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CAI ZARAGOZA 88 - VIVEMENORCA 85

Un milagro salva el 'match-ball'

Elonu intenta una canasta
Un milagro salva el 'match-ball'
JOSÉ MIGUEL MARCO

Increíble. No se puede decir otra cosa. El partido de anoche estaba perdido. De verdad. Pero se ganó, todavía no sé muy bien cómo. Tras ir quince abajo ante el ViveMenorca, sin ideas en ataque, una endeble defensa e ínfimas opciones de reacción, el CAI Zaragoza obró el milagro. Eso sí, ayudado por la incapacidad del rival de hacer una falta cuando iba tres arriba que hubiera evitado la prórroga. Sea como fuere, y tras un encuentro muy malo de los de Abós durante muchos minutos, la raza y el coraje de sus hombres salió a relucir, especialmente de los cuatro pequeños que abanderaron una defensa zona junto a DP para meterse 'in extremis' en el partido. En medio de esa locura, la agresividad y el criterio aparecieron justo a tiempo para dar a los rojillos un triunfo que evita una situación complicada y una bronca de escándalo. Un milagro salvó ese 'match-ball'.

 

Porque si uno no ha hecho los deberes en el pasado se encuentra ante un peligro, que cualquier error más se paga muy caro. Eso le ocurrió al CAI anoche en la primera mitad. Llegaba a su duelo ante el ViveMenorca tras dos derrotas a domicilio que no se debían haber producido y afrontaron con notables ausencias en el perímetro uno de los duelos más complicados del año, ante la otra gran plantilla de la LEB. Y claro, esta vez ocurrió algo probable, que el rival aprovechó esas carencias rojillas.

 

Para empezar, y dadas las bajas José Luis Abós jugó a la contra, es decir, pensando más en el rival que en ellos mismos. Salió con Nacho Martín de tres para defender al peligroso Victor, pero la fórmula no funcionó. A pesar de la estatura de los rojillos y del gran inicio de Phillip en la anotación, el rebote era balear, el pívot Turner hizo lo que quiso en la pintura y Ciorciari hacía jugar a los suyos a otra velocidad. Consecuencia: un parcial de 0-10, un preocupante 7-14 en el marcador, tiempo muerto y los primeros pitos.

 

Además, los zaragozanos estaban despistados, no acertaban ni siquiera en los pases y la defensa no existía, salvo cuando entraron Lescano y Edu Sánchez. Menos mal que el británico DP 'enchufó' los 13 puntos con los que el CAI cerró el primer cuarto. Solo cuando los de Abós fueron algo agresivos atrás pudieron igualar la contienda. Pero eran mínimos esos momentos. Para más 'inri' los ataques estáticos eran densos, no había luz. Un dato, Quinteros no había anotado al descanso.

 

Lo más grave es que todo es susceptible de empeorar y así fue. El ex rojillo Cuthbert Victor comenzó a hacer daño con su versatilidad y el equipo aragonés se obsesionó con él. Y eso tampoco soluciona nada porque malos cambios atrás y la mirada puesta en el de Islas Vírgenes daban mayor libertad a un Diego Sánchez que empezó a 'clavar' sus habituales triples. La zona fue un remedio puntual, pero aparecieron los nervios y para entonces los de Paco Olmos ya se habían ido por trece (28-41 al descanso).

 

Y esa renta llegó a los quince y el CAI seguía sin ideas. Menos mal que despertó Pedro Rivero. Hacía falta el carisma del base y el segoviano se echó el equipo a la espalda con liderazgo. Los árbitros lo pitaban todo (demasiado diría) y los de Abós aprovecharon eso para ir a la línea de libres y recortar la desventaja hasta siete. Tampoco fue la definitiva.

 

En un último parcial loco las cosas tampoco salían, mientras los visitantes parecían matar el choque al poste bajo. Sin embargo, la apuesta de Abós de jugar con cuatro pequeños dio resultado para defender con intensidad y atacar con velocidad. Los fallos en los libres y las dudas finales de los baleares, que no hicieron falta cuando debían, permitieron que el capi Lescano con dos triples forzara el tiempo extra. Y en él, apareció el CAI de jugar calmado, de buscar la mejor opción, de cerrar el rebote y de asegurar una victoria vital. No quiero ni pensar cómo sería de no haberla logrado.

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