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Tenemos un melón, solo nos falta el jamón

Sorpresa. Nuestro huerto urbano sigue prosperando y algunas especies que creíamos perdidas han resultado ser un éxito. Muchos se reían cuando dijimos que íbamos a plantar un melonar en la jardinera y nos insistieron en que es una especie que requiere de un gran espacio alrededor. Sin embargo, la naturaleza es sabia y la planta de melón ha sabido adaptarse al espacio disponible. Lanzó zarzillos y trepó por las ramas de una budelia cercana y así ha podido recibir un sol abundante.

Aún así, no le hicimos mucho caso ni nos preocupamos de podarlo cuando era debido. Para conseguir buenos melones de tamaño adecuado y gran sabor es importante cuidar bien la mata: hay que podar cuando la rama principal echa la cuarta hoja. A partir de ahí, la planta hace brotar un par de flores macho y otro tanto de hembras. Cada hortelano decide si luego sigue podando o bien prefiere dejar más ramas. Aunque parece complicado, no lo es tanto y es un método que se ha utilizado durante generaciones. Por eso nos extrañó que nuestro melón haya fructificado y que el proceso de maduración vaya viento en popa. Esperemos que la planta tenga suficientes recursos para engordarlo hasta el final. Y, ya por pedir, que brote un jamón de otra planta y tengamos el almuerzo completo.

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