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"Mi pasión por las travesías se forjó en los Pirineos"

Ramón Larramendi, explorador de leyenda, visitó ayer Zaragoza para compartir sus experiencias y celebrar el 75 aniversario de la firma aragonesa Altus. 

Ramón Larramendi, ayer en el Patio de la Infanta.
Ramón Larramendi, ayer en el Patio de la Infanta.
Guillermo Mestre

¿De niño soñaba con ser explorador?

De muy niño quería ser conductor de trenes, no sabía qué era un explorador.

¿Cuándo surgió el flechazo?

Mi interés comenzó por un libro que había en mi casa. Era una enciclopedia ilustrada Life. Había un tomo dedicado a los polos y ahí se gestó mi pasión.

¿Lo suyo es amor por la naturaleza o por la aventura?

Una mezcla. Por un lado, la aventura de surcar los lugares remotos y los caminos no trazados. Y, por supuesto, el contacto con la naturaleza. Nací en Madrid y eso provoca cierta sensación de asfixia, de querer salir, de ir a la montaña.

¿Cuál fue su primera travesía?

Con 19 años crucé dos veces de mar a mar los Pirineos. Fueron mi despertar al mundo de las grandes travesías.

¿Sería correcto afirmar que Aragón inspiró a uno de los más grandes exploradores del planeta?

Absolutamente. Comencé yendo a los Pirineos en verano y luego en invierno. Han sido el origen de mi pasión y donde he forjado lo que soy. Conservo muy gratos recuerdos de Benasque y alrededores.

El siguiente paso fue Islandia.

Por una serie de azares –el padre de un amigo trabajaba en el puerto de Islandia–, surgió la posibilidad de hacer una travesía por Islandia. Fue una transición entre la montaña del Pirineo y la meseta polar de Groenlandia. Fue una experiencia inolvidable, el paso previo a que nos concedieran un premio de Antena 3 Radio y Nescafé que propició el siguiente reto: Groenlandia.

Desde 1990 a 1993 partió de Alaska hasta Groenlandia.

Fue el gran proyecto de mi vida, una expedición faraónica. Fue brutal como experiencia, como aventura, como todo. En cierto modo, fue la última gran expedición al estilo de las de principios del siglo XX: por las distancias tan bestiales y porque fuimos sin teléfonos satélites ni GPS. Recorrimos 14.000 kilómetros en tres años en trineos tirados por perros y en kayaks. Fue un viaje de repercusión internacional. Fue glosado extensamente en la edición mundial de ‘National Geographic’. Desde ahí, todo lo que he hecho después son las consecuencias de aquel viaje.

¿Le cambió la vida?

Totalmente. La persona que salió de casa con 24 años no fue la misma que la que volvió tres años después. En ese trienio viví una vida entera. Esa intensidad no tiene parangón con el resto de cosas que he vivido, y no he estado parado precisamente.

Allí conoció al pueblo inuit, al que dedicó el libro ‘Esquimales’.

Hablo su idioma y he vivido muchos años rodeado completamente por inuits. Las generalizaciones de un pueblo me resultan difíciles. Son una gente entrañable, con un enorme corazón, con una actitud encomiable ante la vida y ante las adversidades. Viven en unas condiciones extremas y no se quejan. Su humanidad y solidaridad impresionan.

Fruto de ese contacto ha creado el proyecto ‘Trineo de viento’.

Tras hacer la travesía de tres años, se me ocurrió el reto de crear un barco de vela para navegar por la superficie del hielo. He diseñado una plataforma que aúna la tradición inuit con la tecnología. Así creé el trineo de viento inuit. Es simple, pero eficiente. Es movido por energías renovables y con él hemos cubierto hitos en la exploración, como la primera travesía a la Antártida en un vehículo movido por energías renovables. En esta aventura están desde el primer día los amigos de la empresa aragonesa Altus, que de hecho me han apoyado desde 1990. Han sido muy importantes en los desarrollos técnicos y avances.

¿Su invento puede ser un arma contra el cambio climático?

Ojalá. En el Ártico, el calentamiento está multiplicado por dos y, en algunas zonas, por cuatro. Está mucho más acelerado que en otras zonas del planeta. Se plasma en muchos hechos: la retirada de los glaciares, la disminución de la banquisa del mar helado, el derretimiento del permafrost que hace aflorar gases de efecto invernadero en la tundra, el cambio de las pautas de los animales conforme la temperatura del agua se modifica… Es la avanzadilla del nuevo escenario mundial que se avecina.

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