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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

¡A las rebajas discográficas!

Perdón por la rotundidad y hasta la altivez que pueda haber en esta aseveración: quien no compra discos es porque no quiere, no puede o es un pirata redomado. Porque si hay devoción por esas divinas rodajas musicales y a poco peculio que se disponga, las oportunidades de hacerse con buenas y abundantes piezas son casi ilimitadas. Nunca la música enlatada fue tan barata y tan accesible como ahora. Ya no vale el mantra de los-discos-son-muy-caros para no comprar. Desde tres o cuatro euros en adelante hay un paraíso esperando, tanto en tiendas físicas como en virtuales.

Durante el año, las tiendas físicas ofrecen sus existencias en la medida y abundancia que se lo permiten espacio y compradores, pero como las virtuales no tienen esos problemas, o los tienen muy mitigados, es verdad que se han convertido en los lugares con más posibilidades para encontrar preciadas joyas a precios más que asequibles, a veces increíbles, por no decir de risa.

Desde que hace muchos años tuve posibles para comprar discos, fui visitante asiduo de los establecimientos del ramo, ya fuera en Zaragoza o en cualquier ciudad que visitase. Cuando salía de viaje, museos, monumentos y tiendas de discos eran mis tres objetivos principales. Como no soy nada sibarita y abomino de restaurantes y comidas sofisticadas, toda la inversión gastronómica superflua la destinaba a discos. El año del punk, el 77, me vine de mi primer viaje a Londres, no solo impactado por las crestas de colores, sino con más de un centenar de LPs, que tuve que distribuir en maletas amigas (peso y aduana obligaban). Los discos duran, la comida ya se sabe por donde se esfuma. Soy así de práctico y ecónomo.

Lo que ocurre es que desde que una silla de ruedas cambió mi vida y desde que Internet se ha convertido en la gran tienda global, mi alimentación discográfica se produce esencialmente en la Red. Amazon es mi debilidad, antes de instalarse en España y después. Precios y existencias en abundancia –está casi todo- son sus ganchos mayores. Antes lo fueron las británicas Virgin y HMV.

Ojo, no soy primo de Jeff Bezos, fundador de Amazon, y como este es un blog musical cuyo fin sobre todo es aglutinar a gente que le gusta la música y que por tanto colecciona discos, no tengo el menor pudor en hacer publicidad de establecimientos y sitios donde comprar discos, en fin, lo que haríamos tres o cuatro chalados del plástico y los cedés charlando a pie de barra, en corrillo. Ya digo, Amazon es mi paraíso particular en Internet, aunque también hay otros más modestos y especializados como Wah Wah, Ramma Lama, Sundaze, Guerssen…

No obstante, en estos días de enero y en el verano presto mucha atención a El Corte Inglés y Fnac. Es tiempo de rebajas, y, según temporadas, surgen ofertas tentadoras, que tiran por tierra al mismo Amazon. Estos dos grandes establecimientos tienen ahora mismo ofertas más que atractivas: en El Corte hay una de 3x2 en todos los discos, la misma que en Fnac, solo que aquí se pueden combinar discos con otros soportes como deuvedés y blurays. Te regalan el de menor precio de tres.

Resulta obvio que en estos establecimientos se impone elegir tres productos de similar precio para que la inversión cubique. Mi reciente pedido va a hacer, por ejemplo, que el nuevo disco de Springsteen –con DVD incluido- me salga gratis, o si se divide el precio total por los tres discos comprados, a unos 10-11 euros, que no deja de ser una ganga, tratándose de un disco recién salido y visto el precio en otras webs. Otro pedido previo, ha generado la misma 'satisfacción chollista' con el pack DVD+Blu Ray+2 CDs+libro de los Rolling en su pasada actuación en Hyde Park. Va combinado (el pedido) con música clásica.

La Fnac, hay que decirlo, tiene normalmente precios elevados, pero en días de enero como éstos, el panorama cambia notablemente. Hay que pasar por alto su escaso stock en comparación con Amazon, la abundante venta de terceros que obliga a pagar costes de transporte y sobre todo la gran demora de muchos envíos. El ahorro compensa estas adversidades.

Así que, aún teniendo tufo publicitario estas líneas, ánimo y a las rebajas. En tiempos, el día 7 de enero era sagrado para mí: ir a la desaparecida Galerías Preciados y después al Corte Inglés resultaba excitante, ¡qué gangas encontraba allí! Hoy, afortunadamente, Internet facilita mucho las cosas. Ya no hace falta correr.

En cualquier caso, sea donde cada cual se abastezca, conviene no dejar pasar esta época de ofertas. Comprar discos es un vicio sano que eleva el espíritu y no hace tanto daño al bolsillo como antaño. Nunca la música enlatada, insisto, ha sido tan barata, ¿o no se recuerda cuando casi a mediados de los noventa, o sea, hace 20 años, un CD llegaba a las 3.500 pesetas (21 euros), caso de cualquiera de Pink Floyd o Los Beatles o de novedad, cuando ahora uno reciente anda en torno a los 15 euros? Y, encima, este sano vicio ya no engorda a los grandes jeques del negocio, más bien lo contrario: ayuda a los resistentes que aún siguen en la trinchera.

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