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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

ESTRENO EN FILMIN

Cine de reclinatorio ante Leonard Cohen

Con el título de su quinto álbum, Death Of A Ladies’ Man, la película del director Matt Bissonnette construye un raro y alucinado puzle de imaginación y realidad cuyo objetivo es rendir tributo a las canciones del poeta y cantante canadiense

No es una súper producción, pero debe haber costado su buen dinerito: lleva anexada media docena de canciones de Leonard Cohen y al precio que se paga el kilo de canción de famoso como banda sonora y de los millones a los que en estos tiempos se venden catálogos completos… Tampoco es una cinta sobre el bienquisto cantante y poeta canadiense sino un homenaje subliminal de su director (Matt Bissonnette, paisano suyo y rendido fan) trenzado a través de una historia extraña, algo surrealista, pero entrañable y emotiva. La protagoniza magníficamente el irlandés Gabriel Byrne ('Muerte entre las flores') y se estrena hoy, 24 de septiembre en Filmin; una más de esas pelis que no llegan antes a la gran pantalla sino a la TV, el destino al que, parece, está abocada la industria cinematográfica con las plataformas, la alta tecnología del Full HD, el 4K, el 8K y esos grandes pantallones, cuando no los proyectores domésticos.

El título ya explicita por sí mismo su relación con Leonard Cohen. Es el mismo con el que el canadiense denominó a su quinto LP, y figura en su discografía como el hijo raro, si no bastardo, de la familia. Otros lo consideran como la china en el zapato y hasta su garbanzo negro. Tampoco es para tanto, aunque sí sorprendente. Acostumbrados a aquel Cohen de dormitorio de sus primeros discos, darse de bruces en 1977 con un Cohen poco menos que envuelto en fanfarrias y epopeyas sonoras daba un poco de yuyu, grima. ¿Pero qué coño ha hecho este tío? ¿Se le ha ido la perola? Era la pregunta del mundillo musical en aquellos años finales de los setenta en los que achuchaba el punk y la new wave británica. Enseguida se comprendió: Phil Spector, un tipo de armas tomar, y nunca mejor dicho, había entrado en su vida artística.

Pese a acabar a trompicazos con los Beatles, y después entrar en casa de unos mendrugos como Ramones, el caso es que Cohen y Spector unieron sus talentos musicales y decidieron hacer un disco conjuntamente. Se conocieron una noche en el Trobadour de Los Angeles. Admiradores el uno del otro, aquella misma noche ambos acabaron en la casa de Spector, muertos de frío y aburridos, por lo que decidieron escribir canciones. Curiosamente, azuzados por la bebida, el encierro duró un mes y de allí salieron con quince canciones para un disco. Había sido divertido, según Cohen, pero lo malo llegó en el estudio. Spector se hizo dueño y señor de la grabación, relegando al canadiense, al que ni tan apenas permitió que metiera las manos en arreglos ni instrumentaciones. Su amabilidad casera se convirtió en tiranía en el estudio. Peligrosa, incluso. En una ocasión cogió a Cohen por el cuello enarbolando una botella de vino en la mano y un revólver en la otra para susurrarle que le quería. Cohen se asustó mucho. Y más aún cuando apuntó al violinista, amenazándole que, como no tocara bien, le dispararía. El violinista envainó a toda prisa su instrumento y salió corriendo del estudio. Aquel rey de la producción era un ser paranoico, loco.

Luego, Spector mandó de vacaciones al canadiense y se encerró en el estudio a ‘ser Spector’, es decir, a montar una de aquellas algarabías instrumentales tan propia de él: coros, cuerdas, voces femeninas, vientos, trompeterío, baterías… el famoso ‘muro de sonido’. Quien más quien menos se tiraba de los pelos cuando en el tocadiscos sonaba, por ejemplo, Don’t Go Home With Your Hard-On. ¡Que aberración! Cohen cantando a grito pelado y una especie de fanfarria marcial caribeña acompañando el paso… De mercadillo. Quedó marcado.

Hasta él mismo renegó cuando escuchó el disco. Máxime cuando le llegó la onda de lo que Spector estaba perpetrando en el estudio. Le mandó un telegrama pidiéndole que volvieran de nuevo al estudio, a lo que ni contestó. La leyenda negra dice incluso que, en una ocasión, intentó entrar, pero le fue franqueada la entrada por la guardia pretoriana armada para disuadir a cualquiera que quisiera molestar al gran jefe del muro sonoro. Y como el canadiense ya le había visto juguetear con las armas, se dio la vuelta por si las moscas. Que sea lo que este cafre quiera. Y eso fue Death Of A Ladies’ Man, una ‘cafrada’ made in Spector.

Un disco, luego de calmarse las aguas, las letales erupciones sonoras y arrugarse los leones hambrientos de la crítica (“Leonard Cohen: para los sádicos de la música”, escribió el Toronto Star), menos torcido y crudo de lo que se anunció y criticó en su momento. De hecho, en él había alguna que otra joya —Memories, por ejemplo, puro Spector bañando la poesía de Cohen—, o como diría el canadiense, pese a todo, “momentos vigorizantes”. Alberto Manzano, máximo experto español en la obra de Leonard Cohen, además de traductor y amigo personal del cantante, lo ha centrado recientemente en su libro Leonard Cohen. La biografía (Cúpula/Planeta, 2019), afirmando que “el álbum es extrañamente fascinante y tiene una gran fuerza cuando se escucha a gran volumen”. Y aun así: el disco en conjunto no pasa la definitiva prueba del algodón leonardcoheniana. Son solo nueve canciones de las quince que compusieron, pero la mezcla y los estridentes arreglos de, por ejemplo, la mentada Don’t Go Home With Your Hard-On, producen ataques de nervios, lo más impensable en una pieza del canadiense. Sin embargo, brilla en los textos: para el compositor, los mejores de su carrera poética. Textos en los que, con esa poesía rimbaudiana y surrealista, Leonard Cohen se quita los velos al completo para mostrar sus obsesiones por el erotismo y las mujeres, o como dijo de él su amigo griego George Lialios, su “sed por el sexo opuesto en todas sus variedades”.

Razón por la que Matt Bissonnette ha elegido ahora este título para su película con un desarrollo retorcido, pero claro para mostrar el objetivo de la historia: su admiración por Cohen y el efecto redentor del arrepentimiento a través de un profesor universitario que siente alucinaciones, debido a un tumor cerebral, y al que se le pronostica como máximo un año de vida. Razón también por la que Bissonnette devuelve al profesor a su Irlanda natal para reconectar con sus dos hijos y escribir la novela que siempre había soñado.

Salvo el archi famoso Bird On the Wire, de su segundo álbum, Songs From A Room (1969), son temas escondidos en el repertorio de Leonard Cohen los que suenan en la banda sonora: Memories, de Death Of A Ladies’ Man (1977); Why Don’t You Try, de New Skin For The Old Ceremony (1974); The Lost Canadian, de Recente Songs (1979); Heart With No Companion, de Various Positions (1984) y Did I Ever Love You, de Popular Problems (2014). Todos ellos acompañados por un buen puñado de piezas ajenas y otras específicas para la película.

No pasará esta, con toda seguridad a la gran historia del cine, pero sí quedará como un emocional tributo a Leonard Cohen, una de las apariciones más grandes en el mundo pop, una llama que nunca se apagará. ¡Cuánto sigo disfrutando personalmente de los tres DVDs que nos dejó su enorme gira del 2008-2009! A partir de hoy, día 24 de septiembre de 2021, con Leonard Cohen con 87 años recién cumplidos de haber vivido todavía (hubiera llegado a ellos el pasado 22), los aficionados al cine y obviamente los seguidores del cantante-poeta, como Bissonnette, podrán arrodillarse en el reclinatorio y emocionarse ante esa llama inextinguible de sus canciones. En la plataforma cinematográfica Filmin. 

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