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Gastronomía

La sensibilidad en el arte, un ritual del que disfrutar paso a paso

La sensibilidad en el arte, un ritual del que disfrutar paso a paso

Apreciar la belleza que nos rodea es cuestión de sensibilidad, y la sensibilidad de gustos, recuerdos y sensaciones.

La sensibilidad en el arte, un ritual  del que disfrutar paso a paso
La sensibilidad en el arte, un ritual del que disfrutar paso a paso

Sentarse frente a un cuadro, observarlo, descubrir sus formas y colores, interpretar las sensaciones que nos despierta, y, por último, disfrutar de su belleza.

El proceso íntimo que comienza cada vez que coincidimos con una obra de arte –sin importar la disciplina que la englobe, ni el lugar donde se encuentre– es parte de un ritual inherente al ser humano que permite percibir hasta el último detalle plasmado. Y también evocar recuerdos, consiguiendo que se convierta en una pieza única a la que asociaremos una sensación inolvidable.

Gracias a la sensibilidad artística somos capaces de percibir a través de los cinco sentidos la belleza, sus formas y colores, y disfrutar de la armonía que provoca. Y con la herramienta fundamental del lenguaje abstracto del arte, y sin necesidad de tener conocimiento previo, entrar en contacto con un mundo de sensaciones únicas que nos harán disfrutar de lo que nos rodea.

Se trata de un viaje a través de los sentidos, con el que el espectador consigue, por un lado, enriquecer su mundo y, por otro, hacer que la obra renazca, se multiplique y adquiera su verdadero sentido al ser sentida e interpretada por la sensibilidad de aquel que la está incorporando a su bagaje cultural, a su sensibilidad, a sus recuerdos y emociones. Esta dimensión del arte, esa vocación desde su creación para ser sentida es equiparable al destino de un buen vino. Incluso, el viaje que se realiza a través de los cinco sentidos para apreciar la obra de arte es similar al que se emprende al catar una copa de vino. Es indiscutible que el mundo de la enología y el del arte quedan unidos por el importante papel de la sensibilidad del espectador, ya que es lo que permite disfrutar de la obra de arte o de ese rito que comienza con el sonido hueco de un corcho al salir despedido de la botella.

Tras el oído, la vista nos permitirá saber la clase de vino que tendremos el gusto de saborear. El olfato nos acercará a los aromas primarios, esos que desprenden las uvas y la tierra. El frío del cristal en nuestras manos y la calidez del vino en boca pondrán fin a este viaje sensorial.

En Enate, una de las bodegas más emblemáticas del Somontano, saben que el vino es arte, y que de nuestros sentidos depende la apreciación de sus obras maestras; creaciones únicas y artesanas fruto del conocimiento y la sensibilidad de quienes las hacen posibles. Piezas que se completan con obras vanguardistas cargadas de pasión en la etiqueta, que pondrán a prueba los sentidos y harán de la experiencia de beber vino un recuerdo inolvidable.

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