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El haya y el descubrimiento de la imprenta

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¡Eureka! Cuentan algunos guías turísticos alemanes que Gutenberg no hubiera inventado la imprenta de no haber contado con la ayuda del haya. Se dice que la inspiración le vino cuando talló una carta en madera de haya y decidió envolverla en un pedazo de papel para protegerla. Cuando volvió a descubrirla, comprobó que se había grabado el contenido de la inscripción en el papel: había nacido la imprenta.

El haya y la escritura han estado durante siglos unidas. Como alternativa al pergamino, era habitual hacer como Gutenber: coser varias tablillas de haya que habían sido previamente talladas, para conformar un libro. Por eso, en algunas lenguas las palabras 'letra' o 'libro' derivan del haya. En alemán, 'haya' es 'Buche' y 'libro' es 'Buch', mientras que 'letra' es 'Buchstabe'. En sueco 'bok' significa 'haya' y 'libro', mientras que el inglés 'book' deriva también del vocablo 'bok'.

El haya no solo ha alimentado el intelecto humano, también su estómago. Los brotes foliares y las hojas se utilizaban hace cientos de años para elaborar sopas. El follaje también entró en la dieta animal, mientras que sus semillas, conocidas como hayucos, se han utilizado para alimentar a los cerdos durante siglos, hasta la llegada de piensos artificiales.

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