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Una casa construida con escombros

Mariano García 20/01/2011 a las 02:06
Casa1



Más zaragozanos curiosos, sorprendentes. Hoy le toca el turno a Pablo Arnaudas, el hombre que en abril de 1957 saltó a las páginas de HERALDO por haber construido dos casas con los escombros y material de derribo que encontraba en el Ebro. Hace mucho que no me paso por el barrio Jesús, donde me crié y viví una infancia mágica y feliz, y no sé si las casas se conservan o no, pero seguro que algún lector nos da más pistas de Pablo Arnaudas y su obra. Esto es lo que publicaba el periódico: 
Con enronas procedentes de derribos, cogidas en el río Ebro, un dependiente de cordelería zaragozano ha construido dos casas en el barrio de Jesús. Ríanse ustedes de todo lo que se ha dicho y se ha escrito de las hormiguitas...
Pablo Arnaudas Martínez, sacando del agua ahora un cascote, luego medio ladrillo, después un montoncito de arena o una baldosa rota, ha levantado dos casas de planta y piso en el transcurso de dos años, ayudado por un albañil amigo y por los chiquillos del barrio. Como el caso no deja de tener su mérito y también su gracia, nos entrevistamos con este hombre excepcional, prototipo de la paciencia, de la previsión, del ahorro y de muchas virtudes más, para que nos relate cómo ha llegado a realizar tan original proyecto.
Pablo Arnaudas es un zaragozano simpático y cordial, nacido en el "Gancho" hace 49 años, que desde la edad de once viene prestando sus servicios como dependiente de la cordelería de Vera en los porches de la plaza de Lanuza. Desde muy joven guardaba todas las propinas que le daban y toda su ilusión era poder un día construir una parcela para sus padres. De vez en cuando se le oía decir: "Ya tengo para otro madero". El espíritu ahorrativo había nacido en él.

Pablo está casado y tiene dos hijos de 17 y 21 años respectivamente. Hagamos un poco de historia. La familia Amaudas vivía en la fábrica del señor Vera -con quien les une parentesco- porque se habían quedado sin piso. Como allí se desenvolvían con alguna estrechez pensaron edificar una casa en un terreno que el padre de Pablo poseía junto al Ebro, próximo a las cuadras de Marcellán. En 1940, con el dinero que tenía ahorrado y con crédito, levantó, con ayuda de un amigo albañil y de los chicos del barrio, la casa que habita en la actualidad, la número 15 y 17 de la calle de Ariño, que tiene tres pisos, con derecha e izquierda, y que construyeron aprovechando los ratos libres y días festivos.
Y ya tenemos a Pablo Arnaudas en este barrio del otro lado del Puente del Pilar. Ahora viene lo bueno... Que sea él quien lo cuente.
-Cerca de mi casa -nos dice-, en la calle de San Juan de Luz, muy próxima al río, había dos terrenos que me apetecían y los compré, pero no podía edificar porque era mucho dinero y yo no lo tenía. Observé que los escombros y cascotes procedentes de los derribos de las calles de la Yedra y Verónica y también los del Banco de España, eran arrojados al Ebro por ese sector. Fue entonces cuando se me ocurrió aprovecharlos para hacer las dos casas. Y las hice.
-¿En cuánto tiempo hizo las dos casas?
-En dos años, a ratos perdidos. Tienen planta y piso y cada uno de ellos consta de 2 y 3 dormitorios, comedor, cocina, servicio, galería y, una de ellas, mirador en la fachada.
-¿Clase de material "recuperado"?
-Ladrillos rotos, arena, algún bloque de piedra... 


-¿Cómo sé organizó?
-Formé una brigada con los chicos del barrio, unos dieciocho o veinte, y los domingos me los llevaba al río. Pasamos mucho frío y mucho calor.
-¿Los días de más 'pesca'?
-Cuando menguaba el río. Como la enrona es pesada se va siempre al fondo.
-¿Salieron muchos ladrillos enteros?
-Pocos. Cuando salía uno entero le daba una gaseosa al chico que lo había cogido.
-¿Lo encontraron todo "a la puerta de casa"?
-Buscando material, hemos llegado en pontón hasta la desembocadura del Huerva y también hemos pasado a la orilla opuesta en varias ocasiones.
-¿Alguna "pesca" extraordinaria?
-Sí, y por casualidad. Un día, sin querer, escuché una conversación que llevaban dos hombres en el Puente del Pilar. Uno de ellos decía al otro: "Mañana te traes el carro que he visto muchos ladrillos juntos que arrastraba el río". A la mañana siguiente madrugamos para irnos a localizar los ladrillos y "pajarica al rey". Por cierto qué ese día había una gran nevada. Con la brigada de chavales, hicimos el montón en la orilla y allí los dejamos hasta el día siguiente, que los llevamos a la obra con un carretillo.
-¿Aparecieron los de la conversación del puente?
-Sí, pero nada tenían que hacer. Vieron el montón y se fueron. Cuando se hace montón, se respeta. 
-¿Qué ganaban los chicos con todo eso?
-Propinas. Los domingos era un espectáculo verlos después de la faena. Por la tarde, se ponían en fila, les daba la propina y corrían a gastársela a casa de "la Valeriana".
-¿Qué otros ayudantes tenía?
-El albañil José Camacho; Joaquín Gracia, que tiraba del carretillo, y Jesús Anglada, que ahora viven en estas casas.
-¿Algún accidente?
-No se ha gastado una sola venda. Algún golpe sin importancia y nada más.
-¿Las dos casas están construidas en su totalidad con materiales extraídos del Ebro?
-Hasta los cimientos, en cuanto a material de albañilería se refiere. ¡Qué lástima que no bajasen maderos!
-¿Celebraron la terminación de las obras?
-Cuando "echamos" el tejado compré una docena de "güetes" grandes. Nadie se atrevía a prenderles fuego pero, por fin, se decidió a hacerlo el albañil, Camacho. Todos nos apartamos tapándonos los oídos, creyendo que aquello nos iba a dejar sordos y... bueno, ¡la risa que nos dio! Los doce, al explotar, hicieron menos ruido que el maullido de un gato recién nacido. ¡Ah! después del trabajo hacíamos merendolas. Joaquín Gracia era el cocinero y nos preparaba migas, barbos, ensaladas...
-Los barbos los cogerían también del Ebro, claro...
-Desde luego.
-¿Y las lechugas...?
-No sea usted mal pensado. Esas eran de la tienda.
-¿En qué año se terminaron las obras?
-Las dos en 1950.
Pablo es un trabajador infatigable. Trabaja en su casa, después de salir de la cordelería de la plaza del Mercado y allí confecciona lonas, mochilas, alforjas, etc., trabajo que le proporcionan sus patronos. Tiene dos hijos, Alberto, de 17 años, y Esteban, de 21. Les ha comprado un torno y, cuando salen de sus respectivos talleres, trabajan en casa.
Esteban, además, pinta. Es otro caso. Es un autodidacta. Nadie le ha enseñado dibujo ni pintura y lo hace estupendamente. Ha tenido premios en exposiciones colectivas de Educación y Descanso. Tomen nota de esto: cuando Esteban fue a comprar pinturas para hacer su primer cuadro, las pidió así: "Déme todos los colores que hacen falta para pintar, un bodegón. Usted sabrá...".
Pablo nos invita en su casa a tomar una copa de licor. Es un "benedictinus" excelente.
-¿Les gusta? Lo ha hecho mi mujer -nos dice-.
Una familia, simpática y atenta, que son lo que se dice una "astralica de mano". 

Y mañana volvemos a la serie de las calles de Zaragoza. Y toca...
La calle que no tenía nada malo.




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