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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

Maestros del periodismo musical: Jordi Sierra y Diego A. Manrique

Una rara y a la vez, para mí, simpática y entrañable casualidad. El lunes pasado, en la web de El País, aparecía el anuncio de un 'chat' con Jordi Sierra i Fabra y Diego A. Manrique. Los dos juntos, bueno, uno encima de otro: arriba, Sierra, y debajo Manrique. No, no creo que el webmaster de El País hubiera actuado maquiavélicamente, utilizando un criterio jerárquico en la ubicación de los dos 'baners'. Pura casualidad, imagino. Pero todo un símbolo para quienes llevamos muchos años en este grato oficio de 'llenafolios' musicales. Allí estaba el alfa y el omega del periodismo musical de este país. Y no se me enfaden otros colegas, anteriores o posteriores, si los hubo o los hay actualmente.

Sierra se puede decir que, tras el periodismo para fans, lo cual no le resta méritos, de las revistas musicales de los sesenta –Discóbolo, Fans, Fonorama-, fue el gran periodista musical de los primeros setenta, el prescriptor que acercó y despertó el oído a la escasa legión de devoradores de música y de literatura musical que entonces pululábamos por el país. Sus páginas dobles en Disco-Express, y no digamos la primera historia del rock que se escribió en España, fueron bitácoras insustituibles en la mar oscura que era todavía la información rockera en este país.

Sí, ya sé, se olvidó de dedicarle espacio a Chuck Berry en su famosa enciclopedia del 72 y sus largas descripciones de los álbumes en el Disco-Express, vistas con perspectiva de hoy, podían ser farragosas, pero era lo único que había en este país de hambruna musical, y a ello se agarraba uno, como a un clavo ardiendo, para tratar de orientarse mínimamente en aquellas inabarcables aguas de nombres y géneros musicales. ¡Cuántos discos no me pude comprar por prescripción suya! ¡Cuántos artistas no descubrí y disfruté por culpa suya y el querido Disco-Express! Solo por esto, le estaré eternamente agradecido, le exonera, en mi caso, de sus errores, máxime en un tiempo tan precario para el periodismo musical como el de los primeros setenta, donde el acceso a la información y a los discos costaba un egg y el otro. Fue injusta la lapidación a que le sometió después la 'nueva hornada' que tomó las páginas del Disco-Express, ya a mediados de los setenta, aproximadamente.

En aquella 'nueva hornada' llegó Manrique, junto a Ordovás, el fantástico Antonio de Miguel y alguno más que ahora no recuerdo. Manrique trajo un nuevo concepto de periodismo musical: más pulido, más ingenioso, más refinado, más pulcro, más documentado… ¡Cuantos discos y grupos no me prescribió también, como lo hizo el inolvidable De Miguel, en aquellos agitados setenta! Era un placer leerlo (a Manrique) en el Disco-Express, luego en el Vibraciones y después en un montón de sitios más, El País, sobre todo, donde sigue impartiendo su docto magisterio, aunque también comete graves patinazos –verde como un garbanzo tierno en las lides blogueras, fue bochornoso el reciente aireamiento público de su masajeo con la ex de Spineta- y olvidos de lo que ocurre en el rock actual, por el que podría ser lapidado como él hizo con Sierra...

…Y lo sigue haciendo. Ya lo comenté en una ocasión en el blog, a propósito de su prólogo para el libro 'Rockin' Spain', donde exhumaba el viejo asunto de Sierra y su olvido de Chuck Berry…, pero, oh, no, otra vez, en el 'chat', no… Parece una obsesión o una artera artimaña para descalificar a un colega, que, a mi juicio no se lo merece, y, más aún, después de tantos años. Admiro a Manrique, le tengo un profundo respeto profesional, pero no concuerdo con algunas de sus actuaciones personales: ha ido demasiado lejos en su desprecio al trabajo de Sierra, mostrando una tronante falta de elegancia en su respuesta a un lector que, precisamente, había reparado, como yo, en la casualidad de aparecer juntitos, en el mismo día, en la web citada. “Yo no diría que Sierra i Fabra –respondía Manrique- hacía crítica musical. Hacía perversión musical, dirigiendo a su público hacia los discos más pedantes de los setenta. Su falta de cultura rockera era legendaria: publicó una popularísima enciclopedia donde estaban centenares de grupos británicos de tercera....pero no Chuck Berry. Años después, se disculpó: "es que en su discográfica no tenían una biografía de Chuck Berry". Amigo, en aquellos tiempos no había que esperar que las discográficas te resolvieran esos asuntos: te buscabas la información donde fuera. Al final, estuvo bien que Sierra i Fabra se pasara a la ficción. Aunque dejó una herencia bastante pesada, de racismo musical y de desprecio por las formas más genuinas del rock”.

Excesivo, Manrique. Lo que dice, en principio, no es cierto o muy subjetivo: ¿quiénes eran de tercera?, ¿pedantes los discos de Pink Floyd, Genesis, King Crimson, Mayall, Zappa…?, ¿racismo?, ¿escribió Sierra su famosa, apasionada e instructiva enciclopedia a base de gacetillas promocionales de las discográficas? Ni en broma. Y no creo que se pueda despachar así, tan subjetivamente e injuriosamente, el trabajo de un viejo colega, por mucha inquina ¿personal? que se le tenga. Yo, al menos, me he quedado muy triste al leer este exabrupto. En su momento, para mí, y cada cual con sus medios y posibilidades, con sus aciertos y sus errores, con su forma de escribir tan distinta, ambos fueron dos pioneros y dos maestros del periodismo musical de este país, un oficio más difícil y laborioso de lo que muchos puedan pensar, no reconocido ni académicamente ni socialmente, como para que encima se pisen la sábana.

Cuarenta años después, y no es amiguismo (a Sierra solo lo traté una vez en su casa, a Manrique, más), es de muy mal gusto comprobar cómo un maestro lapida a otro en la plaza pública de Internet. Sierra es hoy el escritor español que más libros vende –tiene escritos unos 400- y Manrique sigue destilando su excelente prosa musical y su sabiduría en El País, aunque no se haya ubicado todavía en el mundo blogger. Lo importante, a mi juicio, es que los dos hicieron un papel esencial en la España aún tiritona de información musical, como fue la de los setenta. Aunque le pese a Manrique, y cada cual a su manera, los dos nos enseñaron mucho. No entiendo su maniqueísmo ni su obsesiva persecución a Sierra. Chuck Berry no puede seguir siendo todavía motivo de discordia ni de gruesos exabruptos. Ambos debieran tomarse una cerveza juntos físicamente, no coincidiendo virtualmente en dos baners de una web.

Puedes leer los 'chats' de uno y otro pinchando en sus nombres:

Jordi Sierra i Fabra

Diego A. Manrique

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