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El Real Madrid recibe al Espanyol con el propósito de cantar hoy mismo el alirón

Los blancos se presentarán con su once más experimental y con el reto de aprovechar su primer 'match ball' liguero antes de medirse al City.

Vinicius celebra el segundo gol ante el Manchester City.
Vinicius celebra el segundo gol ante el Manchester City.
CRAIG BROUGH

«Si somos campeones de Liga habrá fiesta porque la alegría nos dará energía para la Champions». Tras sobrevivir a la amenaza de una goleada en el primer asalto de semifinales de la Copa de Europa ante el poderoso Manchester City, Carlo Ancelotti disipó las dudas razonables y dejó claro que si el Real Madrid no falla hoy ante su gente frente al Espanyol, celebrará su 35º título de Liga aunque haya quien interprete que los festejos pueden desgastar y perjudicar a los merengues de cara al choque de vuelta del próximo miércoles ante los 'citizens' en el Bernabéu.

Para el líder no sería tampoco ningún drama perder ante el equipo de Vicente Moreno porque el título es solo cuestión de tiempo, pero el Madrid quiere aprovechar su primer 'match ball', como los mejores tenistas. Aunque Carletto haga una excepción en su manual y apueste por las rotaciones masivas para evitar el más mínimo riesgo de lesión de sus hombres clave, a los blancos les sirve con un simple empate para cantar el alirón. Y, de paso, para poder presentarse el próximo fin de semana en el Wanda como flamantes campeones y recibir del eterno rival ese pasillo del 'fair play' o la humillación, según quien lo interprete.

Si Florentino Pérez y Carletto hubieran escrito el guion de este final de temporada, firmarían llegar así al capítulo del desenlace. Nada mejor que jugarse la temporada en cinco días al calor de su hinchada, primero ante un Espanyol al que siempre se le ha considerado un club amigo del Real Madrid, unidos por su animadversión al Barça, y después frente a un adversario entrenado por Pep Guardiola, un archirrival. El problema es que aunque el 4-3 del Etihad supiera de maravilla visto lo visto, según pasan los días se impone la realidad y esa dicta que no fue un buen resultado y que la remontada es compleja. «Hemos hecho un gran trabajo para pensar solo en el Espanyol», reconoció ayer Ancelotti.

Bale se borra

Ante los pericos, el técnico de Reggiolo opondrá su equipo más experimental, incluso sin Gareth Bale, que causa baja por unas molestias en la espalda. Y sin defensas centrales, ya que Vallejo es el único especialista disponible y no ha entrado jamás en los planes de Ancelotti. Militao y Nacho están sancionados y Alaba no solo está lesionado para esta cita liguera con tintes históricos sino que es baja casi segura para un choque de Champions para el que sí podría llegar Casemiro, el único mediocentro defensivo clásico del equipo y que tiene en vilo al madridismo porque sin él, el Madrid fue un coladero en Mánchester.

Todo apunta a que Mendy reubicará su demarcación y destaca la presencia en el banquillo de Mario Gila, defensa del Castilla de Raúl que incluso podría participar en el partido del alirón. Jugadores residuales como Marcelo, Ceballos, Mariano y en menor medida Marco Asensio se perfilan como titulares en un once quizá sin Karim Benzema, el jugador de la temporada y, si nada cambia o el egipcio Salah lo gana todo con el Liverpool, próximo Balón de Oro.

Se da la circunstancia de que Marcelo, el primer capitán del Madrid, puede alzar el trofeo de campeón por primera vez el mismo día del partido en el Bernabéu, recibido de manos del presidente de la FEF, Luis Rubiales. En tiempos de Ángel María Villar, el campeón cogía la preciada copa en la primera jornada de la temporada siguiente.

Hace dos campañas, el Madrid recibió el trofeo tras vencer al Villarreal por 2-1, pero lo hizo en el Alfredo di Stéfano de Valdebebas. Entonces no hubo autobús descapotable y fiesta en La Cibeles por imperativo del covid. En esta ocasión, la plantilla sí acudirá después de cinco años de ausencia a visitar a la diosa y a jalear el título liguero junto a miles de aficionados. Sí se pospondrán, sin embargo, las visitas institucionales a la catedral de la Almudena, el Ayuntamiento y la Comunidad hasta la vuelta de semifinales de Champions.

Carletto, supersticioso, asegura que no hay nada preparado para el postpartido. Máximo respeto a priori para el Espanyol, que tampoco quiere ser un convidado de piedra en la fiesta y promete presentar batalla en Chamartin. Con un puntito, los periquitos también volarían felices. Sumarían 40, la cifra mágica para la permanencia. Como sostiene Raúl de Tomás, «un empate sería bueno para ellos y para nosotros». Unas tablas que, a priori, no firma su entrenador, quien confesó este viernes que cuando vuelva a nacer y ser futbolista, le gustaría parecerse a Benzema.

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