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¿Qué sería de la vida sin color?

El color aporta ese toque de arte necesario que nos eleva día a día; una nota discordante que colorea e invita a ver el mundo que nos rodea desde diferentes perspectivas.

Enate
Enate

Pintarse de rojo los labios, utilizar una camisa tropical aunque fuera esté lloviendo, cambiar el blanco de las paredes del dormitorio por un tono chillón del que sabemos que nos acabaremos cansando, una copa de vino tinto al llegar a casa… A veces nos olvidamos de que los colores rompen a diario nuestra rutina, consiguiendo que a cada segundo podamos disfrutar de una obra de arte única creada por y para nosotros, y ayudando a quienes nos rodean a interpretar cómo nos sentimos. Un lenguaje cromático muy especial que invita  a ver el mundo desde distintas perspectivas.

Quienes eligen el rojo están relacionados con la pasión y el instinto natural. El carmín evoca lo llamativo, la agresividad, la sangre y el sexo. Más cercanos a la locura son los electores del amarillo, un pigmento muy presente, por ejemplo, en las pinturas de Van Gogh. También el azul tiene sus matices: la soledad y la solidez de su amplia gama, que tiende a fundirse con la tranquilidad y la sobriedad de cualquier cielo despejado. Y, por último, el negro, la combinación pura de todos los tonos primarios, mezcla de elegancia y oscuridad a partes iguales.

Tradiciones, psicología, prejuicios, religiosidad o misticismo. Es mucho lo que un color simboliza, las sensaciones que nos transmite sin apenas darnos cuenta de lo que estamos percibiendo. Pero involuntariamente traducimos lo que expresan, lo interiorizamos y lo disfrutamos; su efecto surte efecto en nuestra mente y estado de ánimo, y lo contagia por doquier, abriendo un amplio abanico de sensaciones en el que cada uno es libre de interpretar lo que quiera. De ahí la pregunta: ¿cuál es tu color favorito? ¿Y tu pintor?

Arte y color, gota a gota

¿Qué tendrá el arte que aunque pasen los años siempre inspira? Las técnicas han evolucionado, aumentando las perspectivas, rompiendo los límites de lo conocido y jugando con nuevas paletas cromáticas; aun así toda obra es capaz de evocar recuerdos, experiencias y sensibilidades que transportan a un mundo donde el espectador despliega su imaginación.

Enate, una de las bodegas más emblemáticas del Somontano, va un paso más allá y pone sabor a los colores, y también al arte. Su esencia, encerrada gota a gota, también se plasma en cada una de las etiquetas que acompañan a cada uno de sus vinos, a través de cuadros vanguardistas que la potencian. Un combinado ideal que pone a prueba los cinco sentidos y los embriaga de color.

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