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El oro en baloncesto el más caro de la historia

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El torneo de baloncesto olímpico masculino de Pekín 2008 encumbrará al podio a un trío de selecciones de auténtico lujo, a las supervivientes de una de los torneos más exigentes que se recuerdan, trufado de magníficos jugadores, de excelentes selecciones y de ambiciosas esperanzas de éxito.


Muchos son los equipos con razones para soñar con la gloria del Olimpo. Poderosas razones. Ante todo ellos se abre un interrogante que empezará a despejarse el 10 de agosto, día del pistoletazo de la competición masculina. La pregunta atañe al rendimiento del equipo de los Estados Unidos, de los profesionales de la NBA, que en las últimas citas internacionales no han olido el oro, un peso que en los Juegos es especialmente doloroso.


Los estadounidenses consideran el ámbito olímpico un territorio propio. No es para menos porque acumulan doce oros. Sólo han cedido el primer escalón del podio en la famosa final de Múnich'72 ante la Unión Soviética que Serguei Belov decidió con una canasta en el último segundo, en Moscú'80 -no participaron por el boicot de su país-, en Seúl'88 y Atenas 2004.


Yugoslavia, en la cita moscovita, Argentina, en la ateniense y la Unión Soviética, ésta por dos veces -Múnich'72 y Seúl'88-, son los tres únicos equipos que han conseguido destronar a los estadounidenses, cuyas medallas de plata de los Juegos muniqueses están expuestas en el Museo Olímpico de Lausana porque reclamaron contra la canasta de Belov por considerarla fuera de tiempo y rechazaron la decisión de darla por válida.


En los dos últimos mundiales (Indianápolis 2002 y Japón 2006) tampoco subieron a la cima de la clasificación, aunque este frente no les preocupa tanto como el olímpico. Ahora mismo, sin embargo, todo suma en contra de ellos. Mike Krzyzewski, 'Coack K', vuelve a ponerse al frente para lavar tanta afrenta.


Estados Unidos, que cada día acoge a más jugadores extranjeros en la NBA, ha entendido que si quiere recuperar el oro necesita a los mejores de los mejores, un concepto siempre opinable, pero que en esta ocasión ha prevalecido con mayor intensidad. Incluso el magnífico Kobe Bryant ha decidido enfundarse la camiseta de las barras y las estrellas para defender el honor perdido.


También Lebron James y Carmelo Anthony se han apuntado al carro; y Dwayne Wade, Chris Bosh, Jason Kidd, Chris Paul y Carlos Boozer. Quieren recuperar la medalla dorada. Argentina, actual campeona olímpica; España, que ostenta el oro mundial conquistado en Japón; Grecia, subcampeona del mundo; Alemania, que sueña con tocar el cielo de la mano de Dirk Nowitzki, y Rusia, reina de Europa, son los principales aspirantes a prolongar el tormento americano en el cuadrilátero olímpico.

Grecia, Alemania y Croacia han sido las tres últimas selecciones en subirse al carro de los Juegos a través del Preolímpico disputado del 14 al 20 de julio pasados en Atenas. La prevalencia del baloncesto europeo en Pekín es evidente. El Viejo Continente tiene seis equipos en liza de los doce que compiten. A los tres anteriores se unen España, Rusia y Lituania. Todo un síntoma.


Las plazas restantes las ocupan dos selecciones asiáticas -Irán y China-, una africana -Angola-, una oceánica -Australia-, los estadounidenses y sus vecinos suramericanos de Argentina. El cartel es difícilmente superable.


Rusia, Lituania, Croacia, Irán, Argentina y Australia compiten dentro del Grupo A. España, los Estados Unidos, Grecia, Alemania, Angola y China en el B. Dos equipos de cada uno de los bloques quedarán apeados en la primera fase. Los ocho restantes disputarán los cuartos de final, la barrera que define la posibilidad de luchar por las medallas, un objetivo ambicionado por muchos pero destinado sólo a tres selecciones.

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