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¿Cuál era el pueblo más culto de Aragón en 1924?

Mariano García 16/06/2010 a las 01:10
jarque



Para que no digan que hago trampa, aquí tienen resuelta la adivinanza. El pueblo más culto de Aragón en 1924 era Jarque de la Val, en las Cuencas Mineras de Teruel, donde el maestro Nivardo Royo (¿se le ha hecho un homenaje, se recuerda de algún modo su figura?) logró que todo el pueblo supiera leer y escribir. Por ese motivo, muchos periódicos nacionales hablaron de Jarque de la Val en 1924. Se querían organizar homenajes, celebraciones... De los varios artículos que publicó HERALDO, reproduzco éste, del 29 de julio:
Con profunda alegría vemos que la opinión pública, la Prensa, las Corporaciones y las entidades societarias se aprestan a rendir homenaje a un pueblecito de la provincia de Teruel, a Jarque de la Val, y con ello a un maestro, a don Nivardo Royo Martín. Hemos dicho un pueblecito, pues por tal se tomaría según las estadísticas, dado que sus habitantes no pasan de 330; sin embargo, en el mundo pedagógico, en la esfera de la cultura, tenemos que darle el título de grande, y por más de un motivo.
Una saneada administración ha hecho que el pueblo no deba un céntimo, aunque no pueda tampoco saldar con superávit sus presupuestos y, sin embargo, la honradez y la piedad de sus habitantes produjeron el milagro de gastar 6.000 duros en 1911 en arreglar la torre de su única iglesia, y cuando los sueldos de los maestros eran más cortos de lo que son hoy, el pueblo compensaba la escasez oficial con una gratificación a los suyos, hecho que demuestra un gran interés por la enseñanza y el sentido de justicia para el Magisterio. Sus pastores leen las revistas cuando en las praderas apacentan sus rebaños, realizando el ideal de las églogas de nuestros clásicos; desde ha 30 años no se ha cometido un crimen en Jarque; sus habitantes no se embriagan y no blasfeman, y los viejos van a la escuela, a aprender a leer, escribir y contar, y sólo un quincuagenario que apenas lee, afirma que para Natividad habrá vencido sus dificultades en la escuela, que, dicho sea de paso, no es un modelo de higiene pedagógica y que reclama otra que haga honor a la ciencia y sea digna del pueblo.
Y ese pueblo quiere también luz eléctrica, un pantano, un reloj que remate la obra de la torre y una restauración de su grieteada y hermosa iglesia cuajada de tesoros artísticos... y no tiene todo esto por el gran esfuerzo del año once, pero quiere tenerlo y lo tendrá, pues si es cierto que se llega a tener todo lo que de verdad se quiere, eso que quiere tener lo tendrá Jarque de la Val. 

Algo creemos que vale lo que dicho queda del pueblo y algo será también lo que digamos de sus maestros.
Aunque la población sea de unos 330 habitantes, hay maestra y maestro en Jarque, cónyuges, por cierto. La maestra, doña Visitación Gómez, lo es del pueblo desde hace tres años. El maestro, D. Nivardo Royo, está en Jarque desde 1899; lleva 25 años en aquella escuela, toda su vida profesional, a excepción de unos meses de interinidad. Sus padres no contaban con recursos suficientes para costearle la carrera en la Normal de Teruel, pero se hizo maestro superior gracias a la protección de algunos corazones generosos; como premio le pagó el título la Diputación de Teruel; con D. Virgilio Hueso hizo los primeros ensayos en la enseñanza, como pasante y, en concepto de interino, regentó la primera escuela oficial, y como interino también obtuvo la de Jarque, donde al fin quedó en propiedad en 1900, con el sueldo anual de 500 pesetas.
Como vemos, fue de los hoy llamados maestros con derechos limitados; pero como hombre activo y pundonoroso, a la pesada labor de la escuela añadía el personal trabajo de prepararse para las oposiciones y en 1915 las hizo para quitar su nota de limitado e ingresar en el escalafón de la plenitud.
Que no desatendió la escuela para disponerse a luchar y triunfar en las oposiciones, lo dice el pueblo, los hechos y la recompensa que, como aumento voluntario, le otorgaba el Ayuntamiento; que supo vencer en la lid lo declara el número 10 obtenido entre 200 opositores, y es obvio que su voluntad y su sacrificio se impusieron, pues voluntad se requiere para lograr la mejora en su carrera, y sacrificio para costear los gastos de unas oposiciones con 2.000 reales de sueldo al año.
Querer es poder, dice un aforismo popular; querer es poder lo han evidenciado el pueblo de Jarque y su maestro. Pero este maestro de voluntad y de pundonor es modesto y vive en la realidad, conoce la escuela y conoce el mundo. La opinión le ofrece un homenaje y él lo rehusa; no se opone a que al pueblo se le enaltezca, que se le ponga como modelo de pueblos, pero quiere, ruega, pide que se prescinda de él, pues "no quiere actos ni homenajes que exciten la vanidad humana y ningún mérito pueden conceder".
Hoy que los homenajes están a la orden del día, y hasta las distinciones se preparan y organizan por iniciativa y dirección de los honrados con ellas, y los resultados se anotan en el haber del mérito personal y del prestigio social, aunque el mérito y el prestigio no sean valores verdaderos, vemos que un maestro virtuoso rehusa honores que no reclamara y los extraños, los desconocidos, le ofrecen, honores que no son de deudos ni de la clase, ni de quienes podrían medrar a su sombra o recoger una recompensa en soslayo.
Cantemos la virtud de un alma y veneremos en el fondo de nuestra conciencia el pensamiento del obrero laborioso e ilustrado, rindiéndole el culto de nuestros pensamientos al sordo latido de los corazones, pero proclamemos también el mérito, no por halagar la vanidad de quien la desconoce o la desprecia, sino para estímulo de los demás, para dechado de pueblos y para norte de personas.
La conciencia de la cultura popular en España no se ha enseñoreado de las masas sociales todas. En sus estatutos, en sus programas lo llevan algunas, pero de ello a haberse universalizado falta mucho que recorrer, y esfuerzos titánicos han de ser precisos para hacerlo entender a muchos avisados que ven demasiado poco aún. La cruzada por la enseñanza necesita muchos Bouillones y muchos Luises y muchos soldados que al grito de "la humanidad y la civilización lo quieren", se apresten a formar una nación de pueblos como Jarque de la Val y una legión de maestros como D. Nivardo Hoyo Martín.

Jarque de la Val ha reducido su población a un tercio de la que tenía en 1924, pero quizá alguien de allí lee el blog y nos puede informar a todos de cuándo cerró la escuela, y si el recuerdo de don Nivardo sigue vivo en la localidad.




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