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El mejor Zaragoza desde el descenso

En ninguna de las dos temporadas previas el equipo aragonés presentó números tan destacados. Tiene opción de llegar a Navidad en ascenso directo por primera vez desde que bajó en 2013.

Ranko Popovic, entrenador del Real Zaragoza.
Ranko Popovic, entrenador del Real Zaragoza.
guillermo mestre

Han bastado dos partidos, dos victorias contra Ponferradina y Bilbao Athletic, para que el Real Zaragoza haya retomado su tono competitivo y el color de los números de ascenso. La consecuencia más inmediata y natural de esto ha sido el alivio de las sirenas que sonaron alrededor de Ranko Popovic hace un par de semanas, más por ruidosas que por una situación grave del equipo.

Después de los tropiezos contra el Valladolid y frente al Alcorcón –en este caso con un fútbol acartonado y una imagen terrible–, el Real Zaragoza se ha espantado varias dudas y ha recuperado en los dos últimos partidos los valores que le han venido definiendo desde finales del mes de septiembre: potencia defensiva, musculatura táctica, compromiso colectivo, generosidad de esfuerzos... Una coraza competitiva que se distingue en su comportamiento, en un estilo bien reconocible, con un fútbol poco seductor, estético o apasionante, pero con un indudable funcionamiento efectivo.

Este registro de su juego concuerda plenamente con el ideal de fútbol defendido por su director deportivo Ángel Martín González y con su trabajo en la concepción veraniega de la plantilla. Este Zaragoza fue engendrado para recibir pocos goles y rentabilizar mucho los suyos.

Y en esa línea le ha instalado Ranko Popovic, pese a las duras lesiones de Wilk y Jaime, la inactividad de Mario, la baja durante dos meses de una pieza capital como Pedro, las recientes contratiempos de Pape Maly Diamanka (desactivado prácticamente en el último mes), los problemas físicos de Hinestroza o Rubén...

Aun con todo, el Zaragoza se eleva, dentro de un contexto severo en Segunda, con una igualdad histórica y una clasificación tan abigarrada como mudable, en la tercera posición, a tiro de un partido de las posiciones de ascenso directo: el gran objetivo.

Desde su último descenso, el club no había afrontado la aproximación al parón navideño ni la recta final de la primera vuelta en esa ventajosa posición. El contexto de la categoría ha ayudado, con mayor reparto de puntos y la ausencia aún de jerarcas. Es tan obvio, como arbitrario desmerecer el papel del Zaragoza en esta progresión.

En las anteriores dos temporadas en Segunda, después de 16 jornadas, el Zaragoza no había estado tan bien clasificado, no había sumado tantos puntos, no presentaba un balance goleador mejor, ni su distancia de los puestos de ascenso era menor que la versión actual. Es decir, el equipo aragonés está en su mejor dinámica desde que descendió en 2013 y las obligaciones históricas le exigen devolverse cuanto antes a Primera División. El Zaragoza podría estar mejor, pero también mucho peor: basta con apreciar las dos anteriores temporadas y cotejarlas con el hoy.

La campaña pasada, ya con Popovic en el banquillo, el Zaragoza marchaba octavo clasificado, con 24 puntos, 26 goles marcados y 24 encajados. Las posiciones de ascenso directo se habían alejado casi definitivamente a 8 puntos, una distancia que ya no se pudo apenas limar. El Zaragoza de esta temporada lleva dos puntos más, pero esto le permite ser tercero y tener la segunda plaza a solo tres puntos.

Ha marcado menos goles, pero también ha recibido 14 menos: este último dato define la fuerza competitiva actual del actual Zaragoza y lo ubica en los modelos de ascenso predominantes en los últimos años (Elche, Deportivo, Sporting de Gijón...). La comparativa con la temporada 2013-2014, justo tras el descenso, con Paco Herrera también es expresiva. Entonces, el equipo aragonés tenía cuatro puntos menos que ahora, había anotado 21 goles y encajado 20, números que le mantenían en mitad de tabla (11º), muy lejos del ascenso directo (8 puntos).

Paco Herrera aún acercó al Zaragoza a final de la primera vuelta a menos de un partido de esos puestos, gracias a un buen cierre de año 2013 y una notable entrada en enero, pero la crisis desatada en el club por García Pitarch tuvo un efecto desestabilizador decisivo en las semanas siguientes.

Ahora, el Zaragoza enfila el final del año en la mejor posición de las dos últimas temporadas para alcanzar la Navidad entre los dos primeros clasificados. En ninguna de las dos campañas precedentes fue posible. Los partidos contra el Numancia y el Nástic y los duelos ajenos, los de Córdoba y Alavés especialmente, determinarán si el Zaragoza se come los turrones más dulces en tiempos.

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