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El factor Luis Enrique

El fichaje de Alberto Guitián era observado como un movimiento urgente del club.

Alberto Guitián, junto a Lanzarote, en una imagen de archivo
Guitián coge el freno de mano de Culio
Guillermo Mestre

A sus 25 años, Alberto Guitián llegó al Zaragoza en silencio, ocultado bajo el polvo que levantó el fichaje de Culio, compañero con el que se presentó codo con codo. Aquel día, casi nadie reparó en él. El argentino y su historia de amor y odio con el Zaragoza aglutinó todos los titulares de la jornada. Guitián era observado como un movimiento urgente de mercado del club, un parche de emergencia hasta que Jesús Vallejo recuperara su grave lesión muscular. Se daba por zanjado que, en apenas dos meses, Guitián caería por su peso al segundo o tercer escalafón de las jerarquías. Sin embargo, el fútbol lo cambia todo: ahora es Vallejo quien lo va a tener crudo para recuperarle terreno a Guitián.

No es el fichaje más importante del invierno, pero sí el más impactante. En ese desconocimiento de su llegada, reside su argumentario para impresionar tras seis partidos en los que ha destacado por su privilegiada lectura del juego, su seguridad de pase y su intelgencia posicional como central. Esas virtudes fueron las que salió a buscar Narciso Juliá al mercado. Un movimiento que tuvo más engranajes.

Quizá el más notable fue Luis Enrique, entrenador del Barcelona. Juliá, apoyado por Albert Valentín, buscaba un central de condiciones concretas, conocía a Guitián, y su buena relación con Luis Enrique -coincidieron en el Barça- le ayudó a abrir otra puerta: Abelardo, técnico del Sporting e íntimo de Luis Enrique. Él tenía la pieza que buscaba el Zaragoza en su vestuario y apenas jugaba ni lo iba a hacer. Y así Guitián, sin sitio en Gijón, conoció a Juan Culio.

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