Blog

Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

Vibraciones, la revista rock de los 70, el orgullo de Ángel Casas

vibraciones
vibraciones

Ángel Casas. A los viejos rockeros les sonará de un programa antediluviano de los setenta que emitía el segundo canal de TVE con la cabecera de 'Popgrama', al que siguió 'Musical Express', y al público general le vendrá a la memoria un señor de barba que en los 90 hacía entrevistas en un programa estelar de TVE, 'Un día es un día', que cerraba con un striptease. Obviamente, el curriculo de este profesional, que ha dedicado toda su vida al periodismo y a la comunicación, es mucho más que lo nombrado, pero estas son dos huellas laborales muy reconocibles y recordables en él.

Hace unos días, Ángel Casas comentaba, en una entrevista en Heraldo de Aragón, que se jubilaba el 31 de diciembre pasado. Ya lo habrá hecho. No sé a qué dedicará ahora su tiempo totalmente libre ni si seguirá fumando puros Davidoff a los que era tan aficionado, además de a la buena mesa, pero como le meta la turbina al cerebro no va a parar de remover recuerdos y aventuras musicales. Porque tiene donde sacar.

Y es que este periodista catalán, nacido en 1946 en Barcelona, donde se bregó mayormente fue en el mundo del rock (o 'gock', como tan peculiarmente y simpáticamente pronunciaba él por problemas de articulación con la r). Por ello, no extraña que en la mentada entrevista diga, pese a los picos de popularidad televisiva que tuvo con aquel programa rompedor, primero y único de los stripteases, que su mayor orgullo fue la fundación de la revista Vibraciones… Y ahí, pese a irritarme algunas veces por la superficialidad con que trataba determinados aspectos en Musical Express, lo que a veces le llevaba a meterse en charcos raros (glorioso el cabreo al que llevó a Chrissie Hynde preguntándole insistentemente por Akron, cuando ella estaba instalada desde años en Inglaterra), pues ahí, decía, me toca la fibra…

Vibraciones, con el subtítulo debajo de la cabecera de 'La evolución musical de los años 70', fue la revista musical por antonomasia de aquella década. Era el bebedero obligatorio al que cualquier buen aficionado al rock, pero también al folk, el reggae y otros géneros, tenía que acudir (acudía) obligatoriamente. Lucía un sano aspecto gráfico, excelentes fotografías de Francesc Fábregas, contagiosas secciones fijas… pero sobre todo contaba con la mejor plantilla periodística posible e imaginable en aquel momento e inimaginable hoy en día, en que por las revistas del género circula tanto vendedor de pócimas, tanto indocumentado y tantos aspirantes a literatos de mercadillo. En el 'Vibrata', como se le conocía en el mundo del 'rock'n'rollo', escribían Constantino Romero, Oriol Llopis, Claudi Montañá, Lluis Crous, José María Pallardó…, pero sobre todo Jaime Gonzalo, Ignacio Juliá, Antonio de Miguel, Jesús Ordovás, Julio Murillo… y, más aún, Diego A. Manrique.

En tiempos de tan abundante escasez informativa y de dificilísimo acceso a las fuentes musicales, aquella revista, que salía cada mes al precio inicial de 50 pesetas, era la Biblia, y más con aquella plantilla de redactores. Por supuesto, Disco Express había dejado una impronta imborrable y en los kioscos ya estaba Popular 1 cuando llegó Vibraciones, en octubre del 74, pero el 'Vibrata' era, como digo, un maná insustituible, información alimenticia de primera necesidad con aquella tropa de periodistas de categoría, la tropa que en realidad asentó el periodismo musical serio, documentado y riguroso en este país, y que aún no ha sido superado ni creo que ocurra en lustros. (Con muchos de los nombre citados, por cierto, haciendo un aparte un tanto narcisista –excusas-, tuve el honor de contar en Disco-Actualidad, mi soñada, atropellada y fallida aventura por implantar en España el espejo del Melody Maker y del New Musical Express).

Vibraciones contaba conciertos en Londres, en París o Los Ángeles, incluía entrevistas a las estrellas de la época, desde Zappa a King Crimson, Genesis o Jethro Tull e incluso, llegados el punk y la nueva ola, se las tenía con los Clash, los Pistols o Blondie, albergaba una sección de críticas discográficas de categoría…, pero ante todo el fuerte de la revista eran los Vibs, unas doce páginas centrales, con póster añadido, dedicadas a un grupo o tema genérico, desde Bowie a Pink Floyd, The Doors, la Velvet, Clapton, Grateful Dead, la Incredible String Band, Deep Purple, Elvis, los Beatles, el rock californiano o el punk. Aquello era un pozo de sabiduría inagotable, una academia superior de periodismo musical, con un Manrique o un De Miguel increíbles, dos craks sacando información internacional que aquí era imposible de rastrear por cualquier otro conducto. ¡Y cómo escribían los condenados! Manrique, afortunadamente, sigue.

En fin, no quiero extenderme, porque este milagro periodístico sería motivo de tesis en aquella España tan distante del desarrollismo musical angloamericano y europeo y en busca de una modernidad que aún tardaría unos años en llegar. Dijo adiós en 1982, en una última época confusa, en la que insertó artículos del Melody Maker y el New Musical Express, y fue una pena. Guardo los 92 números publicados como oro en paño, como un gran tesoro del periodismo musical español y como exponente de aquella España cimbreante entre el franquismo y la Transición, ansiosa por descubrir territorios nuevos y hasta entonces casi prohibidos, hoy tan familiares y normales.

No extraña que, como me contaba hace tiempo el amigo Gervasio Sánchez, algunos ejemplares figuren expuestos en el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla (MUSAC), de León. Un testimonio ya histórico que, con el Rock & Folk como norte fundacional, alentó Ángel Casas junto a un vecino químico, hace ahora 40 años, y con el que asegura que perdió dinero y supongo que salud, pero ahí quedó eso. Buena y lozana jubilación, Ángel.

Por cierto, aquí me las vi con Casas en 1980 en el inolvidable Musical Express.

Etiquetas
Comentarios