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Javier Camacho: "Los problemas de salud me obligaron, al final, a usar oxígeno artificial en el Everest"

El zaragozano, que holló el pasado día 16 el techo del planeta, relata desde el campo base el ascenso.

Actualizada 18/05/2018 a las 12:51
El aragonés Javier Camacho conquista el Everest

Javier Camacho (Zaragoza, 1971) cumplió el pasado día 16 de mayo el sueño de coronar el Everest. Pese a que se comunicó que había sido sin la ayuda de oxígeno, el alpinista de Montañeros de Aragón, ha relatado este jueves que hizo cumbre pero haciendo uso de la botella.  

Lo primero, ¿cómo se encuentra?

Estoy regular porque he tenido muchos problemas de garganta y de pulmón. Y apenas puedo hablar mucho. Llevo fastidiado bastantes días, he estado tomando antibióticos y estoy sin terminar de recuperarme.

Ha hecho una proeza, subir el Everest. ¿Cómo fue todo?

Fue todo apresurado. Como ya sabes, me gusta la fotografía y hubo un par de noches que estuve haciendo fotografía nocturna y ya cogí una faringitis que no me ha dejado vivir. Tuve que tomarme un tratamiento de antibióticos, pero pude hacer más o menos bien el trabajo de aclimatación Pero después, volví a caer. Bajé a Lukla, que está a unos 3.000 metros. Estuve unos días allí para ver si me recuperaba. Sin terminar de ponerme bien nos anunciaron que había una ventana de buen tiempo para el día 16 de mayo. Volví al campo base rápidamente (sábado 12 de mayo) y según llegué al día siguiente ya comencé la ascensión.

Según sus planes, estimaba una estancia de 51 días, pero todo se aceleró entonces.

Sí, por el anuncio de la ventana de buen tiempo. Del campo base fuimos directamente al dos, y sin descansar al tres, al cuatro… arrastrando problemas de garganta y pulmón que no terminaba de solucionar. Pero tenía que intentar agarrarme a esa ventana de buen tiempo que parecía muy clara.

Pese a que aún se encontraba mal, ¿siguió pensando en subir?

Sí, llevaba la ilusión de intentar subirlo. Sobre todo porque pensaba en un compañero mío de escalada de muchos años, Xuanxo (Juan José Domínguez Hernández), que había fallecido en un accidente cuando practicaba escalada hace unos días. Para mí era muy importante subir y tenía la presión de querer dedicarle a él la cumbre. Esta presión y mis problemas de salud, al final, me obligaron a utilizar oxígeno artificial, porque si no hubiera visto muy difícil hacer cima. A pesar de que el día era muy bueno, de que se podía haber hecho sin oxígeno. Pero mi estado de salud no me permitía el intentarlo sin oxígeno.

La primera noticia que se dio a conocer era que lo había hecho sin el uso de la botella de oxígeno…

Sí mi idea era hacerlo de la manera más pura posible, como lo había hecho en mis siete expediciones anteriores. Pero estos problemas de salud que llevo arrastrando desde el principio de la expedición no me han dejado vivir...

... Y siguieron una vez que hizo cima

Sí, me quedé ciego en la bajada, llegando al campo cuatro, a ocho mil metros. Pensaba que podía tener la ceguera de las nieves, que ya me había pasado también en el Manaslu hace unos años. Estaba muy preocupado, sin apenas poder ver nada. Llamé a mi mujer, le expliqué la situación. Se activó un dispositivo de emergencia para intentar subir a ayudarme. Pero, al final, lo que tenía era una conjuntivitis bastante aguda. Me tomé antibióticos y antiinflamatorios. Y al día siguiente, pese a que veía bastante mal, inicié un descenso rápido: se me había acabado el oxígeno y temía que se me agravara el tema de la vista. Avisé que anularan el dispositivo y así conseguí llegar al campo dos (día 17), dormir y hoy viernes alcanzar el campo base.

A pesar de todos los elementos que se pusieron en su contra, ¿con qué sensación se queda?

Son unas sensaciones contradictorias. Supone una gran alegría haber conseguido la cima, en unas circunstancias difíciles de salud, y poder dedicárselo a mi compañero de escalada. Pero es un ascenso en el que, al final, tuve que utilizar oxígeno artificial, y para mí le resta un poco de valor. El día era muy bueno, podría haber disfrutado más de la cumbre, pero apenas pude saborear ese gran momento porque estaba muy mal. En varias ocasiones estuve pensando darme la vuelta porque tenía mucha tos y no podía respirar. Tanto esfuerzo para no poder disfrutar de ese paisaje tan espectacular que hay allá arriba, la cantidad de ochomiles que se ven, un día perfecto… Son unas sensaciones contradictorias.

¿Cuál fue la primera imagen que captó en la cima?

Pues antes de nada quise que me fotografiaran con mi familia. Siempre llevo a todas las cumbres una imagen de mi mujer y mis dos hijos, que ellos son los que tienen la paciencia infinita para poder soportar este tipo de actividades tan complicadas.

Se incorpora al selecto grupo de aragoneses que han alcanzado la cima del planeta, junto a Toño Ubieto y Pepe Garcés (1991) y Carlos Pauner (2013).

El hecho de que haya un grupo muy selecto de alpinistas aragoneses que hayan conseguido semejante reto le da una importancia especial, que sé valorar sin lugar a duda. Es el sueño de todo alpinista encaramarse al punto más alto del planeta, también el mío. Hago montaña desde los ocho años. Acabé de subir los tresmiles del Pirineo, luego los Alpes, McKinley, Himalaya… Y el Everest era mi gran reto.

Usted es un alpinista vocacional,amante de las montañas y de la naturaleza, fuera de los focos mediáticos y de los patrocinios… ¿Esta gesta le da un valor especial?

Que una persona normal como yo haya conseguido esto, sí que es le da al ascenso un reconocimiento especial. Pero, sobre todo, empuja a que gente como yo también lo intente, le motive para decir: "Yo también puedo hacerlo". Las siete expediciones que he emprendido las he hecho con mucho esfuerzo, apoyándome en la fotografía, dando charlas, con muy poco tiempo para entrenar y esto lo valoro mucho. Porque, al final, si pones mucho empeño en una cosa, crees en ti mismo, te valoras, sabes que puedes conseguirlo.

En el campo base se preguntaba qué es lo que mueve a las personas a intentar atrapar el Everest. Aseguraba que allí se encuentra la felicidad plena. Pese a todos los hándicaps que ha tenido, ¿es inmensamente feliz?

Claro que sí. Pero estoy seguro que estaré más feliz cuando llegue a casa y abrace a mi familia. Ahora lo que quiero es volver a casa lo más pronto posible, valorar todo lo ocurrido, los recuerdos que he vivido, esos paisajes tan hermosos que he visto, los momentos tristes que han sucedido, los compañeros con congelaciones… Ahora mismo no soy consciente de lo que he hecho. Con el tiempo apreciaré lo que he conseguido.





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