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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

¿Es verdad que en Zaragoza hay más de cuatrocientos grupos musicales?

¿Es verdad que hay más de 400 grupos musicales y solistas en Zaragoza? Pues sí, completamente verdad. Los cuantifica y nomina Sergio Falces en su libro 'Guía de grupos de música de Zaragoza 2010-2011', editado por el ayuntamiento zaragozano, es decir, en un denso directorio de los grupos existentes en la ciudad entre el pasado año y el inicio de este 2011. Si se atiende al número de habitantes de la inmortal y a que el hecho musical en el solar patrio no es que sea equiparable a la legión de acólitos que arrastran otras actividades masivas, pongamos por caso, el fútbol, salir de marcha los fines de semana o ir a misa los domingos, una cifra más que abultada. Sergio, llevado de su pasión y de sus ganas por apoyar a los grupos locales, asegura que “el fenómeno musical zaragozano supone a día de hoy algo único en el planeta”. Exagera, claro, pero es cierto que resulta todo un estallido singular, probablemente irrepetible en cualquier otra ciudad española, salvadas Madrid y Barcelona, creo.

Más de cuatrocientos grupos y del más variado pelaje. Por aquello de facilitar la ubicación de cada cual, de mostrar el diente de todos ellos, con el fin de que el lector se haga una rápida composición de lugar, el autor los ha clasificado por géneros. Etiquetas si se quiere, tan denostadas ellas, tan complicadas de colocar, pero tan prácticas a la hora de informarse de inmediato y elegir, como cuando se mira la cartelera: ah, una de vaqueros, una de amores, un drama, una comedia, terror… Me interesa, no me interesa.

Alternativa, electrónica, folk, fusión, hard rock, metal, música negra, otras músicas, pop, pop-rock, rap, rock y versiones. Estas son las categorías. Muchas. Se ve que a orillas del Ebro cascabillean los más variados gustos, tendencias, paisajes y pelajes. Desde los ochenta ha sido así. Y, como entonces, los territorios más poblados son los del pop y el rock, pero no quedan muy a la zaga los metálicos, más de una cuarentena.

No solo no se rastrea que falte alguien notable sino que el listado descubre un mapa absolutamente desconocido en su totalidad a cualquiera que se asome a estas páginas. Grupos y nombres que uno, y seguramente hasta el mismo autor hasta que no dio por concluida su laboriosa labor de campo, jamás había oído. Decenas y decenas de grupos que se machacan a diario o semanalmente en un cutre local de ensayo, buscando la diversión, la notabilidad, el parné, la vanidad, la creación, la fiesta… o el sueño máximo de una rock star, que de todo habrá. Todos cuentan con grabaciones, bien físicas o virtuales, y han actuado en sitios diversos. O sea, se ha procedido, como comenta Sergio, a una criba. No se han tenido pues en cuenta aquellos grupos que no hubiesen tocado o grabado el año pasado o a principios de este. Obviamente, también se han descartado formaciones ya desaparecidas. Lo cual aún realza más la cifra.

El libro, según parece, responde a otro de esos delirios de grandeza del alcalde Belloch y su fiel escudero Jerónimo Blasco: la tumbada 'Zaragoza capital cultural 2016'. Ambos escriben a cuatro manos, en argot pianístico, el prólogo con tanta pasión y tanta devoción que se diría fuesen forofos del asunto, cosa, ya saben sus satánicas majestades, que es pura filfa. Pero alegra leer frases tan rimbombantes como “dibujar un futuro de creatividad que perfile a Zaragoza como centro musical de primer orden”. Lo que no se entiende es que, si como aseguran ambos mandamases, “tenemos los músicos, la creatividad y las ganas, y tenemos las infraestructuras necesarias, tenemos el deseo de ser mejores cada día, de soñar con un futuro mejor”, no se ponen manos a la obra de inmediato… Ah, ya, eso era para la foto protocolaria de la cita cultural de 2016. Una vez tumbada, silencio. Uhmmm.

Esto explica, por cierto, que las fichas de los grupos vengan en español e inglés, algo que si aun con la concesión de la capitalidad cultural tampoco hubiera servido de mucho -¿o alguien se imagina una larga ristra de vuelos charters London-Zaragoza para venir a catar este 'fenómeno planetario'?- ahora resulta totalmente desfasado. Queda la utilidad, al menos, de cuaderno de ejercicios de traducción básica, aunque al traductor se le escapen  graciosamente los giros del español: para él la expresión 'claro ejemplo de  Juan Palomo” se convierte en el idioma sajón en un 'grupo predecesor' del grupo recensado (Charlie Pain).

Consideraciones colaterales al margen, lo esencial es el listado, las fichas y el gran trabajo de campo, búsqueda y selección de Sergio Falces, que en materia de música actual aragonesa es desde hace años un primer espada indiscutible. Su libro – imprescindible, obligatorio, en las concejalías de Cultura de los pueblos zaragozanos- asombra por ello y, claro, por lo comentado al principio: por el sorprendente -¿o hay que decir estratosférico?- número de grupos que desvela pululando por la ciudad. ¿Tú esperabas tantos?

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