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Cervantes vive en América

La actualidad más palpitante ha hecho que haya retrasado una semana el artículo que tenía preparado para el Día de Aragón y Día del Libro, que coincidieron este año también con el 400 aniversario del fallecimiento del genial complutense. Pero los libros, mal que les pese a algunos -y no me refiero a las nuevas tecnologías- nunca se extinguirán, porque es tanto como hablar del crepúsculo del ser humano. Siempre es oportuno hablar de los libros (en papel o digitales, tanto da). Porque los libros son el pensamiento y la belleza. La creatividad en suma.

Basta comenzar a leer su más paradigmática obra, ‘El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha’, para darse cuenta de que, aparte de su cómica sabiduría sobre la condición del ser humano, su exquisita prosa es una antigualla para los españoles de hoy. ¿Por qué? Es preciso entablar conversación con un hispanoamericano -decir latinoamericano incluiría las personas de la entrañable lengua portuguesa- para darse cuenta de que, aparte de tener nombres y apellidos más españoles que los propios españoles, la persona menos cultivada habla con una gran claridad y sencilla elegancia, sin contaminación de vocablos de los poderosísimos vecinos del Norte.

Los hispanoamericanos son tal y como si fuesen émulos del mismo Emilio Castelar, el que fuera presidente de la Primera República (1874) y gran orador. Los españoles, en cambio, cada vez tenemos un lenguaje más pobre. A la gente le cuesta hablar de seguido. En cambio, al hablar con un hispanoparlante del otro lado del océano se oye una lengua fluida, fácil, con sujeto, verbo y complemento. Lengua exenta de anglicismos y galicismos, y que además da gusto oír. Y se escucha y lee con delectación. Prolija al contar las cosas. Una lengua que, como todas, nació para que la gente se entendiese.

Cuanto mejor se explican las cosas -por supuesto si se exponen bien- mejor llegarán a la otra persona. No se comunica bien, dicen. Es que en España el lenguaje suele existir para confundir, engañar, manipular. Cuando Miguel de Cervantes escribió el Quijote también estaba para eso, pero casi en exclusiva para minorías selectas.

Quizá pueda decirse que desde la época del rey Felipe III la lengua española evolucionó más (sobre todo en los últimos tiempos) en la antigua metrópoli que en las llamadas Indias, donde quedó ese idioma cervantino para placer de los que saben reconocerlo.

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