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Aragón, una bodega con proyección global

Aragón, una bodega con proyección global

Las cuatro Denominaciones de Origen de Aragón (Cariñena, Calatayud, Campo de Borja y Somontano) han convertido a la Comunidad en un referente de la vitivinicultura a nivel internacional.

Un campo de viñedos.
Imagen de archivo de campo de viñedos de Cariñena
Comarca Campo de Cariñena

Si se pudiese recorrer Aragón en un solo día, el paisaje sería tan cambiante que cualquier viajero que desconozca la Comunidad se sorprendería de su variada riqueza cultural y natural. De todas las fotografías que pudiesen tomarse en este imaginario viaje, no faltaría entre ellas una con cientos de viñedos alineados, que bien podría realizarse en el Somontano oscense, en el Campo de Borja, en el campo de Cariñena o enla Comunidad de Calatayud, cuatro territorios que, en Aragón, son sinónimo de vino.

Las cuatro Denominaciones de Origen existentes –DOP Cariñena, DO Campo de Borja, DOP Calatayud y DO Somontano– así lo confirman, pues reconocen la calidad de las variedades de uva que existen en la Comunidad y también la de la tierra en la que crecen y se cultivan los viñedos, la climatología y el proceso de elaboración que permite que cada vino que se produce en Aragón sea único.

Así, el sector vitivinícola se ha convertido en una importante fuente de riqueza para Aragón en muchos sentidos, pues además de fomentar el empleo y el desarrollo rural de estas zonas, ha puesto a la Comunidad en el mapa internacional. Las botellas que se producen en las bodegas aragonesas han llegado a casi todos los rincones del mundo dejando, el pasado 2017, unos ingresos de 124,1 millones de euros a la Comunidad.

Cabe destacar también el éxito del enoturismo en la Comunidad, pues más de 400.000 personas visitan anualmente alguna de las rutas turísticas que organizan las cuatro Denominaciones de Origen con el objetivo de difundir su saber hacer y dar a conocer el mundo del vino. Así, en el Campo de Borja, la Ruta de la Garnacha recorre más de una docena de municipios para descubrir esta variedad autóctona; a los pies del Pirineo, la Ruta del vino Somontano muestra cómo los caldos son el motor de vida de todo el territorio; la Ruta del Vino de Las Piedras de Cariñena destaca el potencial de sus vides, que nacen en suelos pedregosos y, por último, la Ruta del vino de Calatayud ofrece otro sinfín de atractivos con los que demuestra por qué es la denominación con más reconocimientos.

El mejor maridaje

Aunque bien es sabido en el mundo de la enología que el maridaje perfecto depende de cada paladar, la rica bodega aragonesa se presta en la mesa al acompañamiento de múltiples manjares. Generalizar a la hora de acompañar cada plato con un buen vino sería un error, pues cada variedad de uva, el proceso de fermentación o el tiempo que pasa en barrica aporta a cada referencia tantos matices que impide crear una única norma para el noble arte del maridaje. No obstante, a grandes rasgos, los blancos secos son ideales para aportar el punto de acidez a unas borrajas con arroz y almejas; los jóvenes, para regar en los fogones y en la mesa un capón navideño con verduras asadas, y los dulces son el mejor hilo conductor para degustar una tabla de quesos y embutidos de la tierra durante un vermú improvisado. Por su parte, los rosados potencian el sabor a mar del marisco y de los pescados ahumados, por eso son los protagonistas indiscutibles a la hora de los entrantes.

Los tintos, debido a la fortaleza de su sabor, suelen ser el acompañante idóneo para acompañar un puchero tradicional, bien sea un cocido o un rancho aragonés, y las carnes más potentes, como el chuletón de buey o el cordero, ya que permiten descubrir diversos matices que, de otro modo, podrían pasar desapercibidos en su paso por boca.

Los vinos dulces y los espumosos también tienen su espacio en la mesa, pues los primeros agregan dulzor a las preparaciones más lamineras y el segundo marida a la perfección con las harinas del bizcocho casero necesario para un ‘panettone’.

DOP Cariñena

Ubicado en pleno valle del Ebro y con más de 14.000 hectáreas de viñedo, la Denominación de Origen Protegida de Cariñena se caracteriza, en palabras de su presidente, Ignacio Casamitjana, «por la calidad de la materia prima: la uva. Las diferentes variedades, tanto autóctonas (cariñena, macabeo, garnacha, etc.) como francesas (syrah, cabernet, etc.), nos permiten realizar vinos jóvenes, crianzas, reservas, con diferentes aromas, colores y sabores, todos ellos de altísima calidad reconocidos nacionalmente e internacionalmente».

El territorio tiene mucho que ver para lograr los vinos más exquisitos, pues esta denominación es «de las pocas que en una misma demarcación geográfica tiene viñedos a diferente altitud, que van desde los 300 a los 800 metros. Así, tenemos viñas de una misma variedad a diferentes alturas, aportando esta característica del ‘Terroir’ unas excepcionales cualidades a nuestros vinos», explica.

Esta denominación comercializó el año pasado 53 millones de botellas, de las que el 32% fue en el mercado nacional y el otro 68% en el internacional, llegando a 58 países de todos los continentes. «Nuestro principal objetivo, además de los comerciales y estratégicos, es asegurarnos de seguir manteniendo la calidad de nuestros vinos, pues este aspecto es el mejor embajador que tenemos», concluye el presidente.

DO Campo de Borja

Si por algo se caracteriza la Denominación de Origen Campo de Borja es por la garnacha, una variedad de uva que le ha dado a este territorio el título de imperio. Por los 16 pueblos que constituyen esta denominación se extienden más de 3.000 hectáreas cultivadas de esta variedad, cuyas uvas son muy apreciadas enológicamente porque proporcionan a los vinos gran complejidad estructural y aromática.

A la hora de definir a los vinos de Campo de Borja, cabe destacar «su singular equilibrio, producto del rico contraste presente en la zona y de la firme voluntad de aunar modernidad y tradición en unos vinos intensos, con nítidos aromas frutales, energía y personalidad». Aunque la garnacha es protagonista, también se elaboran vinos blanco, rosados, tintos jóvnes, crianzas, reservas, grandes reservas, cavas, moscateles y mistelas, gracias a las catorce variedades que crecen en sus viñedos, algunos de ellos datados de 1144.

La exportación es también uno de los puntos fuertes de esta denominación, pues ya sus vinos se comercializan en más de 54 países, siendo China uno de los principales mercados. Una posición que, en palabras de los responsables de esta denominación «se consigue por la calidad del vino, aunque claramente haya nuevas técnicas y tecnologías».

DO Calatayud

Constituida en el año 1989 con el fin de proteger y promocionar los vinos producidos en la zona, la Denominación de Origen Protegida de Calatayud puede presumir de unos viñedos de altura, ubicados entre los 550 y 1.040 metros de altitud y con una diversidad de suelos y microclimas que hacen que sus referencias sean también muy variadas. No obstante, la garnacha es la esencia de esta denominación, pues por su territorio se extienden plantaciones de viñedos que superan en muchos casos los 50 años, conocidas como ‘Viñas Viejas’, y cuyos caldos tienen «una intensidad aromática que deja entrever tonos minerales y balsámicos, sabrosos, con intensa concentración de fruta y tonos tostados, que dejan un postgusto muy agradable», explican desde esta denominación.

Por otra parte, los vinos blancos son, en su mayoría, «de uva viura o macabeo; de aromas primarios de intensidad media alta, frescos y aromáticos ligeramente ácidos con buen equilibrio».

Canadá, México, Estados Unidos, Colombia, Brasil, Corea, China, Japón, Vietnam, Filipinas y Australia son algunos de los países, junto con los que forman Europa, que pueden disfrutar del caldo que se produce en las tierras de Calatayud. De hecho, más del 80% de la producción sale fuera de las fronteras aragonesas para deleitar los paladares en el extranjero.

DO Somontano

Más de 4.000 hectáreas de plantación, 32 bodegas y quince variedades de uva componen la Denominación de Origen Somontano, cuyo territorio se extiende a los pies del Pirineo Aragonés. Es precisamente la climatología del entorno en el que se ubica –con cambios bruscos de temperatura e inviernos muy fríos– la que le otorga a todos sus vinos un carácter único que se disfruta en todo el mundo, pues el pasado 2017 se distribuyeron más de quince millones de botellas en diferentes mercados (75% en el mercado nacional y el 25% en el ámbito internacional).

«Los vinos elaborados presentan como principales particularidades un contenido alcohólico equilibrado, una buena relación de acidez y una cobertura media-alta de color», apuntan desde esta Denominación de Origen. «Además, las prácticas enológicas y de crianza desarrolladas por las bodegas dan como resultado vinos equilibrados, con estabilidad de color, acidez y capacidad de envejecimiento manteniendo el carácter aromático frutal que les caracteriza».

Somontano puede presumir además de ser una de las denominaciones más innovadoras. Según el informe ‘Los Vinos de Aragón. Una oportunidad de mercado’ de AC Nielsen, «Somontano ha liderado en Aragón el proceso de innovación total de la producción y comercialización de vinos, creando una imagen totalmente nueva a través de nuevas variedades».

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