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Una falta

OPINIÓNACTUALIZADA 26/06/2018 A LAS 05:00
Italia buscó con todo el gol para forzar como mínimo la prórroga en el duelo del estadio San Siro de Milán, pero no consiguió romper la sólida defensa de Suecia.
De amarillo, dos jugadores de Suecia.
Agencias

Hay tipos que merecen la tarjeta roja sin necesidad de que se anuden unas botas de fútbol. El Mundial de Rusia ha vuelvo a sacar lo peor de aquellos que buscan en el fútbol la excusa para escupir sus frustraciones. Sucedió en el magnífico partido entre Alemania y Suecia. Con el tiempo reglamentario ya cumplido, con el descuento a punto de extinguirse, un jugador sueco cometió una falta un tanto inexperta que Alemania convirtió en gol gracias a un magistral lanzamiento de Kros. A partir de ahí, los expertos en regar de insultos las redes sociales iniciaron una campaña contra el centrocampista Jimmy Durmaz, el jugador que cometió la falta. No quedaron fuera del acoso ni su mujer ni sus hijos, ni hubo insulto que no se le aplicara. Por supuesto, el asunto terminó en lo que los que lo iniciaron deseaban: poner de manifiesto el origen sirio del deportista, el hecho de que no fuera "sueco de verdad", la mancha del inmigrante que hunde a todo un país, el elemento externo que contagia de dolor la gloria de una nación. Genera tanto dolor este comportamiento como orgullo la reacción del futbolista y sus compañeros: "Somos Suecia: jódete, racismo".

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