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Blog - Al Alba

por Mariano Gistaín

El gobierno táctil

Qué velocidad. Casi no da tiempo a actualizar. Eso es porque la realidad se está adaptando al medio, como quería McLuhan.

El medio es móvil, titilante. Y los gobiernos tratan de ponerse a rueda. Estamos ya en el gobierno táctil. Los decretos se anuncian por la radio y los ceses se envían por WhatsApp, que es más barato. Franco mandaba el motorista, ahora se adjunta un filtrado del FMI.

Pero el medio no se queda en los móviles o en la conexión perpetua: el medio de verdad son las máquinas de apuestas, el algoritmo enloquecido de las finanzas sin nombre.

Es ese magma subyacente (que guay) por el que circula el concepto ideal, el dinero que ya no vuelve a las pobres vidas físicas, al bolsillo, porque el caos binario es más adrenalínico, más veloz. Es el juego en el que se entra y no se sale.

La casta de chamanes económicos del neoliberalismo ha sido desbordada por los ordenadores. Sus preceptos ya no sirven para este mundo lisérgico. Para descifrar el corazón de la máquina hacen falta otras artes, otros expertos en disciplinas que aún no existen. Tal vez una combinación de física cuántica, ingeniería informática y biología molecular.

Para encontrar el origen de esta locura habría que remontarse al método de trabajo modular. Uno programa una parte, otro otra... luego se comunican entre sí y se crea el monstruo. Cada programa trata de ganar muy poco dinero en una milésima de segundo.

Falta un enfoque intuitivo, a bulto, humano, para entender la hecatombe. El esquema habitual tampoco sirve. Porque también esquiva el núcleo tecnológico. Los chamanes del antiliberalismo tampoco centran el prolema.

Nos estamos volviendo locos por los datos, pero ellos no se dejan acotolar. Queremos medir las visitas, el tiempo, las acciones... ¡los pensamientos!

Pero siempre falta algo. Otro dato.  (Hasta ni Google lo sabe).

Cuando en este barullo acelerado encontramos una (antigua) motivación humana, nos parece que hemos vuelto a casa, al mundo conocido de los sentimientos y las reacciones.

Ah, en ese momento hemos dado con un cliente y llega el Clic Prodigioso.

Pero es un espejismo. Hace tiempo que nos comportamos como esos algoritmos ignotos. Los hemos creado nosotros.

Gobierno táctil, digital, mareante. Ni siquiera el notario Rajoy, que leía el Marca sin pestañear (¡qué tiempos!) se puede sustraer al glamour del hiperespacio.

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