Anuncios clasificados
Volver a Heraldo.es
Suscríbete Web del suscriptor

HISTORIA DE UN DISCURSO

Gervasio Sánchez Actualizada 04/04/2013 a las 17:50
SOFIA CON SU HIJA 2007

El 7 de mayo de 2008 recibí el Premio Ortega y Gasset de Fotografía e hice un discurso de apenas cuatro minutos. Después de nombrar a varios compañeros y amigos de El País a los que respeto como profesionales recordé a Martin Luther King, asesinado cuarenta años antes, a varias víctimas de las minas antipersonas que había conocido cuando eran niños y reflexioné sobre la venta de armas a países en guerra autorizadas por nuestros gobernantes desde el primer gobierno de la transición en los años setenta.

Concluí con las siguientes palabras: “Yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte”.

Sofia Elface Fumo, mutilada de ambas piernas por una mina antipersona, duerme al lado de su hija Alia. Foto de Gervasio Sánchez premiada con el Ortega y Gasset de 2008

El fin de mi discurso fue recibido por aplausos entusiastas y vítores y caras de circunstancias por gran parte de los ocupantes de los primeros bancos entre los que destacaba la vicepresidenta del gobierno, María Teresa Fernández de la Vega y media docena de ministras y ministros, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, el alcalde de la capital, Alberto Ruiz Gallardón, el presidente del Senado, ex ministros del Partido Popular e, incluso, del Partido Socialista de la época de Felipe González. Al día siguiente era el funeral de Estado del ex presidente del gobierno español, Leopoldo Calvo Sotelo, al que también incluí en la lista.

Los elogios empezaron nada más concluir el acto. Juan Luis Cebrían, consejero delegado del grupo Prisa, que me había tratado con gran respeto desde que nos encontramos horas antes, me felicitó por el discurso. Fernando Savater, miembro del jurado, me dijo que no recordaba un texto tan corto y contundente. A una portavoz socialista le pedí que cambiara su felicitación por una llamada a la mañana siguiente al presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero pidiéndole explicaciones. A un alto cargo de El País le recordé que el debate sobre el vergonzoso descontrol armamentístico de nuestro país era inexistente porque personas como él impedían su salida a la luz pública.

Muchas personas me pidieron que les mandase el texto leído y un par de días después hice un envío masivo. Los responsables de algunos portales de Internet, incluido el ya desaparecido soitu.com, me pidieron permiso para publicarlo.

Sokheurm Man, joven camboyano mutilado por un mina cuando era un niño de 13 años, junto a su mujer y su hijo Fotografía de Gervasio Sánchez

Y me olvidé del tema hasta que el 1 de enero de 2009, muchos meses después, recibí un pdf de casi un mega y medio con mi discurso completo, varias fotografías capturadas en Internet en baja resolución (algunas pixeladas) con un epílogo preocupante: “Este fotógrafo probablemente no volverá a ver premiado ningún trabajo suyo en España”.

En un texto preliminar también se decía que el discurso había sido censurado por la prensa convencional. En el mismo correo un amigo me preguntaba si era cierto que yo había escrito el discurso. Le dije lo que luego he ido repitiendo por activa y pasiva durante el último año y medio: “Escribí ese texto (que se puede consultar en las múltiples entradas en Internet), lo leí pero no tengo nada que ver con el pdf.” Ni siquiera hoy sé quién lo hizo aunque reconozco que tengo curiosidad por saberlo para agradecerle que convirtiese mi discurso en un asteroide que ha dado la vuelta al mundo y aclararle que no fue censurado. Y de paso bendecirle por haberse equivocado: “he seguido recibiendo premios (demasiados, creo yo) durante el último año.

Dos años después de aquel día me gustaría explicar la historia del discurso que empezó a las pocas horas de recibir la noticia de que una imagen del proyecto Vidas Minadas publicada en Heraldo de Aragón y el Magazine de La Vanguardia había sido premiado mientras estaba cubriendo la guerra en Irak. Aquella noche recordé que la entrega de los premios Ortega y Gasset era una ceremonia muy vistosa con alta representatividad institucional. Y empecé a darle vueltas al texto.

Adis Smajic, joven bosnio mutilado por una mina cuando era un niño de 13 años, junto a su mujer Nadia Fotografía de Gervasio Sánchez

Desde que la Asociación de la Prensa de Aragón me concediese en 1994 mi primer premio periodístico, siempre he aprovechado cualquier acto público o la inauguración de mis exposiciones para decir lo que pienso aunque fuese políticamente incorrecto. Creo que los periodistas tenemos que ser, como decía el viejo maestro Ryszard Kapucinski, “indeseables, inoportunos y certeros en nuestra impertinencia”.

Siempre. Independientemente de quien esté en el poder. Es intolerable que haya periodistas que investiguen las corruptelas de sus enemigos políticos y fenezcan ante las de sus amigos. Hay que utilizar la misma contundencia ante una trama mediática que afecta a un gran partido político o ante la injusticia cometida con un traductor iraquí (Flayeh al Mayali) al que los servicios secretos españoles golpean durante varios días, utilizan como chivo expiatorio y le cargan el San Benito de ser colaborador necesario en un acto terrorista que acaba con la vida de siete agentes en Irak (noviembre de 2003). Hay que custodiar la limpieza del sistema político todos los días. Hay que ser valientes todos los días. Lo contrario es hablar por hablar.

Mónica Paola Ojeda es una niña colombiana ciega por culpa de la explosión de una mina cuando tenía ocho años Fotografía de Gervasio Sanchez

El País se portó magistralmente con los premiados. Nos alojaron en el hotel Palace. Sus periodistas nos hicieron entrevistas muy corteses. Nos invitaron a comer en la sede del diario. Nos habían entregado un croquis con nuestra disposición en el salón de actos del Círculo. En él se podía leer los nombres de todas las personalidades. Me entristecí a no ver el del presidente del gobierno.

“Los premiados podrán dedicar un minuto a los agradecimientos”, se decía a modo de oración fúnebre. Minuto y agradecimiento formaron un tapón en la boca del estómago mareado por los excelentes caldos repartidos durante la comida. El cohíba lo guardé durante un año y se lo regalé a Manu Leguineche la noche de la entrega de 25º Premio Cirilo Rodriguez en Segovia en mayo de 2009.

Después de una visita a la redacción del diario (llevaba desde marzo de 2000 sin pisar aquel lugar) nos trasladaron al hotel para que nos preparásemos para la ceremonia final. En el camino les pregunté a los otros premiados si tenían preparados discursos. La periodista mexicana Sanjuana Martínez me dijo que sí y que lo iba a leer con total seguridad sin importarle si se pasaba del tiempo. A mí me mareaba recordar que mi discurso, que había cronometrado muchas veces, duraba cuatro minutos, un 400% más del tiempo indicado.

El ministro de Cultura de aquel tiempo, Cesar Antonio Molina me saludó muy cariñosamente. Javier Lanza, su jefe de gabinete, al que conozco desde hace 15 años, me lanzó con ironía: “¿Habrás preparado un discurso de los tuyos?”.

Pocos minutos antes de empezar el acto me acerqué a la presentadora Angels Barceló y le pregunté si podíamos dedicar más tiempo del previsto a nuestras alocuciones.. “Gervasio, habla el tiempo que consideres conveniente porque yo no te voy a cortar”, me contestó después de felicitarme y estamparme un par de besos en las mejillas.

Partes de una mina PMN2 Fotografía de Gervasio Sánchez

La entrega de los Premios empezó con la única ausente, la periodista y bloguera cubana Yaoni Sánchez, a la que las autoridades de su país prohibieron su salida de la isla. La escuchamos en una grabación televisiva durante unos minutos. La persona que le representaba y que recogió el premio en su lugar hizo un discurso soso y largo.

Después iba yo. El actual director de El País, Javier Moreno, me felicitó y me entregó la obra de Chillida. En el púlpito levanté los ojos unos segundos antes de ponerme las gafas y comencé a leer lentamente. “El cabrito leyó ese día mejor que nunca (aunque leer no es mi fuerte)”, dijo después una persona que me conoce muy bien y suele corregirme con energía.

Sin duda el mejor discurso de la noche lo hizo Sanjuana Martínez. Se lo pedí, me lo regaló y lo tengo encima de la mesa. Empezaba con palabras muy bellas que no rechinan cuando las pronuncia una periodista de verdad: “El periodismo es crítica, confrontación, enfrentamiento. Es denuncia, agente de cambio, catalizador. Lo demás es propaganda”.

El siguiente párrafo era igual de rotundo: “Cualquier persona puede negarse a participar en una mentira, pero el periodista no solo puede si no que debe derrotarla a base de información rigurosa”. Y continuaba: “México se ha convertido en el segundo país más peligroso para ejercer el periodismo después de Irak. Pero lo que sobra en mi país es el periodismo que obedece a intereses de grupos empresariales y políticos. El mayor peligro es perder la vida, el segundo es perder el trabajo”. Incluso se atrevió a criticar algunas prácticas empresariales y políticas del Grupo Prisa en América Latina aunque no lo nombró y, por ello, quizá pasó desapercibido.

Prótesis de bambú hecha por un artesano en Camboya Fotografía de Gervasio Sánchez

No hubo intención de censurar mi discurso como se dijo en el famoso Pdf. El País prepara las páginas con mucho tiempo ya que el acto coincide con el cierre de la primera edición. Ese día, además, se alargó aún más porque muchos invitados llegaron con retraso debido al gran atasco que provocó una manifestación en Cibeles convocada a la misma hora.

Otra cosa es si sería bueno reservar un espacio para incluir lo más destacable de la noche. CNN Plus realizó un reportaje de un par de minutos y lo acabó con mis palabras más contundentes. Igual hizo la SER. Los demás medios no hicieron mención al acto. En España cada grupo mediático alaba su entrega de premios y le interesa poco o, mejor dicho, nada las de sus competidores.

Mi discurso sirvió para que un joven traductor de 29 años llamado Rafael Lafuente Blanco (lo aseguró en la radio pública de Galicia unos días después) le hiciera al presidente del gobierno la pregunta más dura (26 de enero de 2009)  sobre la venta de armas españolas que se ha escuchado en el programa Tengo una pregunta para usted. Zapatero tuvo que mentir ante seis millones de televidentes para escurrir el bulto y evadirse de la pregunta del joven sobre las ventas a Israel .

Siento cierto vértigo al pensar que un discurso de cuatro minutos puede dar tanto de sí. Viajar a tantos lugares y dar tantas vueltas hasta marear las palabras. También siento cierta excitación al pensar que Internet puede utilizarse como un arma poderosa e influyente.




Pie
Enlaces recomendados

© HERALDO DE ARAGON EDITORA, S.L.U.
Teléfono 976 765 000 / - Pº. Independencia, 29, 50001 Zaragoza - CIF: B-99078099 - CIF: B99288763 - Inscrita en el Registro Mercantil de Zaragoza al Tomo 3796, Libro 0, Folio 177, Sección 8, Hoja Z-50564
Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual

Grupo Henneo