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Deportes

Ángel Vicioso: "Llevo media vida dando pedales y no he parado de luchar"

El ciclista de Alhama de Aragón exhibe la mejor de sus sonrisas dentro del pelotón. El pasado 13 de abril cumplió 40 años, media vida unido a la bicicleta. Desde el viernes disputar con el Katusha-Alpecin el Giro de Italia.

Ángel Vicioso defiende los colores del Katusha-Alpecin desde 2012.
Ángel Vicioso defiende los colores del Katusha-Alpecin desde 2012.
katusha-alpecin

Pocos ciclistas pueden presumir de haber completado 19 temporadas en lo más alto. Ángel Vicioso celebra en 2017 este cumpleaños formando parte de un pelotón que no deja de rodar y que se prepara para una de las citas estrella del calendario: el Giro de Italia, que festeja su centenario desde este viernes. Cerdeña es el punto de partida de esta edición, adonde llegará hoy el corredor de Alhama de Aragón con su equipo desde hace seis campañas, el Katusha-Alpecin suizo, para enfrentarse a una de las grandes del curso ciclista, donde trabajará para su líder, Ilnur Zakarin. Ayer aportó su experiencia en la Rund un den Finanzplatz Eschborn-Gran Premio de Fráncfort, que este año ha sido incluida por primera vez dentro del UCI World Tour, con doblete de sus compañeros Alexander Kristoff (1º) y Rick Zabel (2º).

¿Con qué ánimo aborda su séptimo Giro de Italia, el séptimo desde que debutó en 2000?

Bien. Hace dos años que no estaba en el Giro, y vamos con un lÝder muy claro, que es Zakarin, que va a luchar por la general. Al principio no querÝa por el mal tiempo, todas las caídas graves que he tenido han sido por el mal tiempo, pero ahora acudo con ilusi¾n y ganas. Me apetece.

El recuerdo de los dos accidentes que tuvo en 2013 y 2014 aún está fresco?

Sí, sí, aunque haya pasado un tiempo, al ser unas caídas tan graves, te deja marcado. Y mßs cuando llueve. Las dos fueron muy malas. La primera: costillas, el bazo, escápula, el dedo, los pulmones… estaba reventado por dentro del impacto contra el coche. Y la de 2014 fue la rotura del fémur, fue costoso pero en el fondo era una rotura. Las dos fueron lentas de recuperar.

¿Cómo se supera psicológicamente estas situaciones? Para usted es enfrentarse a un doloroso pasado.

Mucha gente me pregunta cómo soy capaz de volver otra vez y hacerlo fuerte después de las que he tenido. Pero no me queda otra, llevo media vida dando pedales y no he parado de luchar y sacrificarme por lo que me gusta, por lo que sé hacer bien. Entonces, no me queda otra que mirar hacia delante. Si me hubiera parado a pensar, seguro que hubiera dejado la bici. Pero no ha sido así.

Está hecho de una pasta especial...

Es una cuestión de actitud, de ser positivo. Hay que mirar para delante, saber que todo pasa. Y luego está el aspecto físico; en las convalecencias he sido muy constante, y, gracias a los medios y a los profesionales que he tenido a mi alrededor, las recuperaciones tras los dos accidentes han sido buenas.

Esta edición de 2017 también puede ser diferente: el Giro del centenario, el veterano del pelotón, 40 años recién cumplidos… ¿igual quiere decir algo?

(Risas) Ojalá tengas razón e intuyas algo… Pero bueno, yo voy con las ideas claras cuando siempre he ido y he tenido un líder. No te digo que no renuncie a que surja una oportunidad y me meta en una fuga y pueda ganar. Pero parto con un objetivo definido: trabajar para el Zakarin.

La etapa 13 sale de Reggio Emilia, de donde partió aquel 9 de mayo de 2011 para culminar la jornada en Rapallo con un triunfo de maravilloso recuerdo para los amantes de este deporte.

Sí, también lo he visto, es una etapa que me gusta. Será especial pero diferente, ya que voy con un rol muy específico y no me planteo otra cosa.

¿Qué retiene en la memoria de aquella victoria?

Fue un día especial. La recuerdo perfectamente: cómo arranqué, el desarrollo –una etapa dura, con repechos cortos–, cómo nos acercábamos a meta un grupo de cinco corredores y vencí al esprint. No se me va a olvidar; ganar en una vuelta grande es único. Lo que pasa es que ese momento de alegría se tornó en tristeza por la muerte de un compañero (el belga Wouter Weylandt, tras sufrir una parada cardiorrespiratoria a consecuencia de una grave caída). Fue un triunfo empañado. Una pena que en un deporte tan bonito como el ciclismo se viera salpicado por una caída tan triste.

El Giro también ha perdido a un amigo suyo, Michele Scarponi.

Una desgracia como le pasó a Michele, que muriera atropellado, nunca la esperas y, cuando se produce te deja tan descolocado como triste. Era un grandísimo ciclista y una gran persona, que repartía optimismo. Con su sonrisa eterna que jamás le abandonaba.

¿Cómo definiría la cita de este año?

Muy dura. Las primeras etapas corremos por Cerdeña y Sicilia –con una cuarta etapa con subida al Etna, exigente, que marcará las primeras diferencias–; luego vamos subiendo por el este de Italia y la última semana está concentrada toda la dureza. También hay una contrarreloj larga y otra corta el último día.

Se ha preparado duro en estos primeros cuatro meses del año...

La verdad es que no he parado. Este año es de los que más que corrido; por circunstancias, estaba de reserva en carreras y al ponerse compañeros enfermos siempre me han llamado. Llevo 33 días de competición, que son muchos para la época del año en la que estamos. Pero me encuentro bien. Una vez que cojo el nivel, me mantengo.

Ha consumido media vida en lo mßs alto del ciclismo.

Sí, abruma un poco. Todo ha pasado rápido, muy rápido. Llegado a esta altura de la vida, la salud es lo mßs importante. Físicamente me encuentro muy bien y mentalmente… se va debilitando, porque cada vez me cuesta más salir de casa, despedirme de mi familia. Es difícil. Mi hija pequeña me decía el otro día: "Papá, ¿un mes cuántos días son, muchos?". Yo le contestaba que pocos. Pobre, se le hace largo que no esté a su lado, y a mí también.

¿Su futuro deportivo está aún por decidir?

Me encuentro bien físicamente, pero surgen dudas: mi mente me tira para atrás, pero por estar con mi familia. A ver cómo termino el Giro. Entonces tomaré la decisión. Creo que iré a la Vuelta a España, el año pasado no estuve y me gustaría. Sería un bonito cierre.

Pocos ciclistas pueden presumir de un currículum deportivo como el suyo.

Es para estar satisfecho y así lo siento. Ya voy por diecinueve temporadas en la élite y es que ni me lo creo. Puedo decir que soy la persona más afortunada del mundo. No puedo pedir más al ciclismo y a la vida. Estar con 40 años en primera fila, en un equipo grande, bien considerado por los compañeros… El día que deje la bicicleta voy a estar muy orgulloso de lo que he conseguido y de lo que he hecho. Me he ganado la vida con lo que más me ha gustado y le debo todo al ciclismo.

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