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Blog - Los desastres de la guerra

por Gervasio Sánchez

Luces y sombras rumanas

Sibiu
Sibiu

VIAJE A LOS BALCANES Y RUMANIA (7)

Timisiora (Rumanía)

Rumania es el país con más gitanos del mundo. El número exacto es difícil de precisar. Varía entre el medio millón recogido en las estadísticas oficiales y entre 1,8 y tres millones, según algunas organizaciones internacionales especializadas. Pero es difícil verlos. He recorrido 3.744 kilómetros por carreteras situadas en la mayoría de las regiones del país y apenas me he cruzado con un puñado.

Los gitanos rumanos no lo han tenido fácil desde que llegaron al actual territorio rumano en 1.242 esclavizados por los mongoles. Cuenta Hannah Arendt en su gran libro Eichamnn en Jerusalén que Rumanía fue el país más antisemita de Europa antes de la llegada de Hitler al poder en Alemania. Durante la Segunda Guerra Mundial el general Ion Antonescu estableció una dictadura de corte fascista. Antes de que los nazis exigieran la deportación de los judíos rumanos, el dictador había dirigido una matanza de 300.000 judíos.

Evidentemente, los gitanos también fueron liquidados al mismo ritmo. Los gobiernos comunistas tampoco fueron sensibles a esta etnia. Centenares de miles de gitanos fueron realojados en los llamados “distritos gitanos”. La caída del sanguinario dictador Nicolae Ceaucescu en diciembre de 1989 tampoco supuso mejoras. En informes de Derechos Humanos patentados por el gobierno de Estados Unidos y publicados la década pasada, hay graves acusaciones sobre campañas de desahucios de ciudadanos rumanos de origen gitano. A favor hay que decir que Rumania es el único país de Europa del Este que garantiza escaños parlamentarios para los gitanos.

Vida cotidiana en Sibiu. Fotografía de Gervasio Sánchez

En nuestro país hay muchas personas que creen que todos los rumanos son gitanos y que forman parte de algunos grupos organizados que se dedican a la mendicidad o al robo. Descartes decía que “muchas creencias se apoyan en el prejuicio y la tradición” Añadiría que también influye el desconocimiento y el desinterés social por conocer al que viene de un país lejano.

En marzo de 2009 apareció un interesante y completo informe sobre la inmigración rumana escrito por Ramón Tamames. Sus conclusiones coincidieron con el momento en que los rumanos se habían convertido en la primera colectividad foránea en España.

De los 702.000 personas rumanas, que constituían entonces el 17% del total de los extranjeros en nuestro país, 448.000 tenían trabajo, 99.100 estaban desempleados por los efectos de la crisis y sólo 154.900 inactivos (niños, amas de casa y ancianos).

La escolarización de los hijos de rumanos era prácticamente del cien por cien y eran los inmigrantes eurocomunitarios que más rápido aprendían español u otras lenguas oficiales del Estado y el grupo extranjero que más matrimonios mixtos había formalizado durante su estancia en España. Sólo 25.000 (un 3,5%,) de los rumanos que vivían en nuestro país era de etnia gitana.

Rumanía se está convirtiendo en una pequeña potencia cinematográfica al menos por la calidad de sus películas. En 2007 el director Christian Mungiu ganó la Palma de Oro del festival de Cannes por 4 meses, 3 semanas y 2 días. Este año han vuelto a dar el campanazo en el Festival de Berlín. “Child´s pose”, de Christian Mungiu, se alzó con el Oso de Oro.

El país también se ha convertido en el lugar elegido por muchos directores extranjeros para rodar sus películas. Anthony Minghella, Francis Ford Coppola, Sacha Baron Cohen, Peter Jackson han rodado algunas de sus películas en territorio rumano. Jackson utilizó las montañas Fagaras para algunas escenas de El Señor de los Anillos.

Caballos en la carretera Transfagarasan. Fotografía de Gervasio Sánchez

El dictador Ceaucescu hizo proyectos insensatos durante la mayor parte de su gobierno criminal. Destruyó una parte histórica de Bucarest, incluido el barrio judío, para construir un disparate de palacio descomunal e intentó convertir el delta del Danubio en una zona de explotación agrícola. Pero hay que admitir que la carretera Transfagarasan, que permite unir Valaquia y Transilvania por una ruta que supera en algunos de sus tramos los 2.000 metros de altura, fue una iniciativa productiva.

Recorrerla es uno de los mayores alicientes de un viaje a Rumanía, un país donde existen espectaculares rutas por carretera. Está cerrada durante entre octubre y mayo cuando la nieve y el hielo impiden el tránsito. Sí es bueno evitar los fines de semana de verano porque la carretera está atestada de coches cargados con familias completas que suben hasta el lago glaciar de Balea para pasar toda la jornada. No es raro encontrarse con caballos, rebaños de ovejas y ciervos cuando se inicia la subida hasta el lago, serpenteando por curvas muy cerradas.

Ciudades como Brasov, Sibiu y Timisoara están extraordinariamente conservadas. Sus centros urbanos han sido peatonalizados y las plazas, plazuelas y ramblas están repletas de cafés y restaurantes. La mezcla de edificios barrocos, renacentistas y góticos permite disfrutar de siglos de historia con solo callejear.

En Brasov hay un funicular que permite llegar a un bosque donde hay osos. En Rumanía habitan varios millares de osos negros y pardos, la mitad de todos los que viven en Europa. Los osos abandonan a veces su hábitat y se acerca al centro urbano en busca de comida. En los últimos años ha habido algunos ataques mortales contra personas que dormían en bancos o hacían excursiones por caminos boscosos cercanos a la ciudad.    

Algunos echan la culpa al crecimiento irresponsable de la ciudad. Los gestores no han protegido los lugares de cría e hibernación de los osos. Otras veces los turistas atacados intentaban  dar de comer a los animales o hacerles una foto. Algunos osos han muerto por culpa de la ingestión de plásticos o productos tóxicos abandonados por los humanos.

Quizá es Sibiu la ciudad más bella y conservada de Rumanía. En 2007 fue nombrada Capital Europea de la Cultura junto a Luxemburgo. Los responsables municipales y estatales hicieron un gran esfuerzo de restauración y peatonalizaron las tres plazas entrelazadas que presiden el centro urbano.

Escena en el casco urbano de Sibiu

La ciudad fue fundada por colonos sajones en el siglo XII. Hasta la Segunda Guerra Mundial era la ciudad más importante rumana habitada por la minoría alemana, pero hoy sólo quedan unos millares.

Timisoara es una ciudad multiétnica y confesional donde viven minorías húngaras, serbias y alemanas, lugar de nacimiento del nadador olímpico Johnny Weissmüller, más conocido por sus papeles como Tarzán en el cine. El corazón del centro urbano es una plaza muy original dominada por una iglesia católica y otra ortodoxa serbia, construidas en el mismo año de finales del siglo XVIII. Muy cerca se encuentra la Gran Sinagoga, edificada hace un siglo y medio justo después de que los judíos recibiesen el permiso para ejercer un oficio y comprar tierras bajo el imperio austrohúngaro.

El levantamiento popular que puso fin al régimen del tirano Ceaucescu empezó en Timisioara cuando la Securitate, la policía secreta, intentó detener y deportar a Laszlo Tokés, sacerdote de origen húngaro. La humilde iglesia reformista en la que el pastor denunciaba las barbaridades del régimen comunista está escondida en el interior de un edificio vulgar y no es fácil de encontrar. Tokés fue elegido como uno de los vicepresidentes del Parlamento europeo en 2010. En la Plaza de la Victoria hay un monumento en memoria de las víctimas mortales de la revolución que marcó el inicio de una época democrática en Rumanía.

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