrevenir el primer triunfo liguero de este espinoso año. Por motivos obvios, el Mallorca no causa tanto temor como lo hicieron en las últimas semanas Atletico de Madrid, Athletic de Bilbao, Barça o Valencia. Por lo que sea, se considera que los insulares están al alcance de la mano del tambaleante Zaragoza de nuestro días. Que son incluso más vulnerables que aquellos Sporting, Hércules, Málaga, Racing o Dépor a los que el equipo de Gay fue incapaz de superar en el marcador final.

Probablemente, además de que se piensa que, por estadística, ya toca ganar (el Zaragoza se ha quedado como el único equipo de Primera que no conoce aún el sabor del triunfo), algo tiene que ver lo visto durante la semana pasada en los campos del Betis y del Valencia. En partido de Copa y frente a un bloque mayoritaramete de suplentes del cuadro sevillano, el Zaragoza ganó 0-1 en el Benito Villamarín y se demostró a sí mismo que es capaz de sustanciar una victoria a base de trabajo y sufrimiento. Tres días después, en Mestalla, se pudo ver la mejor primera parte de lo que va de competición por parte de los zaragocistas.

Enmedio de las tinieblas a las que el equipo ha arrastrado a su afición, de repente, surgieron algunos leves puntos de luz. Con valor de auténticos fogonazos de esperanza para quien camina desesperado, hundido en sus miserias (también societarias) y desorientado al haber perdido la brújula en los mismos albores de la campaña.

Así, en estas condiciones, se llega a esta décima estación del vía crucis blanquillo. Pensando que lo bueno está por venir, que las alegrías deben de llegar en algún momento y que, por qué no, quizá sea hoy el Mallorca el patrocinador de semejantes anhelos.

Importación de ánimos ingleses

Ha debido pensar Agapito que, si el público aragonés no tiene el alma jotera después de tantos disgustos, decepciones y falta de confianza en sus dirigentes, hay que traer de fuera elementos adicionales que eleven el listón de la animación al equipo. El club anunció en la tarde de ayer que, a través de la Federación de Peñas y con la ayuda del la SAD, se ha invitado al graderío a aquel grupo de seguidores ingleses (del Reading, concretamente) que el año pasado montaron su particular festival en la grada norte cuando visitó La Romareda el Almería. Sus bailes, sus gritos y sus formas acabaron aquel día aplaudidas por el resto del público, mitad por su extravagancia, mitad por lo novedoso de su presencia en el estadio. Hoy vuelven a las tribunas de La Romareda, convidados para ejercer de 'claque'. Recursos que no falten.

La afición aragonesa y sus huéspedes británicos podrán animar hoy al mismo equipo de Valencia con la única variante del regreso al once inicial de Ander Herrera en lugar el húngaro Pinter. Gay, por supuesto, va a seguir apostando por el 5-3-2 táctico mediante el cual ha parecido hallar el estímulo necesario entre la plantilla para creer en la remontada.

Doblas ha superado durante la semana sus problemas de psoas manifestados en Mestalla. Contini también está mejor de su tobillo dañado el jueves. Así que no ha lugar a más experimentos. Jarosik y Lanzaro seguiran firmes, junto a Matteo, en el poblado eje de la zaga. Diogo y Ponzio (Obradovic parece haber perdido los galones) serán de nuevo los laterales, piezas clave en este método. Ander formará con Jorge López y Gabi una medular menos ruda. Y Lafita y Braulio seguirán dando forma a la imprevista vanguardia blanquilla. Todos afrontan una operación a corazón abierto. A vida o muerte.

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