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Los personajes infantiles se resisten a jubilarse

Pippi Calzaslargas, David el gnomo o los Picapiedra celebran ya sus varias décadas de vida.

Vilma pasa la 'mamut aspiradora' por la casa.
Los personajes infantiles se resisten a jubilarse
HERALDO

Sigue siendo una niña traviesa y con trenzas, pero Pippi Calzaslargas ha alcanzado ya la edad de jubilación. Esta semana, el personaje creado por Astrid Lindgren ha cumplido 65 años, aunque su popularidad sigue tan fresca como el primer día. Las aventuras literarias de Pippi comenzaron a publicarse en 1945 y alcanzaron un gran éxito en toda Europa, aunque la popularidad masiva llegó en 1969 con la serie televisiva.

2010 ha sido un año de celebraciones infantiles. A los 65 años de Pippi se une el 25 aniversario de la serie de animación española 'David el gnomo' y el medio siglo de vida de la familia Picapiedra. Los cumpleaños han sido por todo lo alto: el personaje de Astrid Lindgren ha protagonizado un sello postal en Suecia y fue homenajeado el pasado viernes por el buscador Google. Los gnomos también están de actualidad, con un popular musical que se ha estrenado en Madrid. Y los Picapiedra se mantienen en televisiones de todo el mundo mediante reposiciones. La nostalgia se ha convertido en los últimos años en un filón para televisiones e industria cultural en general, de manera que los ídolos infantiles del pasado no van a jubilarse.

Pippi Calzaslargas sigue gozando de una salud envidiable. Sus libros se mantienen entre los favoritos en países como Alemania, donde se ha convertido en toda una institución. En Suecia, su país natal, el parque infantil Junibacken de Estocolmo atre cada año a decenas de miles de pequeños, que disfrutan con la recreación a tamaño natural de la casa de Pippi -Villa Kunterbunt-, pueden montarse en el enorme caballo Pequeño Tío y conocer al mono, el señor Nilsson. En España, Planeta Junior vende los deuvedés de la serie, que han pasado ya por numerosas reediciones.

También las aventuras de David el gnomo viven una segunda juventud gracias a los españoles treintañeros, que disfrutaron de la serie en los años 80 y que ahora compran los deuvedés para sus hijos. Los Picapiedra hacen igualmente negocio de la nostalgia y este año dieron el salto de la pequeña pantalla a las consolas de ordenador, en un divertido juego en el que protagonizan carreras de coches.

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