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Del tradicional aguinaldo a los lotes de Navidad gourmet y con glamur

Del tradicional aguinaldo a los lotes de Navidad gourmet y con glamur

Alimentación El Portal, con sus casi 50 años, fue pionera en el sector. El negocio comenzó con una tienda de alimentación en Las Fuentes.

Hoy la elaboración de lotes navideños sigue siendo la principal, aunque no única, actividad de la empresa, que ha entrado con fuerza en el comercio exterior.
Hoy la elaboración de lotes navideños sigue siendo la principal, aunque no única, actividad de la empresa, que ha entrado con fuerza en el comercio exterior.
Heraldo

Aquella tienda de ultramarinos que abrieron sus padres en 1968 estaba situada en la plaza de Nuestra Señora del Portal, y de ahí tomó su nombre, que siempre ha mantenido la empresa, ahora convertida ya en grupo. Recuerda el actual propietario, José Antonio Ros, que su madre la atendía de diario mientras que su padre, que era director de banco, acudía por las tardes. La vena empresarial de aquel emprendedor, José María Ros, le hizo intuir las posibilidades que tenía el negocio de los lotes de Navidad, que se habían puesto de moda pocos años antes. Por eso la tienda incluyó productos selectos en su oferta desde el principio.

El trabajo en Navidades de los primeros años salió adelante con la ayuda de la familia, lo mismo que la distribución de los lotes, que se hacía con un coche, y gracias a que el padre cogía vacaciones en aquellas fechas. Pronto fue evidente que no se daba abasto, que era necesario ampliar espacio y personal. Desde principios de los setenta se alquilaba cada Navidad un almacén en Las Fuentes para poder dar salida a unos pedidos cada vez más numerosos y a una actividad frenética. Champán, turrones, dulces y embutidos eran los productos más demandados.

En 1982 fue necesario buscar unas instalaciones más espaciosas donde se pudiera mantener una estructura continua durante todo el año, porque la gestión de los pedidos se alargaba mucho más allá de las fechas navideñas, y la empresa se estableció en Utebo, en unas naves de la calle Puerto Rico. Hasta el 2007 se desarrolló allí una actividad que cada vez era más compleja y diversificada. José Antonio Ros, el actual propietario, ayudó en la empresa familiar casi desde niño; pero se tuvo que hacer cargo de todo en 1998, al producirse el repentino fallecimiento de su padre. Como, en este caso, se cumplía el dicho 'de tal palo, tal astilla', en sus manos la empresa no ha hecho más que crecer: "No hubo opción y y lo asumí, pero a mí me encanta esto, disfruto con lo que hago, me gusta ser empresario y también la gastronomía; también me gusta hablar con la gente, vender, entender a los clientes, a los proveedores y el porqué de los procesos, la gestión del almacén, todo". Algo de ese entusiasmo se contagia al ambiente general. Al fin y al cabo, se trabaja para proporcionar un producto final que es un regalo, y un regalo siempre aporta felicidad.

Ros defiende la creatividad industrial: "Cuidamos mucho todo el proceso porque es preciso diferenciarse, así que nos esforzamos por innovar. Fusionamos la comida, hacemos maridajes, formamos lotes en los que los productos tienen que ver entre sí, se acompañan. Participamos en el diseño de los productos con los fabricantes, estamos pendientes de la trazabilidad, tenemos nuestras marcas propias. Y en comunicación también buscamos la novedad por la vía de la emoción: nuestro catálogo huele a almendras y miel, que es el olor del turrón, porque la memoria más potente es la olfativa y los olores nos conectan con nuestros recuerdos navideños".

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