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Carlos Retamar: "No me podía retirar sin devolver al Sala 10 a Primera"

El jugador se retira tras 23 años en el fútbol sala, 13 de ellos en el club zaragozano. 

Carlos Retamar, este martes, en la plaza de Santa Engracia de Zaragoza.
Carlos Retamar, este martes, en la plaza de Santa Engracia de Zaragoza.
Ruben Losada/FotografiArte

Se marcha del fútbol sala en paz.

Así es. Quería irme tranquilo. Mi gente sabe que el año del descenso, si nos hubiésemos salvado, ya me hubiese retirado; la temporada siguiente me sentí muy bien, pero no conseguimos subir; y sentía la necesidad de volverlo a intentar...

Una despedida con el equipo en Segunda no hubiese sido lo mismo.

Hubiese sido muy frustrante. Después de tantos años compitiendo aquí, creo que merecía otro final. No me podía marchar sin devolver a Zaragoza a Primera.

¿Cuándo se produjo esa conversación interna en la que decidió retirarse?

Como te digo, en 2022 ya me lo había planteado; pero fue este pasado verano, al lesionarme la rodilla, cuando supe que iba a ser complicado seguir a causa del dolor. He tenido tiempo de masticar la decisión porque, al estar bastante tiempo fuera y con menos participación, he podido adaptarme a la situación que me va a tocar vivir a partir de ahora.

Veintitrés años dan para mucho. ¿Cómo le gustaría que se le recordase?

Como alguien que lo ha dado todo siempre que ha saltado a una pista. Siempre he intentado dar el máximo por cada equipo, aunque Zaragoza ha sido la ciudad más especial en mi carrera. Me vienen a la cabeza momentos de distintas épocas, pero si me tengo que quedar con uno es con aquella Copa de 2018 en el Wizink Center de Madrid. Fue algo maravilloso, que me llevo para siempre.

Como contraste, las lesiones.

Las lesiones, sobre todo la primera grave que tuve en la rodilla, y el descenso. Lo pasé muy mal. Ver cómo el equipo se iba apagando y no había forma de revertir la situación fue duro.

Echando la vista atrás, ¿quién fue su gran referente en los comienzos?

Mi padre, sin duda. Recuerdo que siempre estaba jugando al balón conmigo. No se dedicó al fútbol sala, pero le gustaba mucho y fue mi compañero de juegos. Después he tenido muchos compañeros de los que he aprendido, pero sería injusto nombrar a algunos y dejarme a otros.

¿Cómo ha cambiado el fútbol sala desde entonces?

Ahora es mucho más físico. Al igual que en otros deportes, como el baloncesto, la gente está más preparada. El ser humano ha evolucionado y el juego también.

¿Falta espectáculo?

Habría que darle una vuelta a determinadas reglas, que hacen que no sea tan vistoso, pero sobre todo habría que vender mejor el producto. Lo que se ha vivido en Zaragoza en esta recta final de temporada, con el pabellón lleno, debería ser más habitual. Tenemos que ser capaces de llegar a más gente.

¿Cómo valora la situación del fútbol sala en Aragón?

Lo peor ya ha pasado. El Sala 10 está capacitado para volver a ser un referente, dando pasos en todas sus estructuras; el Colo-Colo es otro símbolo de este deporte en la Comunidad; y hay otros clubes que también lo están haciendo muy bien en la base. En Aragón se mama el fútbol sala desde abajo.

Usted conoce bien el trabajo de cantera.

Soy coordinador de las categorías inferiores del Sala 10. Siempre me ha gustado rodearme de chavales, porque me recuerdan a mí cuando empezaba, aunque durante mi etapa como jugador era más difícil sacar tiempo.

¿Le veremos como entrenador en un futuro?

Mi idea es seguir en el club en las labores de coordinación, aunque más adelante sí que me gustaría probar a entrenar.

¿Tiene pensado quedarse en Zaragoza de por vida?

De momento, sí. Quiero disfrutar de volver a ver al equipo en Primera. Quiero ver de nuevo a mis compañeros (Iván Bernad, Richi Felipe, Adri Ortego, Óscar Villanueva…) en la mejor liga del mundo. Creo que me quedaré en Zaragoza una temporadita más…

Qué importante es que esta ciudad se reencuentre con la élite.

Sí, es importante que la gente se vuelva a enganchar. El equipo viene de una dinámica muy buena y pienso que va a ser capaz de estabilizarse en Primera.

¿Qué errores no se pueden volver a cometer?

El perder la esencia del Sala 10. Cuando descendimos, en cierto modo, ocurrió eso. Hubo jugadores de peso que se retiraron y no supimos reinventarnos. Quizá eso nos hizo entrar en una mala dinámica. Ahora el vestuario vuelve a ser una pequeña familia, que es lo que yo, cuando llegué aquí, aprendí de compañeros como Arturo -por Santamaría- o Víctor Tejel. Volvemos a tener un vestuario fantástico, que no se puede perder. 

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