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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

LA VOZ DE MI AMO

Discos dobles y en directo para la pandemia

A falta de los conciertos en estadios y grandes recintos, un medio sustitutivo de la gran liturgia colectiva del rock en directo: los álbumes duples y en vivo de los 70

Un libro recopila las lecturas de David Bowie.
Un libro recopila las lecturas de David Bowie.
Ian Hodgson/Reuters

Siempre fue un gozo ir a conciertos, meterse entre la masa y bañarse en vatios, luces y música, incluso algunos en sustancias adicionales, lo mismo en recintos pequeños que en estadios. Fiestas rituales del rock. En las salas pequeñas, bien cerquita de los artistas; en los estadios, con aquellas torres de sonido moviéndote el bajo vientre. Para mí son, y serán, inolvidables no pocos conciertos vividos en estadios como el Vicente Calderón, el Bernabéu, el Camp Nou, La Romareda, el Stad Richter de Montpellier, el Bramall Lane de Sheffield o el Giant Stadium y el Metlife de Nueva York, pero también otros vividos en pabellones deportivos, anfiteatros, teatros, auditorios o salas específicas, tipo El Plató, Metro, KWM, En Bruto o en el mismo Rock-Ola. Cientos y cientos de conciertos masivos que de pronto, como en una impensable película de ciencia ficción o de terror, se los ha llevado el fuego o una riada. Increíble.

No, no. Alabo y apoyo los esfuerzos de las pequeñas salas por afrontar esta maldita pandemia de la mejor manera para salvar la música en directo, pero no es lo mismo, claro. Sentados en sillas separadas, con mascarillas y en aforos reducidos, resulta imposible reproducir la vibración y el sudor que una música como el rock transmite, incluso si es de otro género menos ‘ruidoso’ como el folk o la clásica: pena, sin ir más lejos, mi adorada pianista Khatia Buniatishvili canceló no hace mucho su presencia en la Mozart por miedo al bicho, las exigencias de aforo y todas esas limitaciones que, con buen o mal criterio, han establecido las autoridades sanitarias y los gobiernos. Esos pequeños conciertos, realizados con muy buena voluntad y sin retorno económico, o muy poco, son más actos simbólicos de resistencia que liturgias musicales puras. Maldita sea, la agresión del virus está siendo letal para la música y tantos y tantos sectores, no digamos para la humanidad en general. Será una época que pasará a la historia con sello de repugnancia y asco, siniestra.

Siempre ha sido buen momento para escuchar música en directo, en vivo, plastificada o en 'streaming', pero en estos tiempos tan duros en los que el vahído rockero se ha evaporado de los estadios y de los grandes, y menos grandes, recintos un buen refugio para sentir ese vahído y darse un baño virtual, evocador, de vatios, luces y rock colectivo son los discos en directo, los conciertos en DVD o blu-ray o Youtube. En mi caso, fanático de la alta definición, en estos últimos años prácticamente solo consumo grabaciones en blu-ray. Lo último incorporado fue la película que Springsteen sacó el año pasado con las canciones de su excelente álbum 'Western Stars', uno de los fantásticos rescates en directo de la bodega de los Rolling ('From The Vault)' o, lo más reciente, esa recuperación que Nick Mason ha realizado de la época pinkfloydiana previa al 'Dark Side Of The Moon', y un concierto de Melody Gardner en París. Además, dos plataformas, la del MET Opera de Nueva York y la de Mezzo Live HD, y la web de Springsteen, me nutren de abundante música en directo, ya sea ópera, música clásica, jazz y rock emocional.

A su lado me acompañan, claro, los discos en directo como aliados para paliar las ausencias de las grandes figuras, del pasado y del presente y, cómo no, Spotify, esa gran discoteca digital en la que perderse a la búsqueda de todo tipo de discos, aunque a los más veteranos son nuestros propios vinilos, que a lo largo de los años hemos ido atesorando, los que mejor nos cubren estas necesidades. Un placer escarbar en las estanterías caseras a la busca de aquellos discos en directo, deporte que a las jóvenes generaciones les sonará a ‘carcamalería’, pero allá ellas con sus telefonillos, sus redes sociales, sus jijajás, los videojuegos pueriles, la cutrez televisiva y otras basuras con que se han envenenado, o les han envenenado, el cerebro.

Escarbo mentalmente y físicamente en todos esos discos en directo y comprendo enseguida que resulta tan latoso como imposible ascender toda esa montaña de álbumes para compartirlos aquí con gentes de mi quinta, otras anteriores, otras posteriores e incluso con algún infantico con ganas de unirse a la cordada montañera, que, pese a todo, seguro que lo hay, por lo que me centro en la época dorada de los discos en directo, la de los 70, y, aún acoto más, en los vinilos dobles y en directo, que en aquellos años cayeron como lluvias otoñales sobre el mundo del rock ante la delectación de los más fieles.

Había motivos para aquella gozosa lluvia. La explosión de grupos de todo tipo a finales de los sesenta, a pocos días de acabarse los Beatles y con ellos un formato, el del single e incluso el del mismo LP sencillo, que para los nuevos grupos se había quedado pequeño, fue determinante. La resurrección del blues y el jazz vía rock, los grupos hippies, los psicodélicos, el sinfonismo rockero, las vanguardias… le metieron una inyección vitamínica a la música en directo que en seguida se reflejó en los discos.

Grupos como Grateful Dead, Allman Brothers, Deep Purple, Derek & The Dominos, Led Zeppelin, Chicago, Blood, Sweet & Tears, Canned Heat, Genesis, Yes, Jethro Tull… e incluso solistas como James Brown, Janis Joplin, Van Morrison, Bowie, Dylan, Zappa, Ted Nugent o Neil Young ofrecían largos conciertos, llenos de improvisaciones, solos instrumentales y extensos desarrollos de sus propios temas, o simplemente estiraban su apariciones en directo más de lo acostumbrado, por lo que el LP se les quedó corto para sus experimentaciones y el público insatisfecho con una simple galleta que no recogía lo que había visto y oído e incluso sentido bajo efluvios añadidos a pie de escenario. Una comunión ascético-mística entre público y artistas que no se le escapó a la industria y, en la misma entrada de los 70, amplió el número de estrías de los vinilos, pasando a los discos dobles, que, además, servidos en envoltorios lujosos, inserción de libretos, grandes fotos… hacían más atractiva su caza y captura. Acompañaba obviamente el momento económico y la subida de la capacidad financiera de los jóvenes de los sesenta, muchos de ellos ya talluditos, con trabajo y posibilidades monetarias.

El doble en directo se convirtió así en la sublimación perfecta para que el rock en directo llegase al público en su mayor extensión y en vivo, sin trampa ni cartón, aunque luego se retocara un poquito en estudio, y los fans pudieran degustarlos en sus casas, como si estuvieran delante de sus ídolos. La duración, en torno a la hora y media, cubría perfectamente el espectro incidental de un concierto, si bien algunos como Emerson, Lake & Palmer o los mismos Wings lo estiraron al triple y, no digamos, los Grateful Dead, que, al calor del porro, no miraban la hora, y quintuplicaron la ración (la famosa caja europea con cinco LP’s). Una locura excepcional destinada obviamente a su ingente legión de seguidores, los famosos ‘deadheads’.

Como locura excepcional en aquella década, y en la misma historia del rock, aunque con otro perfil bien distinto a los Dead, fue la de Peter Frampton. Un guitarrista y cantante baby-faced que invirtió los términos de llegada por méritos y trayectoria al doble en directo, haciéndolo por la vía rápida, sin tener un expediente cualificado para ello. Había formado parte de los rutilantes Humble Pie, donde compartía presencia con Steve Marriot, y luego se largó para formar Frampton’s Camel. Nada de ello trascendió como para auparle al estrellato, pero su avispado mánager, De Anthony, quien antes había lanzado a Joe Cocker y Ten Years After, rumió la forma con la que poner en primera línea del escaparate rockero la catarsis colectiva, especialmente entre las féminas, que despertaba el guapo Frampton cuando salía al escenario, y no se le ocurrió otra idea que hacerlo a través de un doble LP en directo. Una locura. En A & M se negaron a apoyarle, era una inversión muy cara para un valor desconocido masivamente. Pero De Antohy insistió y presentó argumentos razonados, incluido un concierto-muestra, que derrotó a los ejecutivos del sello. Sorprendentemente, el acierto fue pleno: en pocas semanas del año 76 el disco se convirtió en un imparable superventas, llegando a figurar en la lista de los LP’s más vendidos de la historia. Frampton no llegó al doble en directo como proyección expansiva de la fama previa sino como el inicio de una carrera de éxito. Un hecho singular, nunca más repetido.

No ha quedado, sin embargo, 'Frampton Comes Alive' como uno de los discos esenciales del rock en directo de aquella década. En la tabla, aunque las ventas fueran inferiores, hay que colocar otros muchos, por ejemplo, estos quince que enumero a continuación, haciendo un gran esfuerzo de recensión, habida cuenta de los ochenta dobles que aparecieron en aquellos diez años de los setenta, pero la cosa, como digo, da para mucho más. Y si no, saltándose este acotamiento que yo mismo me he impuesto por abreviar, que cada cual rebusque en otras décadas o en la misma de los setenta —ay, se quedó fuera el Rock’n’roll Animal lourediano por ser LP simple— y encontrará no poca medicina con la que curar la herida de la ausencia en este 2020 nefasto de la música en directo a lo grande, aunque sea un tramposo ejercicio de ficción y nostalgia. (Por cierto, me gustaría haber reproducido las carpetas de estos discos, pero los derechos de autor lo impiden, una pena). 

  1. The Doors: Absolutely Live (1970)
  2. The Allman Brothers Band: At Fillmore East (1971)
  3. Deep Purple : Made In Japan (1972)
  4. Neil Young: Live Rust (1979)
  5. Led Zeppelin: The Song Remains The Same (1976)
  6. Bob Dylan: Before The Flood (1974)
  7. The Rolling Stones: Love You Live (1977)
  8. Derek & The Dominos: In Concert (1973)
  9. David Bowie: Stage (1978)
  10. Rare Earth: In Concert (1971)
  11. 11.- Frank Zappa: In New York (1977)
  12. Ramones: It’s Alive (1979)
  13. Lou Reed: Take No Prisonners (1979)
  14. Jethro Tull: Bursting Out (1978)
  15. Van Der Graaf Generator: Vital (1978)
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