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The Moody Blues: cincuenta años de blanco satén

Matías Uribe Actualizada 30/12/2017 a las 23:09
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No quisiera que se fuese 2017 sin evocar un álbum singularísimo y una canción celestial envasada dentro de él que en estos días cumple sus '50 años de blanco satén', hecho que Universal celebra con una reedición en doble CD más un DVD. Me refiero, obviamente, al álbum 'Days Of Future Passed' y a la canción 'Nights In White Satin'. Sus autores, claro, The Moody Blues, un quinteto de Birmingham que empezó en los primeros sesenta tocando R&B clásico británico, en la esfera Animals, mezclado con beat y pop, fórmula con la que, en 1965, llegó a alcanzar el puesto número 1 de las listas inglesas merced a 'Go Now', una vistosa y pegadiza canción que tenía ingredientes Beach Boys. Todo muy distante de lo que luego ofrecieron con 'Days Of Future Passed', del volantazo que dieron con aquel LP, que lo mismo les pudo llevar al precipicio que a la autopista del éxito.


Afortunadamente fue lo segundo. Algo que no hubiera sido nada excepcional, habida cuenta de que, con él, el grupo abría un nuevo camino, adentrándose en territorio desconocido entonces y descubriendo lo que luego vino en llamarse 'pop sinfónico'. No es poco. Alguien que inventa algo nuevo y con ello triunfa a nivel planetario es un hecho absolutamente asombroso en cualquier rama de las artes, un logro que muchos quisieran alcanzar y que a estas alturas de tiempos, con tanto terreno explorado, es casi una entelequia, algo imposible, como bien demuestra el devenir del pop y el rock en las últimas décadas, en las que el reciclaje, la adaptación a viejos moldes es la tónica dominante, no la invención de caminos insólitos y nuevos.

Hay quien asegura que el derrapaje de The Moody Blues hacia el sinfonismo fue efecto imperioso del impacto mundial del 'Sgt. Peper' beatleniano, y en concreto de la magistral 'A Day In The Life', pero nada más lejos. En realidad, fue fruto de una ingeniosa y aventurada ocurrencia de la compañía discográfica Decca.


En Estados Unidos el sonido estéreo se había implantado con éxito en las grabaciones. A mitad de los sesenta, el mayor poder adquisitivo del imperio llevó a que los tocadiscos estereofónicos, con dos altavoces, entrasen en abundancia en los hogares de tipo medio, mientras que en Inglaterra los equipos monofónicos eran lo habitual: no había peniques ni libras suficientes para costear los caros aparatos estereofónicos, razón básica, por ejemplo, por la que toda la primera discografía de los Beatles se editara en mono.

Mas la Decca, con todo su conservadurismo, se echó para adelante y pensó que una manera de extender los equipos de dos altavoces y de los discos estereofónicos era acercarse al público joven con el pop y al mayor con la música clásica. Dos pájaros de un tiro que debían caer con un sistema que la propia compañía inventó -el Deramic Sound System- y con una traslación al pop de una vieja y celebérrima pieza clásica, la 'Sinfonía del nuevo mundo' del checo Antonin Dvorak.

Los elegidos para materializar el invento fueron The Moody Blues. Pese a su éxito con 'Go Now', el quinteto sobrevivía merced a pequeñas actuaciones por Inglaterra e incluso por Europa. Todo muy distante de lo que por entonces cosechaban los Rolling, The Who, Animals o los inefables Beatles. Además, en el grupo habían entrado dos nuevos miembros, John Lodge y Justin Hayward, en sustitución de Clint Warwick y Denny Laine, que querían darle un nuevo giro al grupo, especialmente abandonando las versiones y trabajando en canciones propias, dado el gran potencial compositivo que habían logrado reunir entre todos ellos.

Hayward se había curtido en un buen número de grupos británicos y, aparte de guitarrista y cantante, era un prolífico compositor. Lodge, por su lado, además de darle al bajo tenía una voz armoniosa y era otro fecundo compositor. Pinder reinaba en el teclado, y junto a su papel de pionero en el uso del mellotron (él se lo enseñó a los Beatles), que luego 'succionaría' el sonido Moody Blues, cantaba, dominaba otros instrumentos como la guitarra y la tambura y era también otro imparable compositor. Con semejante trío el viaje tenía billete seguro al éxito.

Aceptaron el reto de Decca, máxime cuando esta ponía a su disposición medios abundantes para la grabación, inalcanzables por cualquier grupo de la época, salvo Beatles y Rolling, of course: un magnífico director musical, Peter Knight, especie de George Martin que escribía arreglos y ensamblaba las piezas, una gran orquesta sinfónica, The London Festival Orchestra (en realidad, los músicos clásicos de sesión de la Decca), un productor, Tony Clarke, con fe ciega en ellos, y un estudio a disposición plena durante todo el día.

Mas no tarda en producirse el primer choque: ocurre que los Moody Blues no solo componen temas propios sino que componen todos sus miembros, con lo que las canciones surgen a borbotones mientras tratan de adaptar la sinfonía de Dvorak. Piensan que un disco con composiciones propias sería algo más original e impactante. Piensan incluso en un álbum conceptual que describiese el trascurso de un día rutinario pero sedoso desde la mañana a la noche.

A los ejecutivos de la Decca se les pusieron los pelos de punta cuando recibieron la propuesta. Trastocaba sus planes radicalmente y echaba por tierra su cara inversión… Pero ante la insistencia del quinteto y los informes positivos de Peter Knight, que iba supervisando el material grabado, acabó cediendo y Dvorak volvió de nuevo a su tumba.

El 10 de noviembre de 1967 llegaba a las tiendas inglesas el nuevo álbum del quinteto. Ya no eran 'The Magnificent Moodies', como bautizaron su primer álbum, sino el grupo 'del pop sinfónico', el primero que dedicaba todo un LP entero a envolver las guitarras y los estribillos pop en el manto de una gran orquesta sinfónica. Algo inédito hasta entonces (los Beatles solo lo habían hecho parcialmente).

Como todo artefacto nuevo, costó su implantación. El LP, con siete largas piezas enlazadas a modo de gran sinfonía, que en su reedición actual se ha visto enriquecido con tomas diversas y actuaciones en la BBC así como imágenes filmadas en el Midem de 1968, tardó dos meses en entrar en las listas británicas, llegando al número 27 como posición más alta en las 16 semanas que permaneció en ellas.

A 'Nights In White Satin', un himno de admiración a las mujeres, según reveló tiempo después su compositor y cantante, Justin Hayward, que salió como primer single, recortado de siete a cuatro minutos, le costó un mes, apareciendo en las listas el 2 de enero del 68. No alcanzó el puesto número 1 nunca; a lo más que llegó fue al 19, algo que por otra parte se explicaba con barreras por delante tan altas como la de los Beatles, que entonces tenían en circulación su 'Hello Goodbye' y el EP 'Magical Mistery Tour', o superventas en aquel momento como Tom Jones, Engelbert Humperdinck, Bee Gees o The Monkees. En España se publicó bien avanzado 1968, llegando el 26 de agosto al número 3, o sea, casi un año después de su edición en Inglaterra.

Fue a través de sus reediciones y las numerosas versiones que conoció posteriormente –decenas, desde Frank Pourcel a Eric Burdon, The Shadows o el mismo Il Divo- que la canción alcanzó la consistencia y el respeto del que hoy goza. El álbum, a su vez, fue la puerta por la que grupos como Procol Harum, Nice, ELO, Emerson,Lake & Palmer o los mismos Deep Purple entraron en el gran salón del rock sinfónico.

Su escucha, por muy barroca que pueda sonar todavía, sigue siendo una fuente inagotable de sensibilidad y de una audacia increíble, imposible entonces pero más todavía hoy (¿quién se atrevería actualmente a hacer un disco similar, con toda una orquesta sinfónica detrás?). El grupo, por cierto, que tras el satén abandonó el sinfonismo orquestal para apostar por el pop y el rock con base en el famoso mellotrón, firmando discos majestuosos como el muy recomendable 'Seventh Sojourn', sigue todavía en activo, comandado por Justin Hayward, John Lodge y Graeme Edge, si bien desde 2003 no ha grabado disco alguno de estudio. En el inminente año nuevo 2018 les llegará el reconocimiento oficial, definitivo y merecido con su ingreso en el Rock And Roll Hall Of Fame.







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