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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

Los escenarios musicales durante los 30 años de fiestas democráticas

Pabellón Municipal 1980
Pabellón Municipal 1980

¿Puede imaginarse hoy, e incluso hace dos décadas, un concierto de jazz, blues o flamenco en medio de la bullanga verbenera de un pabellón de fiestas? Pues rotundamente, no. Sin embargo, fue realidad. Zaragoza tuvo unas fiestas más exigentes y elevadas de nivel musical en los años 80, signo de la diversidad de espacios musicales tan diversos inventados  en la ciudad. Basta con rebobinar la memoria o revisar la hemeroteca. Algunos seguro que los has pisado. Vamos a dar una vuelta por ellos.

El Pabellón Municipal de Festejos fue el centro medular de la música y la diversión durante muchos años. Se improvisó en 1980 en el antiguo cuartel Palafox (hoy cuartel de Bomberos), ya que, aprovechando el vaciado que trajo a la ciudad la llamada 'Operación Cuarteles', se levantó una gran carpa en el patio del mentado cuartel y alrededor de ella se montaron un buen número de chiringuitos, entre bares, casas regionales o asociaciones culturales y sociales. Aquel primer año fue relativamente tranquilo, pero posteriormente, año tras año, se ponía hasta arriba, con aglomeraciones y líos a mansalva en la puerta.

En 1986, se desplazó a la antigua Feria de Muestras, utilizando aquel año las mismas instalaciones de la recién desalojada Feria, Pabellón Francés por tanto incluido y garitos en las afueras. En el 87, o quizá en el 88, Rafael de Miguel lo 'decoró' con una colección de estatuas egipcia de cartón piedra que trajeron de algún parque temático valenciano y que sumieron al personal en el más absoluto flipe. ¿Qué hacían allí aquellas gigantescas momias del Nilo celebrando la fiesta maña? En el 91, pasó a La Chimenea hasta que en el 94, con la inauguración del Auditorio y la entrada en funcionamiento de la Multiusos, el Ayuntamiento –craso error- renunció a él, dejando todo el protagonismo musical a las peñas.

En realidad, las tres décadas de fiestas democráticas han sido un continuo remolino imaginativo, buscando e inventando recintos festivos. Con la Expo, hubo una gran oportunidad para solventar definitivamente la carencia de recintos y proyectar a su vera uno realmente consolidado y eso que llaman sostenible, que durase para años. Pero ni se tuvo en cuenta, por lo que la itinerancia y el erratismo seguirán per secula seculorum.

El primero en inventarse fue el de La Romareda. El campo de fútbol fue el primer recinto donde se instaló la música. Ocurrió el primer año de fiestas democráticas, 1979. Solo se utilizó la tribuna principal para el público, colocándose el escenario enfrente, en el césped, de manera que, como todavía existían vallas, daba una sensación de alejamiento tipo prismáticos. El Ayuntamiento nos hinchó de festivales latinoamericanos, cantautores, muestras de folklore y jazz. El rock tuvo sus más y sus menos. Burning, en 1980, fue el primer grupo del género en soltar sus canciones allí, seguido a continuación de Miguel Ríos. En 1981, en el que el escenario se pasó al espacio que actualmente ocupa la portería del llamado gol de la Feria de Muestras (el del actual Auditorio), se armó el cisco, con Manolo García, entonces en Los Rápidos, subido a la valla que separaba grada y césped, con un embudo puntiagudo en la cabeza provocando al personal, que no tardó en reaccionar, cuando subió al escenario Kevin Ayers: empezó a saltar la valla, la policía a echarlo atrás y el cisco montado. El concejal mismo tuvo que subir al escenario a pedir calma, pero eso sí, dejando libre acceso a pie de escenario. Como castigo, al año siguiente no hubo rock.

Luego se retomó y se fue ampliando el espacio a medio campo y después a campo entero. Se convirtió así en el núcleo musical esencial de las fiestas, en el lugar que las solemnizaba. Se consiguieron llenos espectaculares con Tina Turner, Mecano y Juan Luís Guerra. En el 92, Dire Straits hicieron allí su despedida mundial. Pero desde el 89, la apertura se redujo a un solo día y en el 95 se cerró definitivamente a los conciertos.

El paseo de la Independecia fue otro de los primeros espacios inventados para las músicas fiesteras y para cabreo –obvio- de sus vecinos. En 1979 se cerró por vez primera para que Fernado Brosed evocara los 'hits' de los sesenta, algo que devino en costumbre durante años el último día de fiestas con una gran verbena. A partir del 83, con la Orquesta Mondragón y la orquesta de rigor, se amplió la apertura a dos días, estirándose o encogiéndose en años sucesivos, según capricho o urgencias del edil de turno. Todavía sigue la metralla. Olé Olé, Héroes, Inmaculate Fools, Emilio Aragón     han sido algunos de los 'ilustres' que han convocado audiencias masivas y cabreos vecinales.

La plaza del Pilar fue –afortunadamente- lugar desinfectado de decibelios hasta que en el 91 le montaron un gran escenario a Bertín Osborne y a partir de ahí empezaron a llegar las atracciones más estrafalarias e inoportunas para tan solemne lugar, desde Marta Sánchez a Seguridada Social…. Antes, en el 85, Labordeta se apropió de su rinconcito junto al Gobierno Civil y, prácticamente, año tras año, fue fijo allí hasta que en el 91 decidió retirarse, justamente en aquel lugar. Era el tipo de actuación que cuadraba en la gran plaza, pero no las mamelucadas que durante años siguen 'prostituyendo' el sagrado recinto, que pide a gritos músicas y artistas de otro caletre bien distinto al que aportan rockeros y populacheros.

Como complemento al Pabellón Municipal de Festejos, la concejalía de Luís García Nieto se inventó una carpa en la calle Moret que ofreció actuaciones de todo tipo y que fue uno de los mejores aciertos en la búsqueda de espacios. Por allí pasaron desde Elliott Murphy a Memphis Slim y la gente del sello Creation, y allí se arremolinó la tercera edad en jornadas vespertinas dedicadas a la copla, el humor y el cabaré. Aún persiste pero con otra orientación menos musical.

En el 94, con la inauguración del Auditorio, entró en acción la sala Multiusos. Le cupo el honor de estrenarla a Las Novias junto a Spin Doctor en medio de un sonido infernal, fruto de una acústica de castigo y destierro para sus mentores y ejecutores. Algo más domesticada, sigue siendo la sede del FIZ.

Las peñas han sido gestoras de recintos variados hasta el punto de hacerse con el trono actual de las fiestas. Al principio camparon cada una por su cuenta y sin tan apenas eco, salvo El Braván, por ejemplo, que se instaló en un gran local de Arzobispo Apaolaza, cercano a la plaza del Emperador, y allí hubo oportunidad de ver, por ejemplo, a Ramoncín, Los Chunguitos o Rubi y Los Casinos. El paso subterráneo de Cesáreo Alierta lo convirtieron un año en recinto festivo al que se podía bajar en una especie de tobogán en el que lamentablemente murió una persona. También llegaron a instalarse en las viejas cocheras del tranvía, si la memoria no falla, donde hubo oportunidad de escuchar a la Pantoja y Eddie Grant. La Agrupación de Peñas se instaló durante varios años en el parque Torre Ramona, pero el lugar más perdurable e identificativo lo consiguió Interpeñas en el ferial de Miguel Servet. Tras la Expo, se desplazó al lugar actual, en la explanada de aparcamiento, donde con más espacio, este año se han colocado diversas carpas especializadas en música. Una buena idea.

Como buena fue la idea de dedicar durante varios años el patio del Museo Provincial a los cantautores aragoneses, la música tradicional y el teatro. Buena idea fue también la creación en 1990 de dos carpas nuevas: la de Pignatelli, dedicada esencialmente al pop-rock aragonés, aunque también la visitaron estrellas como Sleepy LaBeef o Rosendo, y la de Cesáreo Alierta, dedicada al público cuarentón-cincuentón, que no contaba con espacio específico en las fiestas. El éxito fue rotundo, como demostró la afluencia y la pugna por conseguir un asiento para ver viejas glorias como Los 3 Sudamericanos, Los Cinco Latinos, Los Panchos o Paco Ibáñez, y después bailar con una orquesta. Al año siguiente se añadió otra más, la de San Pedro Nolasco, en la que se produjo una de las actuaciones más recordadas por los más exigentes amantes del rock, la de Peter Hammill en acústico. Interesante fue también el escenario de las Murallas Romanas, que funcionó con intermitencia desde el 88 y que lo mismo acogió copla que pop-rock aragonés, flamenco, danza tailandesa, canción popular o 'saritisimo'.

Los Centros Culturales, especialmente el de Delicias, gestionado por la FABZ, se unieron también a la fiesta, en 1993, y curiosas fueron la incursiones fugaces de la plaza de Toros y del Pabellón de Deportes (Huevo). La primera abrió sus puertas una única vez, en 1982, para acoger a Wilco Johnson y el segundo lo hizo en dos ocasiones, 90 y 91, para acoger, entre otros, a Barricada, Rocío Jurado y Waterboys. El último recinto en incorporase a las fiestas ha sido el de Valdespartera. Lejano y con problemas de acceso (y de programación) aún no ha cuajado plenamente.

Seguro que has pisado alguno de estos escenarios y que incluso has escuchado grandes conciertos. ¿Cuál guardas mejor en tu memoria o te emocionó más? ¿O en cuál te divertiste de lo lindo? Yo, personalmente, disfruté mucho del Pabellón Municipal de Festejos en sus primeros años, el que aparece la foto arriba (tomada en 1980, justamente en su estreno).

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