Comunicación
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Ecosistema de los medios de comunicación

La digitalización del ecosistema de los medios

El ecosistema mediático se despliega en el entorno digital. Así, la red canaliza gran parte de los impactos informativos y plantea retos e interrogantes trascendentales para la profesión periodística.

La 70 edición del Congreso se celebró en 2018 y tuvo como sede la ciudad portuguesa de Estoril.
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De acuerdo con la 2ª ola 2022 del Estudio General de Medios elaborado por la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC), el medio de mayor audiencia es internet con un 86,3%, seguido de la televisión con un 79,1%. Hay que acudir a la cuarta posición para encontrar a la radio (53,8%) y, a cierta distancia, damos tanto con las revistas (21,7%), como con los diarios (13,4%). Si lo comparamos con los datos de años anteriores, podemos observar que el crecimiento del medio internet ha sido abrumador; así, en el año 2013, figuraba como el cuarto en audiencia, con algo más del 50%. De esta forma, ha experimentado un aumento de casi el 40% en nueve años, desbancando a la televisión como principal aglutinador de audiencia y arañando gran parte de la perteneciente al resto de los medios, los cuales han visto disminuida su penetración, a excepción de la publicidad exterior.

Sin embargo, si analizamos la posición imperante de internet en el año 2022 y acudimos al desglose de audiencia, observamos que, dentro de esos datos, los medios digitales cuentan con un gran peso, junto a las redes sociales y las plataformas de vídeo online. Por ello, podemos hablar de que la principal transformación del ecosistema de los medios se basa en la digitalización de los contenidos. De esta forma, internet canaliza los impactos mediáticos, en torno a la información y al entretenimiento. La audiencia acude a la prensa, aunque prioriza el acceso online y los portales informativos. Asimismo, los usuarios utilizan los agregadores de noticias para recibir en su correo electrónico los titulares más destacados en torno a sus temas predilectos. Además, gran parte de los aficionados a la radio mantienen su consumo digital e, incluso, han aumentado su escucha mediante los podcasts, que permiten un acceso en diferido. Por su parte, la televisión tradicional es uno de los medios que mejor mantiene la embestida de internet; de igual modo, hay usuarios que hacen uso de las plataformas a la carta para visionar los productos televisivos.

La digitalización de los contenidos encuentra su principal aliado en la evolución de los hábitos de consumo y en los avances tecnológicos experimentados en las últimas décadas. De esta forma, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística (INE), en el año 2014, el 73% de los hogares tenía acceso a banda ancha en España; en 2021, ese dato creció hasta el 95,9%. De hecho, el año pasado, el 85,8% de las personas encuestadas (entre 16 a 74 años) por el INE afirmaba utilizar internet diariamente durante, al menos, cinco días a la semana; porcentaje que se eleva sustancialmente, hasta el 91,8%, cuando se habla de población que utiliza internet al menos una vez por semana durante los últimos tres meses. Asimismo, el aumento de la penetración de la banda ancha en España ha ido acompañado del incremento del número de dispositivos móviles y la expansión de la conectividad. Teléfonos inteligentes, tabletas electrónicas y televisiones conectadas a internet son algunos de los instrumentos que han multiplicado las opciones de acceso a la red y la propagación de los medios. Dispositivos portátiles, algunos del tamaño de un bolsillo, que posibilitan, en cuestión de segundos, la consulta de cualquier portal informativo o red social. Hasta desde el lugar más remoto del planeta, mientras este mantenga una mínima conexión a internet, un usuario podrá, gracias a su teléfono móvil, mantenerse actualizado sobre las últimas noticias publicadas; y, además, opinar sobre ellas, compartirlas y expandirlas por la red, que actúa como un sistema global.

De esta forma, el avance tecnológico abre la puerta al uso de internet como herramienta principal con el fin de responder a las necesidades de la audiencia. Así, pasamos de un consumo pautado, regido por horarios, ubicaciones y accesos únicos a un consumo personalizado y adaptado a los intereses de cada usuario. El internauta escoge el medio al que quiere acceder sin apenas limitaciones, dado que los dispositivos móviles permiten el consumo desde prácticamente cualquier lugar conectado a la red. Así pues, la audiencia puede configurar su experiencia completa de consumo informativo, filtrarla y adaptarla a sus gustos e intereses. Organiza su rutina, bajo demanda, para decidir cómo quiere navegar por los contenidos de forma libre y sin pautas predefinidas.

Por tanto, la adaptación a la evolución de los hábitos de consumo de la audiencia va acompañada de beneficios para los ciudadanos: de una mayor comodidad, mejor accesibilidad y flexibilidad. De hecho, se detecta que internet funciona como una herramienta clave que aglutina y da respuesta a las principales demandas de la audiencia. Los usuarios la utilizan, no solo para informarse y entretenerse, sino también para trabajar, estar en contacto con seres queridos, jugar en línea, comprar, gestionar sus cuentas digitales, acceder a servicios de la administración, etc.

En ese proceso de digitalización, la red posibilita la transformación de los modelos mediáticos; así, la evolución del contenido abre la puerta a nuevos formatos y a la reinvención de estos. Podemos mencionar, por ejemplo, el formato podcast, como uno de los que ha experimentado un mayor crecimiento a nivel mundial. Aunque en países como Estados Unidos su penetración es superior a la de España, en nuestro país también ha vivido una notable expansión. Su difusión se ha planteado desde plataformas de audio ya existentes, como Spotify, pero también desde nuevas plataformas generadas por el propio ecosistema mediático. El podcast permite conectar con la audiencia gracias a su contenido a la carta, su diversidad temática y su capacidad para generar conocimiento, informar y entretener. En términos contrarios, la digitalización y la obligación de adaptación constante también conlleva el debilitamiento de formatos clásicos y, sobre todo, la compleja búsqueda de la traslación del modelo del negocio a la red. Los sistemas tradicionales han de converger con la habitual gratuidad presentada en internet. El proceso de búsqueda de audiencia interesada en pagar por contenido se vincula a la generación de un producto de calidad. Y esta es una de las principales dificultades en la traslación de los medios clásicos al sistema online, un entorno voluble y cambiante que no posibilita la estabilización de los formatos.

A la par, se abren otros retos en el ecosistema de los medios digitales. De esta forma, los hábitos de consumo descritos de forma previa son ampliamente respaldados, especialmente, por la audiencia nativa digital. Sin embargo, ¿existe la posibilidad de coexistencia entre los modelos tradicionales y los nuevos sistemas? Ciertas voces llevan años anunciando el fin de los medios clásicos, especialmente, del papel y la tinta. Y, a pesar de que el crecimiento de los medios digitales ha sido notable, no podemos hablar del fin absoluto del producto físico y del pasar de las hojas. Aun con todo, se mantiene la incógnita a futuro de cómo conseguir la rentabilización de ambos sistemas para satisfacer a todas las audiencias.

En paralelo, surge la reflexión sobre las consecuencias de la transformación de los medios digitales. Estos se han adaptado a la inmediatez del formato online y han forjado un flujo de información constante durante las 24 horas del día para impactar en los internautas que se conectan sin limitación horaria y demandan una actualización continua de los titulares y los estímulos informativos. Sin embargo, por el camino, nos encontramos con dos grandes dificultades. La primera de ellas reside en la banalización del concepto información y la pérdida de la identidad periodística. Los medios no son únicamente generadores de titulares y el caos generado por el ciclo de producción online puede afectar sustancialmente a la calidad del contenido compartido. Por otro lado, no todo es noticia. El impulso de rendir cuentas al sistema de la inmediatez puede generar una sobreabundancia de información, a veces enmascarada en sensacionalismo sin contrastar, que avasalla al ciudadano hasta el punto de precisar una desintoxicación mediática e informativa.

Asimismo, los medios no siempre se garantizan impactos directos sobre su audiencia. De este modo, el ecosistema cuenta con múltiples herramientas que actúan como intermediarios y que permiten la propagación de la información, pero, ante una mala praxis, pueden generar el efecto contrario y actuar como catalizadores de la desinformación. En ese entorno, la difusión de bulos, noticias falsas y rumores es habitual y se beneficia de la inmediatez de las redes sociales y de la abundancia de la red. Por ello, se hace imprescindible que la garantía social del acceso a la información se acompañe de la alfabetización mediática de los ciudadanos en el entorno digital y de una cuidada implementación de la práctica periodística.

Así pues, para comprender el ecosistema actual de los medios, debemos huir de la perspectiva estática. Tenemos que abordar su estudio como el resultado de una evolución iniciada hace décadas e incluso remontarnos hasta el propio origen de la profesión. El estado actual es la consecuencia de la confluencia entre la evolución tecnológica y el progreso en los hábitos de consumo de los ciudadanos, así como de la propia convergencia mediática y empresarial. De hecho, la tan ansiada estabilización de los formatos y modelos se plantea como una utopía si se reflexiona sobre el propio sistema y sus características intrínsecas. Estamos ante una profesión cuya meta es mantenerse al servicio del entorno, de los ciudadanos y de los cambios; por tanto, se despliega como una actividad dependiente de los factores externos. Esto supone su desarrollo en el ámbito de la incertidumbre y requiere mantener un férreo compromiso de actualización y adaptación constante. Siempre habrá que repensar la profesión y su ecosistema, que deberá navegar ante un sistema inherentemente voluble, preparado para el cambio, pero leal a su esencia: la del periodismo.

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