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¡Benditos hibiscus!

l Agradecidos. Cuando aprieta el sol y el verano aragonés se vuelve casi insoportable, muchas flores despiertan y despliegan sus encantos. Los hibiscus son un buen ejemplo y en su variedad syriacus suponen la mejor inversión para el jardinero: aguantan el sol, la sequía, florecen hasta otoño y son muy fáciles de cuidar. La flor de la fotografía pertenece a un esqueje que tomamos del jardín de un amigo. Aprovechando que podaba su enorme hibiscus el pasado invierno, le pedimos algunas de las ramas. Al llegar a casa, tomamos los esquejes y con una navaja afilada pelamos pate de su base: se quita la madera y se deja  el cambium: parte del vegetal donde se encuentran los conductos que llevan el agua y los nutrientes por la planta.

La parte pelada se humedece en un poco de agua y a continuación se reboza en hormonas de enraizamiento. Cubierta ya de polvo, se coloca en una pequeña maceta cuya tierra ha de estar siempre húmeda. Durante varios meses, los esquejes solo eran meros palos, pero al llegar la primavera comenzaron a brotar hojas y con la entrada del verano los capullos se han ido abriendo mostrando las espectaculares flores.

Este es un ejemplo más de cómo la jardinería puede ser una afición muy barata y llena de momentos mágicos.

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