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El Casademont apunta al blanco

El conjunto aragonés reta esta tarde al Real Madrid, gobernador del baloncesto español y europeo. Los de Laso jugaron hace menos de 48 horas en Rusia.

Basket Zaragoza
Radovic intenta escapar de Causeur.
Guillermo Mestre

El hombre tiene ilusiones igual que el pájaro tiene alas. Eso sostiene al uno y al otro... Y a todos, y a todo. La ilusión también sostiene al Casademont Zaragoza, que busca sus límites. No lo esconde ni su entrenador, Porfirio Fisac, que lo reiteró en la antesala del reto de mayor envergadura: superar el campeón de la Liga ACB, el todopoderoso Real Madrid. Apunta al blanco el club aragonés, al astro blanco que gobierna el baloncesto español y europeo. Lo hace desde la tercera plaza de la tabla de la ACB, con el notable bagaje de siete victorias y tres derrotas. Un revés para nada erosionaría el expediente zaragozano. Pero, puestos a pedir, mejor pedir hasta la Luna. No alucino, no: más de 10.000 espectadores están dispuestos a presenciar esta tarde el alunizaje.

La cuestión, ante todo, reside en creer. Costaba creer al genial dibujante Hergé cuando en 1950 pintó al tierno Tintín con su flequillo sobre la Luna. Del cómic ‘Objetivo: la Luna’ de Hergé a que Neil Armstrong diera sobre la superficie lunar un pequeño paso para el hombre pero un gran paso para la humanidad pasaron menos de veinte años... La cuestión, reitero, y esto no es un cuento, consiste en creer. Ya se declaró creyente el Casademont cuando le zurró al Barça (89-83), el único rival de una dimensión semejante al Madrid en el universo ACB. Hoy, como semanas atrás ante al cuadro que gestiona Pesic, la cuestión es muy semejante: creer y rentabilizar el factor fatiga, el gasto energético que el rival acaba de realizar en las últimas horas en la Euroliga.

Sí, el Real Madrid aglutina a los mejores hombres del firmamento FIBA... pero siguen siendo hombres. Hombres que comen, beben y juegan de cine al básquet. Hombres que viajan, que necesitan descansar. Esa es la cuestión. El Madrid le pegó un repaso por su sitio al Zenit de San Petersburgo (71-86) el pasado viernes por la tarde. Vieron el aro como la paellera de Fairy los jugadores blancos: 15 de 33 en triples, para 109 de valoración total. Pero en menos de 48 horas saltarán hoy a la pista zaragozana. No tuvieron tiempo ni para ver el arte sublime que cobija el museo Hermitage, ni para pasear junto al río Neva, donde estiró la pata el taimado Rasputín (suena como Tintín, pero no era igual...). Nada, al aeropuerto de Púlkovo y 3.000 kilómetros hasta Barajas, que en Garrapinillos todavía no tenemos conexión aérea con la antigua Leningrado. Este factor fatiga ya lo supo explotar hace apenas dos semanas el Bilbao Basket ante el Madrid (82-81), en la única derrota blanca en el actual ejercicio liguero. Los vascos no compiten en Europa y Álex Mumbrú supo desarrollar esa variable. Hoy, seguro que la esgrime Fisac, pues el Casademont no jugó partido europeo esta semana. Desde luego, toda opción aragonesa pasa por proponer un partido energético. Alto voltaje para obrar el milagro.

También hay que valorar el minutaje. Los dos hombres diferenciales del Madrid, su base Facu Campazzo y su pívot Walter Tavares, jugaron 30 minutos en Rusia hace solo unas horas. Con Sergio Llull y Felipe Reyes lesionados, los bases del Casademont deberán apretar hoy más que nunca. Por dentro, la cuestión parece más complicada, pues la rotación blanca sigue siendo de envergadura. Los exteriores también reúnen riqueza, pero Campazzo solo hay uno...

El Casademont, por su parte, contará con las mermas de Renaldas Seibutis y Fran Vázquez. Seibutis está pagando el Mundial de China de septiembre pasado, y Fran Vázquez, el esfuerzo añadido de jugar en Europa. Sin estas dos piezas teóricamente fundamentales, Fisac se ha sabido buscar la vida para que su equipo continúe siendo competitivo. Ya lo fue el pasado 14 de septiembre, cuando superó al Real Madrid (72-63) en la presentación aragonesa. Ese día, Pablo Laso no pudo contar con más de medio equipo. A la misma hora en que el Casademont nos regalaba un estreno de lujo, Facu Campazzo, Nico Laprovittola y Gabriel Deck dormían en China en el hotel de la concentración de la selección de Argentina, aguardando la final del Mundial que al día siguiente perdieron ante la España de Rudy Fernández y Sergio Llull. Los aragoneses tampoco pudieron contar con Brussino, internacional argentino, ni con el entonces lesionado Justiz. Ya saben, el mismo Mundial en el que a Seibutis le dolía menos la espalda cuando defendía a Lituania lo acabó ganando España...

Al Madrid ya le ganamos hace dos meses y pico, aunque ese día Fisac vistiera pantalones vaqueros, y Pablo Laso chándal. Hoy, con los técnicos sin zapatillas, con zapatos y con traje, el reto continúa siendo monumental: derrotar el mejor club del universo FIBA. Desde luego, el Casademont apunta al blanco.

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