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PILAR 2011

Los peñistas y el cierzo dan el pistoletazo de salida a las fiestas

Carlos Pauner, pregonero de los peñistas, ha destacado que "Zaragoza se merece unas fiestas como estas".

El cierzo ha generado molestas 'tormentas de arena'
Los peñistas y el cierzo dan el pistoletazo de salida a las fiestas
A. M.

A pesar de haber reventado prácticamente su carpa en la madrugada anterior, los indiscutibles animadores de la noche zaragozana durante los pilares, las peñas, dieron comienzo a sus particulares fiestas en la tarde del sábado con un pregón bañado en cerveza y calimocho y aderezado por el fuerte cierzo que, un año más, llegó a tiempo para disfrutar de los días más desenfadados de la capital aragonesa.

El jacetano Carlos Pauner fue el encargado de alentar a las masas desde el embarcadero de Vadorrey. En este marco novedoso, el montañero hizo alusión a lo "popular" de estas fechas, a la participación de la gente y, en especial, al papel de los peñistas. "Zaragoza se merece unas fiestas como éstas", sentenció el aventurero aragonés, que en pocas cumbres ha tenido que lidiar con un viento como el de Zaragoza.

Las informaciones cruzadas desubicaron a muchos de los presentes, que casi media hora después de la conclusión de la lectura seguían esperando a que esta diese comienzo. "La verdad es que no está muy bien organizado, no tengo ni idea de dónde va a leerse el pregón", señalaba Antonio Medrano, de la peña El Tonel, pasadas las 18.30.

Ataviados con los clásicos petos y chalecos y con la desinhibición por bandera, los miles de zaragozanos congregados en el parque de Oriente –este año se han visto exiliados fuera del centro por las obras de la segunda fase del tranvía- partieron en procesión rumbo a la plaza del Pilar para ir calentando el ambiente antes del pregón ‘oficial’. Los niños y niñas que acudieron a ver el espéctaculo disfrutaron de lo lindo, especialmente con los caballos de la policía y con los cabezudos, que hicieron amagos de perseguir a los más pequeños.

Polvo, birra, viento y sol

La amplia representación de los los peñistas –que en total conforman un colectivo de casi 20.000 personas- que acudió a la jornada inaugural de su maratoniana bacanal sufrieron en sus carnes el incómodo cierzo, cuya primera aparición anual suele acostumbrar a coincidir con estas fechas. La desprotección del parque de Oriente, que carece de cualquier espacio para protegerse del aire, propició unas tormentas de polvo "bastante molestas", tal y como señalaban los propios juerguistas.

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