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Mireia Belmonte paga el esfuerzo

Con una preparación contra el reloj por culpa de las lesiones estuvo a punto de alcanzar el bronce en 400 estilos, pero después la realidad se ha impuesto.

Mireia Belmonte, tras la prueba de 400 estilos.
Mireia Belmonte, tras la prueba de 400 estilos.
Fernando Bizerra/EFE

"Los Juegos terminan mejor de lo que hubiera imaginado hace dos meses. Ese cuarto puesto tiene un valor incalculable". La lectura de Mireia Belmonte tras completar sus tres pruebas individuales puede llevar a error. Que una campeona olímpica de por bueno un cuarto puesto, y que acepte unos resultados que pasan por caer en semifinales de 800 y 1.500 libre choca mucho. Pero a lo que da valor la nadadora española, con cuatro medallas de oro en los Juegos, es a dónde estaba hace unos meses y dónde ha estado estos días. "No ha sido un año normal, así que nadie podía esperar grandes resultados", se sinceró ayer.

Porque hace unos meses, Mireia estaba lesionada del hombro y veía que el tiempo para estar en Tokio se le echaba encima. Tuvo que renunciar a la defensa de su título en los 200 metros mariposa y con un trabajo intensivo junto a su entrenador Fred Vergnoux llegó a los Juegos, pero no a su nivel.

El problema es que Mireia Belmonte es tan competitiva que puso el listón de su participación donde nadie lo esperaba. Cuarta en los 400 estilos, a 23 centésimas del bronce, dio a entender que la gran nadadora española estaba lista para dar más alegrías, para nuevos podios. «No me esperaba ni estar en la final», había confesado Belmonte. Pero hasta ahí llegó la ilusión. Después vino la realidad. Y la realidad dice lo mismo que dijo ella antes de venir, que no estaba en las mejores condiciones y que las lesiones le habían impedido hacer el trabajo adecuado para la cita olímpica.

Belmonte lo dio todo en esa primera prueba de su programa en Tokio y lo pagó después. Casi sin recuperación, un día después afrontó la semifinal de 1.500 y quedó lejos del pase a la final. Y ayer abordó las series de 800 metros y quedó lejísimos de las primeras. Fue un golpe de realidad. El esfuerzo por intentarlo había pasado factura y Mireia no saldrá de Tokio cargada de algún metal como sucedió en los anteriores eventos olímpicos. Quedan los relevos, pero la catalana ya piensa «en unas vacaciones. Este no ha sido un año normal y el cuerpo me pide descanso». ¿Y después? «Ya veremos, voy año a año y toca ver cómo responde mi cuerpo», dijo, sin querer saber nada de unos Juegos de París 2024 que quedan muy lejos para una nadadora de 30 años y castigada por las lesiones.

El paso del tiempo es otra evidencia en el rendimiento de Mireia. Nunca se la puede dar por enterrada porque ya se vio en su única final de Tokio que su capacidad para competir le permite destellos de clase como esa cuarta plaza. Pero también es verdad que sin su prueba favorita, apostó por los estilos sabiendo que el nivel en 800 y 1.500 metros libre ha crecido mucho y que hay una nueva generación de nadadoras con las que le va a ser muy complicado competir. Summer Mcintosh y Katie Grimes, las nuevas sensaciones del fondo, tienen 14 y 15 años, respectivamente. Mireia Belmonte tiene 30. Y en Tokio se está viendo que otras nadadoras como Ariadne Titmus han sido capaces de destronar el reinado de Katie Ledecky, mientras una estrella como Katrinka Hosszu, doble plusmarquista mundial, se ha ido por la puerta de atrás con 32 años.

No significa que Belmonte, una de las mejores deportistas de España de todos los tiempos, vaya a seguir el mismo camino. Pero Tokio ha demostrado que las cosas cada vez son más difíciles y que la española deberá recuperar primero su mejor condición física si quiere plantar cara como ella sabe a esta nueva generación de talentos en la piscina. Todo un reto para el espíritu competitivo y ganador de Mireia Belmonte.

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