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Blog - La voz de mi amo

por Matias Uribe

Hard-rock y heavy metal, no es lo mismo

Se llama José Luís Casado y ejerce en Telemadrid. Un modélico ejemplo de periodista musical televisivo. Todos los días, creo, presenta 'Nos queda la música', media hora de emisión que después, los fines de semana, repiten en un solo bloque, que llega a la comunidad madrileña y, a través del satélite, a medio mundo.

Hacía tiempo que no veía el programa por problemas técnicos, pero anoche volví a recuperar señal y de repente me encontré de nuevo con Casado. No me lo esperaba. Hacía tantos años que no le veía que imaginaba que el programa había desaparecido de la parrilla. Pues no. Lo que significa que igual lleva ya unos diez años en antena. Señal inequívoca de que interesa y está bien hecho.

José Luís, básicamente, lo que hace es trabar una serie de clips en torno a un tema o un artista y él le da hilo conductor con sus comentarios jugosos y amenos y al mismo tiempo rigurosos, llenos de sabiduría y pasión. Económicamente, el programa no debe costar más allá de cuatro chavos: el sueldo de José Luís y las licencias de emisión de los clips, que más de una será gratuita por aquello de la promoción. O sea, un ejemplo fantástico de lo que musicalmente se puede conseguir en televisión con ingenio y sin inversiones y decorados grandilocuentes.

Otra de las cualidades de Casado es el didactismo soterrado que le echa a sus presentaciones. Anoche estaba aplicado a repasar la trayectoria de AC/DC, y en un momento dado, antes de presentar un videoclip, comentó que en él Bon Scott y compañía explicaban 'el génesis' del hard-rock..., para a continuación hacer un breve inciso y aclarar: "hard-rock', ¿eh?, no heavy metal, ¿queda claro?", y siguió. Aclaración precisa, matemática, necesaria.

Porque desde muchos años atrás se vienen confundiendo ambos términos y no tienen nada que ver, o por lo menos no son iguales. El hard-rock, o rock duro, tiene su base en los sesenta, a raíz de los discos de Yardbirds, Kinks..., y explota en los setenta con Led Zeppelin, Black Sabbath, Deep Purple, Uriah Heep... El heavy metal, dice Andrés Rodríguez en su libro 'El ABC de la música moderna' (Alianza / 1999), es un subgénero del hard-rock que ha conseguido arrebatarle su primacía al estilo que lo vio nacer".

Tengo dudas sobre eso del subgénero, pero estoy plenamente de acuerdo en lo de la primacía. Lamentablemente. Porque llegados al extremo de apoderarse de primacías, los heavies se han apoderado de nombres sacrosantos del rock y del hard-rock de manera no ya ilegítima, que la música está hecha para quien quiera escucharla, pero sí creo, algo exclusivista o al menos impropia. Y así se da la paradoja, que, quizá por andar entretenidos con las nuevas olas, los románticos, los tecnos y la movida, las revistas metálicas, allá por los ochenta, empezaron a adueñarse e incluso a colocar en portada a gente como ¡Jethro Tull!, que de heavy y hasta de hard-rockero pues en fin...

Basta echar un vistazo al libro de Francisco Satué, 'Heavy metal' (Cátedra / 1992) para ver hasta donde llega la osadía de la apropiación: AC/DC, Aerosmith, Alice Cooper, Deep Purple... y hasta Cream y Jimi Hendrix están en el paquete de nombres esenciales del género. Nada más lejos. Entre los mentados y Judas Priest, Iron Maiden..., por no subir ya por los ramajes de Ánthrax o toda esa caterva de grupos con cantantes con las tripas revueltas (Slipknot y cía) hay diferencias, muchas diferencias, que no es cuestión ahora de enumerar, pero que cualquiera que conozca un poco el paño sabe distinguirlas. Luego, sabia aclaración la de José Luís Casado. Y envidia sana por el fichaje que tiene ahí Telemadrid.

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