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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

'Paradise': voto de confianza para Lana Del Rey

Vamos a darle un voto de confianza. Al menos, un servidor de ustedes. Las expectativas despertadas por Lana del Rey, a finales del pasado año, con básicamente tres canciones y sus correspondientes clips, 'Video Games', 'Blue Jeans' y 'Born To Die', saltaron por los aires con la edición –no contemos los dos intentos previos bajo el nombre de Lizzy Grant- de su álbum de debut, 'Born To Die': una sarta de nuevas canciones alineadas con el petardeo de las Gaga y compañía -culpa de los productores- rodeando las tres mencionadas canciones. Un fiasco que nos dejó tan gélidos como la voz marmórea y desganada de esta beldad de un pueblecito, Lake Placid, del estado de Nueva York, subida al pedestal de estrella en un suspiro (no se me borra su imagen, hace uno meses, en uno de esos pantallones de Times Square, anunciando una marca de teléfonos móviles, signo de su elevación a los altares de la fama).

Que hace poco haya aparecido de nuevo en el mercado el álbum de debut, pero acompañado de un cedé extra con ocho canciones nuevas y, ahora sí, en la línea esperada, suena a un urgente mea culpa, a un reconocimiento de que metió la pata, si no sus inflados morritos, en lugar inadecuado: en los pueriles arreglos que le construyeron los diversos productores que trabajaron en el disco para llevarla al terreno petardo y comercial de las Gaga, Spears y compañía (maldito dólar), cuando lo suyo era otra cosa de más calado y calidad.

Las ocho piezas, que también se han editado en disco independiente con el título genérico de 'Paradise', enlazan con las tres canciones de oro citadas anteriormente. Es decir, Lana ha vuelto al redil del pop orquestal, despojándose de los sincopados rítmicos de plástico para pistas de baile moñas y efeemes adolescentes. La neoyorkina domina magistralmente los registros agudos y graves, los combina de forma celestial, y eso vuelve a aparecer aquí de manera sobresaliente -'Yayo'-, desenvolviéndose con gran poder de seducción y cierto enigmatismo entre cuerdas, pianos y tibios subrayados de batería electrónica, cuando no orgánica, en el resto del disco. Algo así como la Madonna más dulce en cruce con la Dietrich. Es lo que esperábamos más de uno, y lo que debiera haber sido el álbum de debut.

'Ride' es la balada estelar y ecelesial del disco; 'American', la elevación solemne de su estilo, y 'Cola', la perversidad para el censor ("mi coño sabe a Pepsi Cola"), por no dejar atrás su especial y aterciopelada (of course) versión de la famosa 'Blue Velvet'. ¿Una petición de perdón a tiempo? Lo dirá el próximo álbum. Redención y esperanza. Personalmente, insisto, le doy mi voto de confianza. Este minidisco la pide. Y su hermosa y singular voz más aún. A ver si acierto. ¿Se lo das tú?

Aquí, en 'Ride', haciendo de chica mala con música ecelesial. Cada cual haga lo que le parezca con su vida pero las jodías armas se las podían tragar...

http://www.youtube.com/watch?v=hdPXd95IQeE

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