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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

la voz de mi amo

Patinando por los discos internacionales de 2020

El malhadado año pasado se fue, dejando tras de sí un panorama escasamente alentador en creación y novedad en el terreno del pop-rock: muchos resbalones y pocos ‘slaloms’ seguros.

2019 American Music Awards - Show - Los Angeles, California, U.S., November 24, 2019 - Taylor Swift accepts the Artist of the Year award. REUTERS/Mario Anzuoni [[[REUTERS VOCENTO]]] AWARDS-AMA/
Taylor Swift acepta el premio a la Artista del Año durante los American Music Awards de 2019.
MARIO ANZUONI

La idea era navegar por el infinito océano discográfico de 2020, es decir, por la copiosa cantidad de discos que, como en años anteriores, pese a la pandemia, nos dejó el malhadado 2020, pero el nevazo caído en España a la hora de soltar estas líneas en el blog obliga a sacar los esquís y a patinar en exclusiva sobre lo más destacado por algunas de las revistas, periódicos y webs más pomposas del género musical (New Musical Express, Rolling Stone, Pitchfork, Jenesaispop, All Music, Babelia, El País y Efeeme) deteniéndome en los diez primeros de cada lista para evitar muchos de los trompazos que el año alumbró. Menos chichones y escayolas, que de haber salido a alta mar es probable que hubiera sido devorado por los tiburones.

Sí, amiguitos, el panorama pop y rock, ya sea internacional, nacional o regional, como viene siendo habitual en los últimos años, no está para muchas alegrías. Un panorama, especialmente en el sector más nuevo, pobre en ideas y melodías, ralo en discos enganchantes desde el principio al final, por mucho que algunos se empeñen en vendernos trajes maravillosos del emperador desnudo. Humo. Con los dedos de la mano cuento los discos que puedo guardar con afecto y alegría en la cartera del 2020. Son tiempos de una mediocridad creativa casi ofensiva.

En esas listas aparece, ahí es nada, un adefesio regguetonero como Bad Bunny con un disco de título que parece una odiosa clave para el router o ir al médico virtual: YHQLMDGL; o una chiqueta de funky-pop aferrada a las divas de rigor, a las programaciones y al laboratorio, o sea, Dua Lipa; pero más llamativo es un tal Run The Jewels, rapero desastrado, que el NME, antaño paladín indiscutible del pop y del rock, coloca RTJ4 en su número 1 de destacados y el Rolling Stone en el 6. Con un par de neuronas de sensibilidad.

Asoma también, y muy destacadamente, la ya veterana Fiona Apple en Fetch The Bolt Cutter con sus raros requiebros vocales, su experimentalismo y su difícil digestión (¿la cocaína? ¿sus turbulencias matrimoniales con el director de cine Paul Thomas Anderson?), que algún insensato ha calificado de ‘obra maestra’, dándole Pitchfork su primer puesto de la lista (cosas veredes en este mundo confuso, amigo melómano).

Taylor Swift giró Folklore hacia sus primeros discos, centrados en el country y la americana, pero sin borrar en las primeras canciones el soniquete de las divas femeninas americanas (más dermis y bailoteo que música verdadera) y yendo después, desde la entrada en el disco del sensible invitado Bon Iver, a un folk con batería natural e instrumentos orgánicos y unas canciones de tono melancólico. Asumible, pero no para tirar cohetes, aunque, acostumbrada a ello y figurando en tan altos puestos de divinidades millenniales del pop, no es extraño el tormentón que le cayó de likes, retwits… y todos esos entretenimientos bobos de las redes sociales.

Jessie Ware, con What’s Your Pleasure y mucho pumba-pumba, tiene también presencia destacada en esos primeros puestos de las listas. Hace dance-pop con voz dulcecita y sensual y al final circula por la memoria un soniquete de antaño... ¿Marta Sánchez en más fino? Tal vez sí, ese sea el eco del soniquete. No muchos puntos para que se la destaque con tanta insistencia.

¿Y qué decir del retorno de los Strokes con New Abnormal? Pues siete años después sin publicar discos, su certificación definitiva del grupo más hipervalorado y anodino de este inicio de milenio.

Y así, con muchas mediocridades y otras en el filo de ellas, se aprietan las listas de manera exuberante. Un castigo. Mejor detenerse en algo más interesante. Y ahí está la para mí, la sorpresa del año, Waxahatchee, nombrecito complejo tras el que circula la hermosa voz de Katie Crutchfield, norteamericana de Alabama, que, tras su paso por las drogas y el alcohol y cuatro discos descentrados, que lo mismo enlazaban el folk acústico con el indie rabioso de los 90, echándole un pulso a The Breeders, Throwing Muses o Velocity Girl, por rememorar a alguien de aquella cuerda femenina, en 2020 entregó Saint Cloud. Un álbum vallado por los sones de Tom Petty, Lucinda Williams, Neil Young, Emmylou Harris…, o sea, adscrito al country-folk-rock. Aunque ya trillado en su esencia, muy bonito e inspirado. Encima, Obama lo anotó como uno de sus discos favoritos y la tormenta de likes y aplausos no se hizo esperar. Can’t Do Much resume el espíritu del álbum.

Haim, el grupo fraterno de hermanas californianas y voces delicadas, llenó su tercer álbum, Women’s In Music, de melancolía y de ritmos de pop-dance, pseudo reggae, jazzísticos e incluso de insólitas evocaciones del glam rock de los 70 (Up From A Dream) y trabó otro disco curioso y potable.

Como también lo hizo Poebe Bridgers en su álbum Punisher. Pop-rock-folk con voz dulzona. Tanto que llega un momento en que la cosa casi se escora a los predios de Enya (verbigracia, Graceland Too).

En el campo de los veteranísimos-veteranísimos, al menos, no sobrevuela la duda. Ahí es nada, la revista digital Efeeme coloca en los dos primeros puestos a Bob Dylan (Rough And Rowdy Ways) y Bruce Springsteen (Letter To You). Nada que objetar, al contrario: contra tanta mediocridad, la sabiduría de los palacios, aunque se acuda al venteo y reciclaje del pasado. Y en el séptimo a Neil Young, con su álbum oculto, Homegrown (1975), que debería haber hecho de puente entre On The Beach y Tonight’s The Night, y que canceló por ser (eso pensó él) demasiado explícito de una ruptura sentimental. ¿O quizá porque él mismo percibió que no estaba a la altura de lo que andaba buscando, que no era sino lo que llegó con Tonight’s The Night? Chi lo sa. Pero no es un desatino meterlo en la galería dorada del canadiense.

Y esto es todo, queridos hermanitos, por lo que se refiere al pop-rock internacional, con desvíos impropios de este blog hacia el reguetón y el rap, no precisamente para la genuflexión. En la siguiente entrega patinaremos, y ahí los trompicones serán -me temo- morrocotudos, por los discos nacionales y aragoneses. Bye.

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